Una breve muestra de «La casa en el árbol y otros poemas» de Kathleen Jamie

Traduce | Antonio Rivero Taravillo


Kathleen Jamie (1962) es una poeta y ensayista, actualmente es Makar de Escocia (poeta nacional de Escocia). Comenzó a escribir de adolescente, continuó haciéndolo como estudiante de Filosofía en la Universidad de Edimburgo y luego como profesora de Literatura creativa en la de Stirling, hasta su total dedicación a la escritura.

Con fuerza, precisión y acierto acoge como protagonistas de su creación literaria a la Naturaleza, que tan bien conoce en su tierra escocesa, y a los sentimientos humanos. Hasta ahora su obra poética era en inglés, pero poco a poco se ha ido acercando también a su lengua materna, el escocés.

Recientemente, se ha editado en castellano La casa en el árbol y otros poemas (2021), donde se incluye completo el poemario La casa en el árbol (2004), que obtuvo el Forward Poetry Prize y el Scottish Book of the Year Award, y parte de la antología poética Selected Poems (2018). En nuestro idioma, además, se ha publicado de Jamie el libro de relatos Campo visual (2012).

También la autora ha incursionado en la prosa con títulos tales como Among Muslims (2002) y la trilogía Findings (2005), Sightlines (2012), Surfacing (2019).

Los cinco poemas de Kathleen Jamie que ponemos a vuestra disposición provienen de la antología La casa en el árbol y otros poemas (2021), título publicado por La Fertilidad de la Tierra Ediciones en su colección Tierra de sueños, con traducción y prólogo de Antonio Rivero Taravillo.


PIPISTRELLES / MURCIÉLAGOS ENANOS

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In the centre of the sheep-field
a stand of Douglas firs
hold between them, tenderly,
a tall enclosure like a vase.
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How could we have missed it
before today – never have seen
this clear, translucent vessel
tinted like citrine?
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What we noticed were pipistrelles:
cinder-like, friable, flickering
the place hained by trees
till the air seemed to quicken
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and the bats were a single
edgy intelligence, testing their idea
for a new form
which unfolded and cohered
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before our eyes. The world’s
mind is such interstices;
cells charging with light of day –
is that what they were telling us?
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But they vanished, suddenly,
before we’d understood,
and the trees grew in a circle,
elegant and mute.
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En el centro del aprisco
una arboleda de abetos de Douglas
sostiene entre ellos, tiernamente,
un alto recinto como un jarrón.
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¿Cómo pudimos habérnoslo perdido
hasta hoy, nunca haber visto
este transparente, translúcido recipiente
teñido como de cuarzo?
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Lo que descubrimos eran murciélagos:
como carbonilla, desmenuzable, titilante
el lugar cercado por árboles
hasta que el aire pareció acelerarse
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y los quirópteros fueron una sola
nerviosa inteligencia, probando su idea
de una nueva forma
que se desplegó y adquirió coherencia
.
delante de nuestros ojos. El espíritu
del mundo es intersticios como este;
células que se recargan con la luz del día;
¿era eso lo que nos estaban diciendo?
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Pero se esfumaron, de repente,
antes de que comprendiéramos,
y los árboles crecieron en un círculo,
elegante y mudo.
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De La casa en el árbol y otros poemas (2021)

