Blanca Varela y su búsqueda del origen

Blanca Varela (Lima, 1926 – ibídem, 2009) durante su infancia aprendió del silencio a escuchar las complejas entonaciones del mar, lo que a lo largo de su vida fue decisivo para desentrañar el profundo vínculo que se había establecido entre su imaginario y el origen de la vida en la tierra, lo que llegó a irrigar toda su obra poética. Con el tiempo esta fidelidad temática, ceñida por su hermetismo estético, ha sido considerada como una de las más consecuentes en la poesía en castellano del siglo XX.

Para esto fue decisiva su permanencia en París entre 1949 y 1959, una etapa de formación que le permitió entrar en contacto con las vanguardias y tendencias del pensamiento que se estaba produciendo durante aquellos años como fue el surrealismo y el existencialismo.  Posteriormente se trasladó a Washington e Ithaca hasta que se reinstaló en la capital peruana en 1963.

Es conocida la anécdota de que su primer libro Ese puerto existe (1959) fue bautizado por Octavio Paz, quien desestimó el título original Puerto Supe y sugirió el definitivo, al escuchar el argumento de Varela sobre los atractivos del balneario en aquella época desconocido. Poco después Paz editaría el poemario en México. Aquel lugar en el que pasó varias temporadas durante su infancia y juventud, desempeñó un papel decisivo en la construcción del imaginario poético de la autora, cruzado de inagotables imágenes y atmósferas donde el mar y el cielo se relacionan con casi todo, regenerándose con el paso del tiempo en metáforas, donde más allá de constituir un decorado se convierten en el vehículo con el que explorar un mundo interior coherente.

Adicionalmente publicó Luz de día (1963), Valses y otras confesiones (1972), Canto villano (1978), Ejercicios materiales (1993), El libro de barro (1993) y Concierto animal (1999). Además de numerosas antologías dedicadas a su obra. Se trataba de una autora que prefería contener al mínimo sus publicaciones, pese a trabajarlas mediante impulsos creativos espaciados en el tiempo, con lo cual conseguía a su manera la maduración de los resultados.

De todos los textos antes mencionados, El libro de barro es en el que confluyen las hebras abordadas en su obra anterior y cimenta lo que se considera su poética. Después de este libro se constituyó en una de las voces poéticas de mayor trascendencia en la poesía peruana, claramente representada por poetas varones tales como José Santos Chocano, César Vallejo, César Moro, Martín Adán, Emilio Adolfo Westphalen, Carlos Germán Belli o Antonio Cisneros.

El texto, de influjo surrealista, se constituye en una especie de viaje onírico, a través de la mirada fragmentaria de la poeta, con quien el lector se sumerge en una experiencia sensorial desafiante, al punto que no es exagerado recordar aquella carta de Arthur Rimbaud donde expresaba «que el poeta se hace vidente por un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos». En este caso puntual, Varela escribe anticipando sus intenciones en uno de sus versos del libro: «Palpar la imagen, escuchar la sangre. Oír su sagrado perfume». Pese a componerse de textos independientes, todos fluyen en una mismo discurso en forma de un solo poema largo.

Entre los fragmentos de su poesía en prosa no es difícil encontrar versos que entrañan imágenes desconcertantes, tales como una reivindicación de género «Pobre mujer de cabellos tristes que se quita la maldad a/ puñados y se lava mil veces y es ella misma la mancha/ indeleble en la hoja de cuchillo» (ENTRE); de una intimidad ambigua «Extrañeza de la propia mano, la que toco. La ajena mía. Eso/ existe. Zona inexplorada de la carne íntima. Otra tierra en la/ tierra. Eso en la soledad del cuerpo tendido bajo la noche» (EL); de evocación de paisajes distantes a una Lima rodeada por el desierto en que apenas llueve «Es envidiable el invierno de esas latitudes donde la nieve y/ el silencio se parecen a la sabiduría que nos seduce por/ su ausencia de sombra» (LLEVAR) o de una potente cotidianidad filtrada por su visión «En el aire, donde la razón y la locura se cruzan,hojas alucinantes de un árbol repentino que resuena comoun animal condenado a vivir hacia dentro» (AMADO).

