La selección rusa de escritores: un equipo de ensueño para el mundial

Escriben | Pablo Matilla y Roberto Bayot Cevallos


Selección rusa de escritores

Arriba, de izquierda a derecha: Chukovskaia, Pushkin, Chéjov, Turguéniev, Ajmátova y Gorki. Abajo: Gógol, Dostoyevski, Bulgákov, Shólojov y Tolstoi. Edición de Jesús Albarrán Ligero.

Durante las jornadas que se avecinan probablemente algunos de ustedes estarán encadenados a las pantallas de sus televisores siguiendo la suerte que vivirán sus selecciones favoritas, hasta que la fatalidad de la eliminación rompa el encanto o el triunfo final os traslade a los sueños de la infancia. Bastantes tendrán que enterarse a la fuerza de las incidencias por el ruido colindante, una radio o una ventana semiabierta de su computador mientras cumplen sus obligaciones cotidianas. Muchos mirarán de reojo las particularidades de los países lejanos participantes y elucubrarán sobre cómo sería vivir en ellos. Ciertos escucharán de boca de algún entusiasta amigo sus pronósticos y los resultados sin mucho interés a menos que sean contagiados por un fugaz rapto de optimismo. Varios serán hinchas ocasionales enfundados en los colores de la bandera de su nacionalidad o adoptarán una que les irá conquistando de a poco el corazón y les desgastará la voz. Otros, simplemente, tratarán de evadirse del bullicio con un buen libro, evocando a ratos la idiotez del resto.

A pocas horas que se inicie el mundial de fútbol en Rusia, hemos querido repensar la gigantesca tradición literaria de este país, trazada por una historia convulsa con repercusiones incalculables en la literatura, cultura y geopolítica mundial, pero en esta oportunidad fantaseando un poco, dándonos algunas libertades y preguntándonos ¿qué hubiese pasado si algunos de los grandes escritores que ha dado ese país en distintas épocas pudiesen componer un equipo de fútbol? El resultado está plasmado en el texto que tienen a su disposición más abajo.

Esta selección, si se quiere antojadiza y subjetiva, bien se la puede comparar con aquellos grandes colectivos recordados por el desbordante talento con que marcaron una época en la historia del fútbol siendo portadores de la estética más deslumbrante sin llegar a canalizarla en el resultado de una final: nos referimos al Brasil de 1950, Hungría en 1954 y Holanda en 1974, por citar algunos de los más recordados. No fueron campeones, pero unánimemente fueron los mejores sin copa, con diversos grados de vanguardia, tragedia nacional o trauma histórico insuperable.

¿Qué se puede decir acerca del seleccionador que encabeza esta lista? La respuesta está en la pasión como lector que plasmó entrañablemente en sus libros.

En este momento, cabe recordar aquellas palabras con las que Juan Villoro cierra su ensayo Los once de la tribu, el de mayor deguste para el aficionado de paladar futbolero: «Cuando los héroes numerados saltan a la cancha, lo que está en juego ya no es un deporte. Alineados en el círculo central, los elegidos saludan a su gente. Sólo entonces se comprende la fascinación atávica del fútbol. Son los nuestros. Los once de la tribu».

Sergio Pitol, el seleccionador: Este fogueado entrenador mexicano es el elegido para encabezar el cuerpo técnico ruso. Es considerado un verdadero trotamundos, entre los que destacan su breve paso por la Premier League, sus temporadas en el Calcio y la Liga española. Su amplia experiencia en competencias de Europa del Este como la yugoeslava, la checoeslovaca, la húngara y sobre todo la polaca y la misma rusa (algunas ya extintas). Su currículum, incluso, posee un exótico y fugaz paso por el campeonato chino, mucho antes de que se convirtiera en el destino predilecto de jugadores y técnicos atraídos por los millones de yuanes del ahora gigante global.

No obstante, Pitol es un soñador de este deporte y más con el desafío que ha aceptado de comandar a los rusos. Así lo prueba una frase de la que dejó testimonio hace algún tiempo: «En ningún lugar he soñado tanto como en Rusia. Los apuntes en mi época de agregado cultural así lo prueban. Despertaba en la noche y anotaba el bosquejo de un sueño, me subía en un coche y, aunque el trayecto durara sólo 10 minutos, soñaba algo, soñaba en la siesta, en una reunión aburrida, en una película, en cualquier parte, los sueños aparecían a granel».

Aunque hasta hace poco se rumoreó que podía asumir la tutela del combinado polaco por la enorme calidad de su plantilla (tuvo a sus órdenes a jugadores de la talla de Gombrowicz, Andrzejewsky o Brandys, entre otros) y por su coincidencia estética, finalmente fue el proyecto ruso el que más lo sedujo. Se cree que su profunda sensibilidad y amor por las lenguas eslavas facilitarán su adaptación. En este punto se torna fundamental el «diálogo» con los seleccionados, con los que ya en el pasado había establecido un estrecho vínculo en anteriores experiencias, gracias al cual Pitol comparte su humor más disparatado en las concentraciones; sus pupilos no sólo ven en él a un líder sino a un camarada.