THE TREE HOUSE / LA CASA EN EL ÁRBOL

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Hands on a low limb, I braced,
swung my feet loose, hoisted higher,
heard the town clock toll, a car
breenge home from a club
as I stooped inside. Here
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I was unseeable. A bletted fruit
hung through tangled branches
just out of reach. Over house roofs:
sullen hills, the firth drained
down to sandbanks: the Reckit Lady, the Shair as Daith.
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I lay to sleep,
beside me neither man
nor child, but a lichened branch
wound through the wooden chamber,
pulling it close; a complicity
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like our own, when arm in arm
on the city street, we bemoan
our families, our difficult
chthonic anchorage
in the apple-sweetened earth,
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without whom we might have lived
the long ebb of our mid-decades
alone in sheds and attic rooms,
awake in the moonlit souterrains
of our own minds; without whom
.
we might have lived
a hundred other lives,
like taxis strangers hail and hire,
that turn abruptly on the gleaming setts
and head for elsewhere.
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Suppose just for the hell of it
we flagged one – what direction would we give?
Would we still be driven here,
our small-town Ithacas, our settlements
hitched tight beside the river
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where we’re best played out
in gardens of dockens
and lady’s mantle, kids’ bikes
stranded on the grass;
where we’ve knocked together
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of planks and packing chests
a dwelling of sorts; a gall
we’ve asked the tree to carry
of its own dead, and every spring
to drape in leaf and blossom, like a pall.
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Con las manos en una rama baja, me agarré,
balanceé mis pies sueltos, me icé más más arriba,
oí repicar el reloj del pueblo, un coche
volvía a la carrera de una discoteca
cuando me encorvé al entrar. Aquí
.
nadie me podía ver. Un fruto raro
colgado del follaje enmarañado
inalcanzable. Sobre tejados de casas:
colinas taciturnas, el estuario
que desagua en arenales: la Reckit Lady, la Shair as Daith.
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Me echo a dormir,
ningún hombre a mi lado
ni niño, sino una rama con liquen
enredada en la alcoba de madera,
que se me aprieta; una complicidad
.
como la nuestra, cuando cogidos del brazo
en la calle de la ciudad, nos quejamos
de nuestras familias, nuestro difícil
anclaje ctónico
en la tierra que aroman las manzanas,
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sin las cuales podríamos haber vivido
el largo declinar de nuestra edad madura
solos en cobertizos y en áticos,
despiertos en subterráneos de nuestras mentes
que la luna ilumina; sin las cuales
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podríamos haber vivido
un centenar de otras vidas,
como taxis que paran extraños y se montan en ellos,
que giran de forma abrupta en el adoquinado resplandeciente
y se dirigen a otro lugar.
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Imagina que, porque sí, hiciéramos
la señal a uno – ¿qué dirección daríamos?
Pues nos traería aquí,
nuestras Ítacas pueblerinas, nuestros asentamientos
que se agolpan junto al río
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donde mejor nos desarrollamos
en jardines de acedera
y pie de león, bicis de niños
abandonadas sobre el césped;
donde hemos ensamblado
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con tablones y cajas de embalaje
una especie de habitáculo; qué descaro
haber pedido al árbol que cargue
a sus propios muertos, y cada primavera
se adorne con flores y con hojas, como un féretro.
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De La casa en el árbol y otros poemas (2021)