Para Varela, su voz poética no hubiera sido la misma sin la influencia de dos compatriotas, José María Arguedas desde la narrativa y de Emilio Adolfo Westphalen desde la poesía. Del primero dijo «Su manera de vivir, de hablar, de ver el mundo, constituyeron la revelación de una verdad oscura, dolorosa e impronunciable con la que hemos nacido todos los peruanos, aunque pretendamos ignorarla» . Mientras que del segundo afirmó «El mundo, mi mundo se hizo mayor, más grande y respirable gracias a la lectura de su poesía».

Entre los galardones que recibió por su trayectoria constan el Premio de poesía Octavo Paz en 1991, el Premio Internacional de poesía García Lorca en 2006 y un año más tarde fue reconocida con el Premio Reina Sofía de Poesía Ibernoamericana, los dos últimos otorgados en la etapa final de su vida cuando las enfermedades le impedían escribir.

En la década del noventa incursionó en el servicio público, al aceptar el cargo de regidora en la Municipalidad de Barranco (colindante con Lima), lugar donde residió por décadas. Su participación no fue producto de una votación sino más bien por encargo del alcalde local.

Pocos días atrás se recordó la fecha de su fallecimiento, por lo que en Revista Aullido queremos invitar a la lectura de su poesía difundiendo 10 textos de su autoría, con un especial énfasis en su producción en la década del noventa, el más prolífico y de mayor madurez de la poeta limeña.

Para esta selección poética de Blanca Varela hemos tomado como referencia la edición de El libro de barro y otros poemas (2005), a cargo del Instituto Nacional de Cultura de Perú (INC). Cabe destacar que los poemas del libro en específico que da nombre a esta publicación no poseen título, solamente remarcan la primera palabra en mayúscula y negrita, por lo que hemos optado por titularlos con esa palabra y transcribirlos tal cual como aparecen en el texto original. Se aplicó el mismo procedimiento con el poema Incorpóreo del libro Concierto animal. No obstante, en el índice de la mencionada edición se los identifica con el primer verso.

el ratón te contempla extasiado
la araña no se atreve a descender ni un
milímetro más a la tierra
el café es un espectro azul sobre
.                                    la hornilla
dispuesto a desaparecer para siempre

oh sí querida mía
son las siete de la mañana
levántate muchacha
recoge tu pelo en la fotografía
descubre tu frente tu sonrisa
sonríe al lado del niño que se
.                                    te parece

oh sí lo haces como puedes
y eres idéntica a la felicidad
que jamás envejece
quédate quieta
allí en ese paraíso
al lado del niño que se te parece
son las siete de la mañana
es la hora perfecta para comenzar
a soñar

el café será eterno
y el sol eterno
si no te mueves
si no despiertas
si no volteas la página
en tu pequeña cocina
frente a mi ventana

De Canto villano (1972-1978)

. I
un alma sí un alma que anduvo por las ciudades
vestida de perro y de hombre
un alma de gaznápiro

pájaro errante que acostumbra anidar
a la intemperie a la hora precisa de
las catástrofes y de las grandes migraciones

pájaro de la urbe
pájaro de la cocina
escoria azul de la mañana que interrumpe
nuestras meditaciones nocturnas

un súbito un impensado un imperioso cacareo
de pajarraco solar encaramado en el árbol mañanero
que destila café instantáneo
y angustia
hiel áurea amarga conciencia ausencia
automática de dios inminencia de la mirada
. extraña y delimitadora
. orfandad amorosa

II
si yo encontrara un alma como la mía
eso no existe
pero sí la musiquilla dulzona y apocalíptica
anunciadora del contoneo atávico
sobre el hueco y el tembladeral

y la carne dormida
sobresaltada
mar perseguido mar aprisionado mar calzado
con botas de 7 leguas
7 colores 7 colores 7
cuerpo arco iris
cuerpo de 7 días y 7 noches
que son uno
camaleón blanco consumido en el fuego
de 7 lenguas capitales

mar settimana

cuerpo orilla de todo cuerpo

pentagrama de 7 notas exactas

repetidas constantes invariables

hasta la consumación del propio tiempo

ergo

1 detén la barca florida

2 hunde tu mano en la corriente

3 pregúntate a ti mismo

4 responde por los otros

5 muestra tu pecho

6 da de tu mar sediento

7 olvida

amén

III
pero sucede que llegó la primavera y decidimos echar
abajo techos y paredes sitio sitio para el cielo para
sus designios dormidos con los animales a campo raso
juntos el uno sobre el otro el uno en el otro.
soledad infinita del amor bajo toda luz.