Con su agudeza y sabiduría ha difundido buena parte de la tradición de Europa del Este, y en este caso puntual, al introducir y promover la rica tradición rusa en el paladar hispanoamericano. Sin lugar a dudas se trata de un adelantado en estos desafíos.

Otros miembros del cuerpo técnico:

Antón Makárenko, preparador físico: Posee una amplia experiencia en la organización de divisiones formativas con adolescentes, en ocasiones un poco descarriados. Su método ha trascendido las fronteras rusas, en el que combina su aprendizaje de los jóvenes, sus enseñanzas pedagógicas y una exigente preparación física.

Mijaíl Bajtín, asistente técnico: Gran conocedor de Rusia y el mundo a través de su biblioteca. Tras una dilatada trayectoria como entrenador a lo largo de la geografía rusa, ahora ha llegado a aportar todo su conocimiento al cuerpo técnico, al punto de convertirse en un insustituible para Pitol. Como anécdota, fue el que descubrió las características esenciales del aguerrido puntal de este equipo, Dostoyevski.

 

Los seleccionados por Pitol.

Alineación con la que se espera que el seleccionador Sergio Pitol haga saltar al campo de juego a la oncena rusa. Entre sus 23 elegidos ha priorizado escritores con labores de esfuerzo y resistencia en la defensa; marca férrea , gran despliegue y creatividad con el balón en el mediocampo y la magia de la sorpresa en el ataque.

Posibles titulares

12.- Portería: Chukovskaia. Por su resistencia, los porteros son solitarios, como el personaje de Sofia Petrovna. Siguiendo la larga tradición de los porteros solitarios y meditabundos, que podemos ver claramente en su obra Sofía Petrovna, Lidia Chukovskaia es la titular indiscutible bajo los palos de la selección rusa.

6.- Lateral derecho: Chéjov. Por su rapidez y desparpajo subiendo la banda. Maestro del pase de la muerte, llegar a la línea de fondo y asistir con precisión quirúrgica a sus compañeros en el corazón del área es su especialidad. Un verdadero lujo de inteligencia táctica y una pesadilla para los defensores contrarios.

21.- Central derecho: Gorki. El jefe de la defensa. Algo díscolo en su juventud, finalmente supo encontrar su lugar en el sistema y es uno de los fijos para Pitol.

13.- Central izquierdo: Shólojov. Es una mole, como la extensión de sus obras, ligero a pesar de su estatura, grácil como las abubillas de la estepa rusa, un insustituible. No tan celebrado fuera de las fronteras rusas como otros compañeros de selección, este mundial puede significar su consagración definitiva.

2.- Lateral izquierdo: Turguéniev. Su estilo de juego a la europea disgusta a algunos, de igual modo que fascina a los amantes del fútbol moderno y de toque. Ha sufrido disputas con algunos miembros importantes del equipo, pero los últimos partidos demuestran que estos problemas internos parecen definitivamente olvidados.

5.- Mediocentro defensivo: Dostoyevski. El que todo lo roba y, si no, te lleva por delante. «El Epiléptico», como le conocen cariñosamente sus compañeros, no deja escapar un balón. Tiene pegada y suele sorprender a la defensa contraria con sus endiabladas subidas al área. Seguro que nos regalará algún gran gol en esta competición. Es apasionadamente venerado por su inagotable entrega, al punto que muchos aficionados lo consideran el «alma» del equipo, o al menos el que más se acerca a ella.

8.- Mediapunta: Bulgákov. La sorpresa constante que siempre quiebra las defensas enemigas, su maestría con el balón, así como su visión para el desmarque sin caer en el fuera de juego lo convierten en uno de los jugadores más peligrosos de esta selección.

10.- Mediocentro creador: Tolstoi. La visión de juego total, los pases mágicos de Laudrup, la inteligencia de Xavi Hernández, un futbolista universal dotado para la guerra y la paz, el eje sobre el que todo gira en esta Rusia.

Pushkin

Aleksándr Pushkin, el fundador. Sin su figura, liderazgo y todo su legado sería inconcebible el equipo ruso. Pese a los años, su calidad se mantiene intacta cuando de ataques fulminantes se trata. Fuente. 

17.- Extrema izquierda: Anna Ajmátova. Recuerda en ocasiones al juego de Karim Benzema, parece que no está en el campo, pasa largos minutos sin participar, hasta que, cuando nadie lo espera, nos abruma con una genialidad, con un latigazo de fútbol absoluto. Ajmátova es como la presencia de Dios sobre el césped, un pase inverosímil que regala un gol, un cambio de ritmo que rompe ligamentos cruzados, un gol que gana campeonatos. Después, sin hacer ruido, vuelve a desaparecer, casi como la poesía misma. Ajmátova, señoras y señores, es mucho más que fútbol.