FROM HIGHWAY KARAKORAM / DESDE LA CARRETERA DE KARAKORAM

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                           .4
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At the sharp end of the gorge;
the bridge. Like a single written word
on vast and rumpled parchment. Bridge.
The statement of man in landscape.
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And how they guard it.
Drifts of people in either bank
like brackets, knowing it can crash
to the river in a mangled scribble
and be erased.
They write it up again, single syllable
of construction
shouted over the canyon.
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                           .5
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And all the driver wants is eye-drops
before he straightens up the bus, commits us.
At least malevolence concedes your existence;
worse is indifference, power and indifference.
The river brawls beneath us, self-obsessed,
narcissistic. Wheels turn, turn again, full weight.
The bridge starts to undulate and we’re hanging
out of windows half-roads over the Indus,
grinning at each other, impotent, enlightened.
The world grew tight.
It must have been about then we first saw the mountains.
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                           .6
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Emotion is human, the foothills brown,
the valley floor very low. We haven’t slept.
Our thoughts are slow and wide.
The mind can turn its own death in its hand,
chat blythly about mountains, until
the last moment, that appalling rise that ends
in total unemotional blue.
First sight of the summits, distant
and almost transparent, like glass.
Call it distance, not menace. White, not frightening:
emotion is human, is returned to the human
along with your life. A slight
clash of terror, you lower your eyes.
The sun reflected from glass,
more fearsome than glass in itself.
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                           .7
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It’s earthly and brown, deep inside canyons.
Stones at the roadside:
‘Here rock fell on men’, ‘men fell to the river’
and the river and rock were unmoved
being river and rock.
He takes it fast.
Some nameless white mountain
has closed off the end of the canyon.
The walls grow taller, the river hysterical.
He brakes, hauls the wheel. No talking.
No colour but brown –
except in the mind. It’s been many hours.
Fear passes out into long passive blue,
a slight smile – there is nothing at all we can do.
And the sky widens, the canyon gives out
to a strange sort of kingdom
and the first hanging village swings in.
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                           .8
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The year’s greening crop spilled
down dull unaltering rock like the tail
of a bird. We can recognise this:
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that crops yellow, get cut,
turn in on themselves over winter, head under wing,
and begin to feel like ourselves again.
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Suspended villages, terraces
layered wide in the movement of scythes,
the unthreatening gesture of sowing
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                           .9
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Maybe this is as close as we’ll get to the mountains.
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Squatting on the steps of the K2 Motel
another wretched K2 cigarette.
No great altitude. Clouds sit like headaches
on the walls of this desolate vast arena,
gather round like the Skardu men
with chapati-hats, their clothes
come through dust-storms down the bazaar.
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Someone’s cooking. The bus has turned back.
Silence and space fall strangely on us all;
leaned against walls with the gear.
Some look at the finances, some at a half-baked
patch of grass, waiting for food
and the day after tomorrow.
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Some just look at the hills, keep looking,
tapping plastic spoons onto plastic plates.
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                           .4
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En el pronunciado filo del desfiladero,
el puente. Como una sola palabra escrita
en un vasto y arrugado pergamino. Un puente.
La afirmación del hombre en el paisaje.
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Y cómo lo guardan.
Gente amontonada en cada ladera
como paréntesis, sabiendo que se puede derrumbar
sobre el río con un dificultoso garabato
y borrarse.
Lo vuelven a escribir, una sola sílaba
su construcción
gritada sobre el barranco.
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                           .5
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Y lo único que el conductor quiere es colirio
antes de limpiar y dejar listo el autobús, nos confiesa.
Al menos la malevolencia te concede existir;
peor es la indiferencia, el poder, la indiferencia.
El río pelea bajo nosotros, obsesionado consigo mismo,
narcisista. Las ruedas giran, vuelven a girar, con todo el peso.
El puente comienza a ondular y colgamos
por las ventanillas a medio camino sobre el Indus,
sonriendo, como si no pasara nada, unos a otros, impotentes, iluminados.
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El mundo se ha tensado.
Debió de ser más o menos entonces cuando vimos por primera vez las montañas.
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                           .6
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La emoción es humana, las faldas de las colinas marrones,
la superficie del valle muy baja. No hemos dormido.
Nuestros pensamientos son lentos y diversos.
La mente puede hacer girar su propia muerte en la mano,
charlar despreocupadamente sobre los montes, hasta
el último momento, esa terrible elevación que acaba
en un total azul impávido.
La primera visión de las cumbres, remotas
y casi transparentes, como cristal.
Digamos que es distancia, no amenaza. Blanca, no atemorizadora:
la emoción es humana, se le devuelve al humano
junto con tu vida. Un leve
choque de terror, bajas la mirada.
El sol que el cristal refleja,
más temible que el cristal en sí mismo.
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                           .7
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Es terrenal y parda la hondura de los cañones.
Piedras en la cuneta:
«Aquí roca caer en hombres», «hombres caer al río»,
y el río y la roca se quedaron sin mover
al ser río y roca.
Va deprisa.
Alguna montaña blanca sin nombre
ha taponado el final del desfiladero.
Las paredes se vuelven más altas, histérico el río.
Frena, tira del volante. Se calla.
No hay más color que ese pardo –
salvo en la mente. Han sido muchas horas.
El miedo se desmaya en un largo y pasivo azul,
una leve sonrisa –no hay nada que podamos hacer.
Y el cielo se ensancha, el cañón cede paso
a una extraña clase de reino
y la primera aldea colgante se columpia hacia nosotros.
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                           .8
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La cosecha verdecida del año se derramaba
por roca inalterable y mate como la cola
de un pájaro. Sabemos reconocer esto:
.
que las cosechas amarillean, son segadas,
se repliegan hacia sí mismas en invierno, la cabeza bajo el ala,
y empiezan de nuevo a sentir como nosotros.
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Aldeas suspendidas, terrazas
aplanadas en el movimiento de las hoces,
el gesto no amenazador de la siembra.
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                           .9
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Tal vez esto sea lo más cerca que vayamos a estar de las montañas.
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En cuclillas en los escalones del Motel K2
otro miserable cigarrillo K2.
No es una gran altitud. Las nubes se sientan como jaquecas
en los muros de este desolado y vasto estadio,
se congregan como los hombres de Skardu
con sombreros de chapata, sus ropas
bajan del bazar a través de tormentas de arena.
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Alguien cocina. El autobús se ha dado la vuelta.
El silencio y el espacio caen extrañamente sobre nosotros,
apoyados en las paredes con la equipación.
Algunos miran las finanzas, otros una zona
de hierba casi asada, esperando la comida
y pasado mañana.
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Algunos solo miran los picos, se quedan mirando,
dando golpecitos con cucharas de plástico en platos de plástico.
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De La casa en el árbol y otros poemas (2021)