y desperté a la mañana siguiente con la cabeza sobre mis
hombros ciega por sus ojos bianca alucinatta tutta.

a césar lo que le pertenece y al cielo la espalda sacudida
por el amor y el temor y el tedio y la esperanza, etc.
pasó a toda máquina la primavera pintando

la casa estaba intacta ordenada por sus fantasmas habituales.

el padre en el sitio del padre la madre en el sitio de la madre
y el caos bullendo en la blanca y rajada sopera familiar
hasta nuevo mandato.

IV
y sucedió también que
fatigados los comediantes
se retiraron hasta la muerte
y las carpas del circo se abatieron ante el viento
implacable
de la realidad cotidiana.
y si me preguntan diré que he olvidado todo
que jamás estuve allí
que no tengo patria ni recuerdos
ni tiempo disponible para el tiempo.

que a veces
me despierta una mirada
que ávidamente se traga la oscuridad
y que esos ojos azules son restos de alguna luz
restos de algún naufragio
signos del deseo
y de la agonía del deseo.

y que nosotros
los poetas los amnésicos los tristes
los sobrevivientes de la vida
no caemos tan fácilmente en la trampa
y que
pasado presente y futuro
son nuestro cuerpo
una cruz sin el éxtasis gratificante del calvario
y que no hay otra salida
sino la puerta de escape que nos entrega
a la enloquecedora jauría de nuestros sueños
nosotros o ellos
acertijo joker moneda perdida en el aire.
tibios temblorosos nonatos
sin estirpe ni prole
dispuestos siempre.

V
aquí un alto en la jornada al escoger una marcha militar
un sorbo de cualquier bebida gaseosa de preferencia
cerveza cualquier necesidad física al aire libre cigarrillos
abandono y goma de mascar.

VI
y cuando ya
en el piso del vértigo
como una tórtola de ojos dulces y rojos
empollas
meciéndote en el andamio que cruje
qué puede importarte.
nada te toca
ni la nube cargada de eléctrica primavera
que envidiabas no hace mucho
ni el recuerdo satinado obsesivo
del pecho que te hechizaba desde lejos
ni los pregones callejeros
de la putañera fortuna
que te invitaba a bailar
algunas noches de ronda.
harta de timo y de milagros
de ensayar el trapecio hasta la parálisis
de la iniciación de cada día
de haberte tragado el sapo con la sopa
el sapo de la náusea pura
y el sapo de la náusea práctica
et alors.
ya no te queda nada
de los dones de las hadas
sino tu hipo melancólico
y tu ombligo pequeño y negro
que todavía no se borra
centro del mundo centro del caos y de la eternidad
como las líneas de tu mano
por donde corren ríos inmemoriales
y cataratas de tus ojos al firmamento
como única urdimbre de la realidad
oro de lágrimas
y grima de oro
y tu lengua de mil traiciones
cerrada y dulcísima
como un dátil o una aceituna.
como en las coplas de los ciegos
hay un relente obcecado de eternidad y miseria.

VII
ayúdame mantra purísima
divinidad del esófago y el píloro.

si golpeas infinitas veces tu cabeza
contra lo imposible
eres el imposible
el otro lado
el que llega
el que parte
el que entiende lo indecible
el santo del desierto que se traga la lengua
el que vuelve a nacer forzando a la madre
de su madre
el nadador contra la corriente
el que asciende de mar a río
de río a cielo
de cielo a luz
de luz a nada.

De Canto villano (1972-1978)

LLEVAR la decrepitud como una flor. O como una corona.
Es envidiable el otoño, la segura y hermosa dignidad con
que se acuestan las hojas de los árboles sobre la tierra.

Es envidiable el invierno de esas latitudes donde la nieve y
el silencio se parecen a la sabiduría que nos seduce por
su ausencia de sombra.