9.- Delantero centro: Aleksánder Pushkin. Con él empezó todo, el jugador que nunca falta en las alineaciones y en los pósteres de los aficionados rusos, en quien confían ciegamente para llevarlos al triunfo. Los cánticos corean su nombre, los estadios tiemblan bajo sus botas, el jugador que está dispuesto a dar su vida por la selección rusa. Sin él tal vez este equipo no existiera.

15.- Extremo derecho: Gógol. Ha perdido velocidad con los años, pero todavía dribla eléctricamente como si fuera un chavalito de potrero. Odiado por algunos jugadores contrarios por sus malabares y gestos de cara a la galería con el balón, tiene igualmente una legión de admiradores. Su idilio con las redes contrarias, en su instante de mayor clímax, ha hecho trastabillar con las dos sílabas de su apellido a más de un narrador deportivo en cualquier lengua.

Suplentes 

1.- Vladimir Nabokov: Apenas hizo las divisiones inferiores en su San Petersburgo natal, del cual emigró siendo un juvenil, como muchos otros talentos en el mundo, para probar suerte en el extranjero con pasos por la Bundesliga, la Liga francesa, la MLS y Superliga de Suiza. En Estados Unidos se consolidó como un portero de talla mundial, dando cátedra y continuando la tradición que lo precedía, al punto de convertirse en un ídolo de masas al que en algún momento la fama y la persecución de sus groupies (lolitas) le pasaron la cuenta.  Durante su trayectoria ha sido reconocido por su concentración y elegancia bajo los tres palos, lo que ha inspirado a otros en su misma posición. Sin embargo, en el último tiempo, dicen los especialistas, se ha visto mancillada por algunos errores infantiles en el juego aéreo, cuando desafortunadamente ha tenido unas erradas salidas en que terminó «cazando mariposas», razón por la cual se explica que haya perdido la titularidad.

3.- Vladimir Maiakovski: Perfectamente pudo ocupar un rol protagónico en esta competición, pero su exceso de optimismo en las nuevas generaciones le jugó en contra al liderar una fractura entre los jugadores más jóvenes y los más experimentados del camerino ruso, lo que a la larga ha terminado confinándolo al banquillo. Su audacia pudo haber provocado una verdadera hecatombe al interior del equipo al diezmarse su tradición que finalmente ha sido restituida por Pitol, sin excluir a Maiakovski del todo.

Los referentes del equipo ruso

El capitán Pushkin, Dostoyevski, Tolstói, Chéjov y Gógol constituyen la columna vertebral del equipo ruso por su experiencia. Este es el tercer ciclo en el que comparten camerino.

4.- Mijáil Lérmontov: Un eterno suplente del que siempre se ha esperado más, pero todavía no ha explotado todo su potencial. Destaca por su juego polifuncional, pudiendo desempeñarse como defensor, volante de marca o creativo, mediapunta, extremo izquierdo e incluso como guardameta. Un héroe de nuestro tiempo.

7.- Evgueni Zamiatin: En su juego completamente entregado al colectivo, a la «gran Máquina», se aprecia su voluntad de servir al equipo como un engranaje más. Es de esos jugadores que con su esfuerzo se agazapan en labores defensivas pero que de un momento a otro lideran un contraataque mortífero. Tras meses de confinamiento por las concentraciones, se anticipó a muchos al declarar ante la prensa en primera persona del plural con una curiosa lectura de su entorno: «Todas las mañanas, con la precisión de seis ruedas, nosotros, millones, nos levantamos como un solo hombre a la misma hora y al mismo minuto». La FIFA desestimó su extravagante petición de jugar con la camiseta Nº 503.

11.- Andrei Biely: Un verdadero vanguardista olvidado. Fue el creador de la legendaria «peterburguesa» con la que en un movimiento de caderas y un imperceptible regate hace desaparecer el balón, al punto que pareciese que el tiempo en la cabeza de sus contrincantes se detuviese al actuar con una lentitud exasperante frente a la velocidad de su ejecución. Tiene una pegada temida de fuera del área. Se espera que haga las pases con su principal rival por un puesto en el refresco de centro del campo: Aleksándr Blok.

