Una muestra poética de Alex Darío Rivera

Alex Darío Rivera

El poeta hondureño Alex Darío Rivera. Foto de Pascual Borzelli Iglesias.

 

Alex Darío Rivera (Santa Bárbara, 1975). Es un poeta hondureño. Catedrático de Ciencias Sociales del nivel medio y universitario. Magíster en Gestión del Talento Humano. Ha laborado en procesos de gestión y ejecución de programas y proyectos de desarrollo. Colaborador de diversos periódicos y revistas hondureñas e internacionales.

Ha publicado los poemarios Introspecciones extintas (2008), Desde los balcones (2012), Mortem (2017) –con ediciones en México y El Salvador–, La lluvia no llega (2021). Además del libro de microhistoria Sitramedhys, medio siglo de lucha (2015).

También es autor de los libros de cuentos De fugas y acechanzas (2012), Recuentos a media luz (2013), Hendiduras (2020), Fenomenología de los retazos (2023) y Manual apócrifo de oficios inútiles (2025).

Parte de su obra ha sido recogido en las recopilaciones colectivas Honduras, sendero en resistencia (2009), Antología del cuento hondureño Siglo 21 (2012), Poetas en los confines (2013), Kaya Awiska. Antología del cuento hondureño (2014), Tratado mesoamericano de libre poética: ecos náhuatl Honduras-México (2014), Letras sin fronteras II (2016), Despierta humanidad. Antología Poética Internacional Homenaje a Berta Cáceres (2017), El baile del dinosaurio. Antología de minificción hondureña (2021) y El principio del incendio. Antología Poética V Festival de los Confines (2021).

Sus poemas han aparecido en numerosas revistas digitales y físicas de Latinoamérica y Europa. Mientras que sus artículos han sido publicados en diversos periódicos con análisis político, económico y cultural, y traducidos parcialmente a otros idiomas.

A continuación, presentamos una muestra poética del poeta hondureño Alex Darío Rivera tomada de varios de sus libros publicados.


Pez de agua dulce

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Huyo de los caminos que me conducen a la mar.

Sigo el trazo de los vientos que huelen a río
y las sendas delineadas por las luciérnagas sobre la malva.

Siempre he preferido la locura del arroyo,
el bullicio de su corriente,
la dialéctica de las piedras,
lo espiroidal del jute,
el jolgorio de sus descensos,
lo suicida de sus saltos,
lo dulce de sus aguas,
pero, ante todo,
la coherencia de los peces
.             nadando contra la corriente.
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De Desde los balcones (Verbo Editores, 2012)

Digno... de desconfiar

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El viaje a Ítaca abandona los delirios del longevo,
las sirenas no intentan al sordo con su canto seducir,
las piedras no agreden al fruto verde,
ninguno prohíbe hablar al afónico, al mudo.

Al ave sin alas
nadie niega la posibilidad de vuelo,
al servil no se le castiga por su obediencia,
no se le ocultan las linternas al ciego,
el camino al desvalido,
el mar al cobarde,
el vino al abstemio
y la vida
al que no le teme a la muerte.

La libertad
no le teme al espíritu ilusorio de las fronteras.

¿Cuántos al ateo ruegan rezar a Dios?
¿Quién es capaz de solicitar simplicidad de vida a los marginados?
¿Quién le inhibe el sexo al eunuco?

Sin entender todo ello
y soslayando la modestia,
entonces:

¿Por qué siento la obligación
de andarme hoy con cuidado?
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De Desde los balcones (Verbo Editores, 2012)

Los esperpentos

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La multitud en la calle donde camino
alimenta esta sensación de soledad,
cada uno viaja solo,
tropezando con otros
en esta maraña de desconocidos
que viéndose de reojo
evitan las urgidas palabras de una mirada.

En los labios ocultan candados sin llaves,
maquillan sus párpados silencios sin suspiros,
en sus semblantes
mimetizan sollozos ausentes de promesas,
el corazón les tañe lejano a su pecho,
las venas hinchadas de plomo impiden su vuelo,
no su prisa, caminan, corren,
avanzan necios
al inevitable encuentro
con su segunda muerte.
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De Desde los balcones (Verbo Editores, 2012)

XIV

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El polvo sólo es un largo bostezo que perdió el delirio de acercarse al mar. Las zanjas eructan sopores y nublan las miradas que interpretan los caprichos de las nubes. Un viejo encino muere recostado en una cerca. Nadie logró ahuyentar la tristeza de los jardines.

Los pájaros la llaman, la lluvia no llega.
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De (Mortem (miCielo Ediciones, 2017)

XVI

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Todo irá bien; te repites, en voz baja. Algo en tus adentros duda de ello. Pero mañana el viento soplará hacia los bajíos arrastrando la frescura de los barrancos. Por la noche, jugarás a adivinar los recovecos donde iluminarán las luciérnagas. Mañana, otra vez mañana, aunque sea lunes. Te levantarás en puntillas para alentar el vuelo de las palomas, desgarrar la bruma sobre el cerro y escupir un puñado de las cenizas atrapadas en tu garganta. Mañana vivirás, te repites, en voz baja, aunque al otro lado del cerco, el alegre canto de un pájaro caiga herido de muerte.
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De (Mortem (miCielo Ediciones, 2017)

XXII

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Las aguas reivindican el viejo andar sobre los zanjones. El polvo solamente es un recuerdo terracota untado a los barrancos. La sequía persiste en el fósil corazón de una roca atrapada por la lluvia. El agua cincela la memoria colonial del calicanto; lima, desdeñosa, la persistente raigambre del estuco. Tiemblan dos gotas presumiendo ser estrellas en el universo de una telaraña. La bruma lame el paisaje. Una hoja de papel sueña ser barquito sorteando la corriente. El maíz moja sus pistilos y rememora la génesis –casi olvidada– del hombre. Los cercos de púas son cuerdas ejecutadas por las manos del viento. Los árboles, ebrios, tambaleantes, olvidan la profecía escatológica de la ceniza y el carbón. Se nublan cristales, espejos y miradas. La tormenta impone silencios.

Las aguas, reivindican su viejo andar en los indescifrables misterios, de lo que callamos.
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De (Mortem (miCielo Ediciones, 2017)

Tengo un viejo encendedor entre mis manos

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Tengo un viejo encendedor entre mis manos,
la piedra ha sido gastada por el tiempo
y la premura de otros fuegos,
es probable que el gas se vea diezmado,
los años hacen patente su andar,
y a lo mejor
hasta la chispa sea un tanto débil.
Pero tengamos algo de fe,
el creer debe estar intacto
y que la incertidumbre
no extinga
estas ansias de luz y calor,
acerque sus ramas secas
a estos restos de yesca,
le juro
todavía
podemos incendiar la noche.
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De La lluvia no llega (La Chifurnia, 2021)
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