«La araña» y otros cuatro poemas de Juan Manuel Inchauspe

Juan Manuel Inchauspe

Juan Manuel Inchauspe. Fuente.

 

Juan Manuel Inchauspe (Santa Fe, 1940—Ibid., 1991) vivió toda su vida en la ciudad argentina en la que nació, salvo un período de pocos años en que estudió Letras en la cercana Rosario, en la que además dio a conocer sus primeros poemas en 1965. A diferencia de otros, que no conciben su poesía sin las coordenadas dispersas del callejeo, inclusive de la experiencia del viaje; en Inchauspe aquellos desplazamientos más bien se limitaron a puntos específicos de su intimidad en los que enfocaba su mirada, donde lo doméstico adquiere una relevancia única bajo su lente detenido, detrás del que se revela una serie de hallazgos minúsculos, incluso insignificantes, si no hallamos la manera correcta de descifrar los códigos de estos raros artefactos que asoman a contraluz, pulidos de toda retórica. Por el contrario, si este camino esta allanado, obsérvense detenidamente, ya que pueden convertirse en una colección de perturbadoras revelaciones cotidianas.

De alguna forma, la poética que en su obra está patentada a punta de certeras pinceladas, se explica de la mejor manera a través de su propia voz: «La preocupación por lograr una sintaxis poética rigurosa, legítima, porque la poesía, como el cine, como la pintura, es un lenguaje propio en sí mismo, permite decir cosas que sólo de esa forma, en esa forma, pueden ser dichas; yo pienso que en la poesía la palabra tiende a desarrollar toda su capacidad y energía: en la poesía, el lenguaje es forma, gesto y color. De esta manera, el lenguaje permite registrar los cambios y expresar cosas que no pueden de otra manera, y permite hacerlo con absoluta libertad. Lo que yo pretendo con el poema es poder alcanzar ese estado inefable de libertad…».

Su obra publicada en vida apenas se compuso por dos libros: autor de Poemas 1964-1975 (1977) y Trabajo nocturno (1985). Después de su muerte se sumarían otras ediciones que recopilarían esos títulos y algunos poemas que formaban parte de su material inédito o publicado en revistas. También realizó traducciones para revistas desde el portugués de los poetas brasileros Manuel Bandeira y Carlos Drummond de Andrade.

Los poemas «Trabajo nocturno», «Los tuyos», «Pensamientos sueltos» y «Época» provienen del libro Trabajo nocturno (1985), editado por Cuadernos de Extensión Universitaria de la Universidad Nacional del Litoral en Santa Fe (Argentina). Mientras que el texto «La araña», pese a que forma parte del mismo volumen, consta dentro de una sección dedicada a sus «Poemas anteriores», lo que nos lleva a pensar que, probablemente, se trate de material disperso del autor publicado de forma aislada en diversas publicaciones. La misma UNL editó toda la obra de Juan Manuel Inchauspe bajó el título de Poesía completa (1994), al igual que casi un cuarto de siglo más tarde, cuando puso en circulación la edición más exhaustiva y actualizada que se conoce hasta ahora del poeta santafesino, Trabajo nocturno. Poemas completos (2018).


Trabajo nocturno

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Temprano
esta mañana
encontré en el patio de casa
el cuerpo de una enorme rata
inmóvil.
Moscas de las tornasoladas
zumbaban alrededor del cadáver
y se apretaban en los orificios de unas heridas
que había sido sin duda mortales.
Con bastante asco
la alcé con la pala y la enterré
en un rincón alejado
del jardín.

Al volverme
desde el matorral de hortensias florecidas
emergió mi gata dócil
desperezándose.
Su brillante pelaje estaba todavía
erizado por la electricidad de la noche.
Me miró
y después comenzó a seguirme
maullando suavemente
pidiéndome —como todas las mañanas—
su tazón de leche fresca
y pura.
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De Trabajo nocturno (1985)

Los tuyos

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Has llorado, en secreto, a los tuyos.
Lenta, inexorablemente, los has visto partir
alejarse para siempre.
Has sentido, en tu corazón,
el desprendimiento de una rama que cae.
Y luego has borrado
las huellas de esas lágrimas,
has contenido, en el límite infranqueable,
los bordes de tu propio dolor
y lo has devuelto a tu pobre vida,
a los días siguientes, a las horas,
para que permanezca allí.
Oculto
como una invisible y constante
cicatriz.
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De Trabajo nocturno (1985)

Pensamientos sueltos

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Lo que quiero decir
casi siempre me es escamoteado.
Lo que quiero decir, es decir
lo que nunca debiera torcer su dirección,
pero que siempre fatalmente
se tuerce y malogra.
Nunca tuve una buena relación
con las palabras y cuando ellas
me llegan ya casi no me sirven.
Sólo a veces vislumbro la felicidad
de lo que debió haber sido.
Es cuando me abandono, callado y destruido,
al flujo suave de la tarde
sin más intención que la de mirar
el lento movimiento de las nubes
y dejarlas hacer.

.                              Entonces percibo el rumor
sereno y silencioso.
Sentado en mi vieja reposera
miro el cielo vacío
y escucho lo que nunca escuché.
Pero lo escucho como su viniera de muy lejos
y no tuviera para mí
ni principio ni fin
y por eso mismo
nunca pudiera ser escamoteado.
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De Trabajo nocturno (1985)

Época

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Un prolongado ulular me despertó durante la noche.
Tuve una visión fugaz de luces rojas y amarillas, intermitentes.
Con los ojos recién abiertos en la oscuridad
escuché el sonido giratorio por las calles desiertas.
Instintivamente estiré mi mano por entre las varillas
y palpé el cuerpo de mi pequeño hijo:
suave, cálido,
pacificado como un animalito.

Él no sabe nada de estas cosas.
No sabe nada del sueño cortado
en la fría madrugada.
No tiene nunca tampoco por qué saber
cómo brotan del sueño estas visiones;
cómo giran, intermitentes, en la memoria,
y flotan con sus ojos de vidrio alrededor del corazón.
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De Trabajo nocturno (1985)

La araña

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La veo asomarse en el orificio de un tronco podrido.
¿Cuál es, exactamente, su mundo? No lo sé.
Quizás sea ese tenso cordaje
entre ramas y hojas,
sobre el cual pretende ahora avanzar.

Alrededor nada se mueve.
Pero ella debe haber escuchado un oscuro llamado:
¿Mide realmente
la distancia que la separa del centro?
¿O se siente poderosamente atraída
por ese vacío cargado de peligros?
Como nosotros, a veces, en medio de la oscuridad
y de las palabras,
ella, la araña, emerge de pronto hacia la luz
y se aquieta de golpe
atenta a todas las vibraciones
de la red.
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De Trabajo nocturno (1985)

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