14.- Aleksándr Solzhenitsyn: Sus constantes críticas contra la dirigencia y el sistema le costaron un aislamiento de años, que sólo se vieron subsanados tras su cuestionado fichaje desde el Siberia FC al campeonato estadounidense y su inmediato éxito internacional. Es un mediocampista valorado por su resistencia en condiciones extremas y su voluminosa productividad en esas circunstancias, posee una memoria táctica prodigiosa. Puede ser que lo veamos unos minutos durante el próximo mundial. Al igual que su compañero Zamiatin es amante de las cábalas, por lo que solicitó que su elástica lleve la numeración 854, bajo el argumento que con números de tres cifras es más fácil en medio de un partido llamar a sus compañeros en ruso. Todavía la FIFA no se ha pronunciado acerca de su petición.

16.- Iván Goncharov: Veterano defensa central, que puede jugar tanto por la izquierda como por la derecha. En él se condensa la pasividad y la acción, puesto que puede pasar de la una a la otra, sobre todo en el juego aéreo, a veces dejando pasar frente a sus ojos goles increíbles y en otras subiendo al área rival para castigar con un cabezazo letal. Pese a que los años no han pasado en vano su picardía se mantiene intacta.

18.- Marina Tsvetáieva: Incluirla en este listado es un acto de justicia. Ha tenido muy pocas oportunidades y ahora es el momento que el mundo la conozca. Cuando es requerida siempre cumple las expectativas al desplazarse en el césped con la naturalidad coreográfica y lírica de una balletista en escena, lo que desconcierta a los espectadores, ajenos a la música interna con la que esta mediocampista ejecuta sus movimientos con y sin balón.

19.- Boris Pasternak: Es el suplente habitual de Pushkin, al que se le ha dado pocos minutos pese a representar al centrodelantero portentoso y cazador. Tras una lesión ha regresado a la actividad un poco temeroso de resentirse de ella. Se cree que puede rendir a gran nivel si se le da mayor libertad de movimiento en el ataque ruso.

20.- Boris Pilniak: Uno de los favoritos de Pitol para entrar tras el descanso y con posibilidades de salir como titular. Normalmente su ingreso en el equipo llena de oxigeno y rebeldía la banda izquierda, muchas veces desnudando los puntos vulnerables y la cruel realidad de los contrincantes. Además, destaca por los distintos roles que puede desempeñar en el campo de juego amoldándose a las necesidades del entrenador en la que prioriza el sacrificio por el colectivo antes que el lucimiento personal. Cumple eficazmente tanto labores defensivas como de ataque. Su talento con la elástica roja ha sido postergado por varios años y ahora es el momento para conocer de qué es capaz.

21.- Leonid Andréiev: Mediocampista de corte, también puede jugar como mixto. Se le ha endosado la fama de «lagunero», ya que una de sus mayores falencias es la falta de motivación cuando el equipo va abajo en el marcador, todo lo contrario que cuando están arriba y dominan el juego, momento en que se muestra como un luchador. Sea como sea, Pitol ha decidido incluirlo entre los 23 elegidos.

22.- Iván Bunin: Ha estado mucho tiempo alejado de la madre Rusia. Se torna difícil verlo en acción en su posición habitual como lateral derecho. Pese a que en algún momento fue considerado como el mejor del mundo en su posición, ha envejecido y su energía y despliegue en el gramado no es el mismo de antes. Es probable que lo veamos como un testigo de lujo en el banco de suplentes de los acontecimientos en la cancha.

23.- Aleksándr Blok: A veces le juegan en contra sus reacciones lentas cuando tiene que salir jugando o hacer circular el balón. Es un encantado de la belleza y tiende a las distracciones que en instantes decisivos pueden ser perjudiciales para el equipo.

La gran ausente, Svetlana Aleksiévich
Se hubiera tratado de la única jugadora nacionalizada del equipo ruso (al haber nacido en Bielorrusia). Pese a su juventud ha obtenido los más altos reconocimientos por su desempeño, lo que la ha encumbrado a la élite mundial. Su estilo es producto de una larguísima tradición con la que innovó el mismísimo Dostoyevski y de la que ella es la heredera más aventajada.

Su sacrificio por el colectivo, dando voz a sus camaradas del banco de suplentes, al punto de camuflarse en la acción de un partido cuando le toca salir a la cancha, se extrañará en este mundial de escritores: ¡las defensas contrarias quedan estupefactas al ver rodar o flotar absurdamente el balón sin que nadie lo administre! (se rumorea que, a veces, incluso desaparece de las librerías).

En momentos críticos, con el marcador en contra, tal vez a Rusia le haga falta alguien con su coraje, paciencia y valentía. Su ausencia de la nómina, quizá obedezca a alguna broma estratégica en común con Pitol, según argumentan algunos teóricos conspirativos, ya que conociendo las características de ambos, no descartemos que en algún momento del campeonato nos veamos sorprendidos al presenciar cómo el cuarto árbitro señale un enigmático cambio de jugador/a sin que se mueva una brizna en el banquillo. En ese instante crucial del partido, el «mago» de Pitol nos estará sugiriendo cuál es su as bajo la manga

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