Una muestra de «La danza salvaje», poemario inédito de Deira Salcie Almonte
Deira Salcie Almonte (Pedernales, 2007) es una poeta de República Dominicana. Actualmente cursa la carrera de Ingeniería Química, formación que complementa con diplomados en Apreciación Literaria. Comenzó a escribir narrativa a los 14 años en plataformas digitales, y a los 16 encontró en la poesía su lenguaje propio.
Su amor por la música permea en su escritura: ritmo, tensión y silencio no son recursos sino origen. La danza salvaje es su primer poemario, el cual mantiene inédito y tiene una extensión de 25 poemas.
Esta publicación está compuesta por una selección de textos La danza salvaje de Deira Almonte, poemario estructurado en tres movimientos que toman como punto de partida el hecho histórico de la Coreomanía de 1518 en Estrasburgo: la danza como fenómeno colectivo, su origen y su postludio. Lo que aquí se presenta es un fragmento de este arco.
Preludio
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Nota sobre nota.
Valles y colinas,
tensión,
reposo.
Tritono disonante
hunde el suelo.
Tu llegada muerde,
sol negro.
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De La danza salvaje (Inédito)
Invocación
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La espora fibrosa
se introduce en mis nervios.
Espiral.
La sangre me camina encima.
Comienza
el desgarramiento.
Comienza
y nadie detiene
lo que recorre la piel.
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De La danza salvaje (Inédito)
Coro I
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Bailamos
como nuestros muertos.
Bailamos
encima de sus huesos.
Ojo de carne
penumbra carmesí
que mancha el cielo.
Nuestro brazo te alcanza
hasta salirse de mí.
Rasga el tuétano.
Figuras de ruinas
que retornan
sobre tu sombra.
Hace tiempo
el olvido
llevó sus rostros.
Se danza
a la espera
de no tener cuerpo.
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De La danza salvaje (Inédito)
Coro II
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Bailamos
a medio cuerpo.
Bailamos
con nuestros huesos.
Sol gangrenado;
solo quedan las pezuñas
y aún así
corroes el hueso.
La campana de la iglesia
sonó a las seis
pero la muerte
no llegó a su cita.
Los objetos
bailan y repiten
desintegrados
sobre tu claridad.
Bailar
aunque ya no hay
ya no
no.
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De La danza salvaje (Inédito)
Fortissimo
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Ha acabado
la última gota del baile.
Se deshace la huella
en el nido de los restos.
Un paso más.
El rojo fluye.
Nos arrastra.
Huecos.
Absorbe mi saliva.
Arranca
la cordura del suelo.
Más rápido.
Más rápido.
Retuerce lo que
. soy.
El rebaño ha muerto
. sediento.
. Un paso más.
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De La danza salvaje (Inédito)
Canon
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El cuerpo de Ana
bailó hasta llegar al valle.
Un pulso desenfrenado
apareció anoche
y ella no pudo.
Descalza y hecha
una ceniza,
el latir de la música
que no fue.
El crujir de las vértebras
era su canción,
y el líquido
espesaba en
la corteza.
Ana murmuraba:
«el valle es mi madre
y me morderá
cuando necesite reprimenda»;
y fue Ana, y fueron muchos
y fueron cuerpos dorados
uno encima,
otro abajo
y bailaban algunos
y veían otros
los bordes de violencia.
La raíz siempre
enreda
engulle nuestras venas
está dentro.
Se hizo tarde.
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De La danza salvaje (Inédito)
Passacaglia
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Sol óseo,
endereza mis pies.
Que tus nubes
nos cambien de color.
Sol óseo,
endereza mis pies.
Estoy lleno de
espinas
y ruedan sobre mí.
Me lastiman.
Toca la melodía,
oh, siempre el sueño
que vela en la noche muerta.
Crece en sus llagas.
Mi sangre es
negra
y está condenada.
El mismo sepulcro.
El mismo ataúd
de mi hermano.
Sol óseo,
endereza mis pies
porque la figura opaca
se hizo
. espacio.
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De La danza salvaje (Inédito)