De El libro de barro (1993-1994)

ENTRE otras cosas dios está allí, sentado a la diestra de sí
mismo. Confundida en el trébol su mano me salva de
las llamas.
Dios está allí porque lo creo a imagen y semejanza mía.
Pobre mujer de cabellos tristes que se quita la maldad a
puñados y se lava mil veces y es ella misma la mancha
indeleble en la hoja del cuchillo.

De El libro de barro (1993-1994)

AMADO objeto mío. Antiguo amado objeto mío, desdeñado
como pocos. En el aire, donde la razón y la locura se cruzan
hojas alucinantes de un árbol repentino que resuena como
un animal condenado a vivir hacia adentro.

Mil pupilas en lo oscuro, estrellas inventadas, borradas y
nuevamente encendidas en la noche más larga de un ser vivo
que gime.

El amor es la tierra más frágil. En el origen del silencio el sílex
castigado llora humanamente. Como un hombre. Como una
mujer llora.
Danza lo inerte, lo informe se ilumina, el vacío procrea.
Descansa el eco.

De El libro de barro (1993-1994)

SI esta línea viajara y se dilatara hasta
convertirse en puro aire.

Si pudiera encontrar la puerta más estrecha. Un esguince,
un guiño y reptar nuevamente sobre la arena. Súbita
simiente, pez rey de la pezuña incipiente, cristalina, sin
uñas, sin dientes, sin útero ni testículo. Sin agujero
donde incubar memorias de la especie. Transparente
tabernáculo abuelo de la entraña donde dormita el ojo
ciego del ser.

Ángel novísimo, incapaz de cerrar los ojos que la velocidad
ha desvelado. Cabellos al viento, aureola del vértigo.
Manos-hélices-alas, y la bajada al légamo de una playa
original y virgen.

De El libro de barro (1993-1994)

GOLPEASTE tres veces la campana vacía y nadie respondió.
El cerebro, la manzana, el corazón, eran la misma sombra
muda y secreta sobre el césped infinito donde el amor se
arrodilla a la espera del rayo que se curva, tajante, como
otro cielo.

Nostalgia de los ausentes, de los ángeles varios.
Ellos, despojados del tiempo, se convierten en alusiva
desnudez, en ausencia turbadora.

No es el reino de la voluntad o del deseo. Traducir el silencio
es pretender hacer música donde ya no existen ni la
garganta ni el oído humanos.

Traducir el silencio. Golpear tres veces la campana vacía.
Que mane el agua mínima, que el dios exista y colme con
mudo resplandor el antro imaginario.

Cordis. Corazón. Caverna húmeda, oscuridad azul.

De El libro de barro (1993-1994)

INCORPÓREO paseo del sol a lo umbrío
agua música en la sombra viviente
atravieso la afilada vagina
que me guía de la ceguera a la luz

bajo la alta cúpula sonora
en este colosal simulacro de nido
toco el vientre marino con mi vientre
registro minuciosamente mi cuerpo
hurgo mis sentimientos
estoy viva

De Concierto animal (1999)

quítate el sombrero
si lo tienes
quítate el pelo
que te abandona
quítate la piel
las tripas los ojos
y ponte un alma
si la encuentras

De El falso teclado (2000)

el poema es mi cuerpo
esto la poesía
la carne fatigada el sueño
el sol atravesando desiertos

los extremos del alma se tocan
y te recuerdo dickinson
precioso suave fantasma
errando tiempo y distancia

en la boca del otro habitas
caes al aire
eres el aire que golpea
con invisible sal mi frente

los extremos del alma se tocan
se cierran
se oyen girar la tierra
ese ruido sin luz
arena ciega
golpeándonos

así será
ojos que fueron boca que decía
manos que se abren y se cierran
vacías

distante en tu ventana
vez al viento pasar
te ves pasar el rostro en llamas
póstuma estrella de verano
y caes hecha pájaro hecha nieve
en la fuente en la tierra
en el olvido

y vuelves
con falso nombre de mujer
con tu ropa de invierno
con tu blanca ropa de invierno
enlutado

De El falso teclado (2000)

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