MATERIALS / MATERIALES

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                                                                                                          .For C.M.
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See when it all unravels – the entire project
reduced to threads of moss fleeing a nor’wester;
d’you ever imagine chasing just one strand, letting it lead you
to an unsung cleft in a rock, a place you could take to,
dig yourself in – but what are the chances of that? Of the birds,
.
few remain all winter; half a dozen waders
mediate between sea and shore, that space confirmed
– don’t laugh – by your own work. Waves boom, off-white
spume-souls twirl out of geos, and look,
.
blown about the headland: scraps of nylon fishing net. Gannets
– did you know? – pluck such rubbish from the waves, then hie awa’
to colonies so raucous and thief-ridden, each nest
winds up swagged to the next… Then they’re flown, and the cliff’s left
wearing naught but a shoddy, bird-knitted vest.
.
And look at us! Out all day and damn all to show for it.
Bird-bones, rope-scraps, a cursory sketch – but a bit o’ bruck’s
all we need to get us started, all we’ll leave behind us when we’re gone.
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                                                                                                          .Para C.M.
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Ve cuando todo se aclara – el proyecto entero
reducido a hebras de musgo que huyen a un viento del noroeste;
¿alguna vez imaginas perseguir solo un hilo, dejando que te conduzca
a una ignota hendidura en una roca, un lugar con el que podrías encariñarte,
enterrarte en él? –¿pero qué probabilidad hay de eso? De los pájaros,
.
pocos permanecen todo el invierno; media docena de aves zancudas
median entre mar y playa, ese espacio confirmado
– no te rías – por tu trabajo. Las olas resuenan, almas de espuma
blancuzcas hacen piruetas al salir de la tierra, y mira,
.
soplados en torno al promontorio: cachos de red de pescar de nylon.
Los alcatraces –¿lo sabías?– esa es la basura que sacan de las olas, luego
corren a colonias tan estridentes y gobernadas por el robo, que cada nido
se convierte en botín del siguiente… Luego vuelan, y el acantilado queda
vistiendo solo un chapucero chaleco, tejido por los pájaros.
.
¡Y míranos a nosotros! Fuera todo el día y maldita sea, para aparentar.
Huesos de pájaros, trozos de soga, un somero bosquejo – pero unos pocos restos
es todo lo que necesitamos para comenzar, todo lo que dejamos atrás cuando nos vamos.
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De La casa en el árbol y otros poemas (2021)

THE VIEW / LA VISTA

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For too long I haven’t
                 .glanced at the sea
                             .fully ten minutes!
– horizon shining like a magic key
a whinny of spume at the cliff-foot,
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               .and all the sky’s silences, its dialects…
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Now here comes a squall
                              .all dressed in drab
bustling toward the mainland –
a smudge of rainbow
                 .clutched like a shopping bag
                                                        .in her right hand.
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¡Durante mucho tiempo
             .no he mirado el mar
                           .diez minutos seguidos!
– el horizonte brillando como una mágica llave,
un relincho de espuma al pie del acantilado,
.
             .y todos los silencios del cielo, sus dialectos…
.
Aquí viene ahora una borrasca
                    .vestida de pies a cabeza de un verde parduzco
moviéndose afanosamente hacia tierra firme –
un borrón de arcoíris
                        .agarrado como una bolsa de la compra
                                                               .en su mano derecha.
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De La casa en el árbol y otros poemas (2021)

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