Historia vivida y narrada. La última obra de Alonso Salazar Jaramillo

Escribe| Yubely Vahos Hernández


Editorial: Aguilar/ Penguin Random House, 2017
Nº de páginas: 354
ISBN: 978-958-5425-24-8

La más reciente crónica del periodista y político antioqueño Alonso Salazar Jaramillo, No hubo fiesta: crónicas de la revolución y la contrarrevolución, es un discurrir humano e investigación por los últimos años sobre la historia de Colombia leída en clave de muerte, sobre los efectos de un conflicto lleno de ramificaciones y sangre. Las historias que componen la obra corren paralelas a la vida del autor, de allí que se centre en lo ocurrido en Medellín durante sus años de vida universitaria y profesional. Sin embargo, las geografías y tiempos de la narración se expanden para abarcar los ires y venires de los actores y procesos narrados, en un recorrido que atraviesa ya las selvas chocoanas, ya la capital del país. En tanto, él retrocede a fines de los cincuenta o inicios del siglo XXI para narrar eventos que, leídos con la información y las ideas de las que Salazar y su sociedad disponían en el momento en que ocurrieron no tendrían el sentido que el autor le otorga hoy en la historia colombiana y de su vida.

El hilo conductor de esta obra se adivina en su título. Cada argumento fue tejido por el autor con el ánimo de justificar la máxima que, andado el tiempo extrajo de sus correrías, las de sus cercanos, así como gracias a las investigaciones periodísticas y sus labores en la administración de la ciudad; a saber que la elección por las armas, sin importar el fin que la sustente es un acto digno de reprobación. Salazar no valora los proyectos revolucionarios en función de sus intenciones sino a partir de los resultados que produjeron. A su juicio estos eventos no resultaron en la fiesta de un mundo mejor, sino una forma paranoica de la política y un círculo vicioso de terror.

Sin pretensión de banalizar los muertos, desaparecidos y desplazados, es preciso matizar el argumento de Salazar desde una perspectiva historiográfica. La caída del Muro de Berlín marcó el fin de una era en el plano de las ideas políticas y en la escritura de la historia. Esta fecha supuso el fin de la creencia amplia en las utopías revolucionarias y cambios en el significado de conceptos como revolución. A pesar de ello, entre el inicio y el fin de esta «era» ocurrieron muchos procesos de naturaleza política, cultural y académica que merecen ser investigados a la luz de su sentido en la época que estuvo atravesada por ellos, no solo de sus resultados. En palabras del historiador Aldo Marchesi (Marchesi, 296), en esta época imperó una sensibilidad en la cual el fin, es decir una mejor sociedad, justificaba los medios, el uso de la violencia revolucionaria y el desarrollo de prácticas autoritarias, puesto que la distinción entre espacio de experiencias y horizonte de expectativas parecía suspendida.

El autor hace un recorrido por los hitos centrales de la historia del conflicto colombiano, marcado por la compilación de los mayores acuerdos historiográficos, sin aventurar nuevas interpretaciones. Él discurre por el crecimiento urbano y los cambios culturales en la Colombia de la segunda mitad del siglo XX, los movimientos de protesta estudiantil, la muerte de Gaitán, el surgimiento y ocaso de las guerrillas o la determinación terca de las FARC o el ELN de continuar en la lucha; también aborda el agotamiento de la revolución armada como proyecto, la aparición del narcotráfico, las milicias urbanas en Medellín y el paramilitarismo. Un recorrido cuyo valor reposa en la apuesta por adentrarse en la dimensión humana de aquellos que se enrolaron en grupos armados y las incertidumbres de sus redes de afectos.

El investigador navega entre lo micro y lo macro de los acontecimientos históricos, en tanto entreteje la historia de vida de alguno de sus conocidos con los procesos nacionales y desvela sus contradicciones; estrategia que arroja luces para leer el conflicto más allá de un estructuralismo que elimina el marco de decisión individual. Se trata, pues, de una crónica de historia vivida, pero de entre la lista de actores que surgen en las páginas de la obra, uno merece particular atención: Alonso Salazar, narrador y actor.

Los virajes que daría Salazar en la vida pública parecen signarse en una imagen narrada por él mismo durante un encuentro obrero a fines de los setenta; «Solo hubo realmente una sola masa, y una sola voz, —recuerda el autor— cuando se cantó La Internacional, el himno del comunismo mundial. No me lo sabía y tratando de imitar el movimiento alcé el brazo derecho pero de inmediato me corrigieron: “se levanta el brazo izquierdo, con el puño cerrado”» (70). Y es que la vida universitaria del autor estuvo marcada por la participación y creencia de las ideas de izquierda, sus amigos y amores se gestaron en este crisol y tuvo las preferencias culturales y las negaciones de sus compañeros. No obstante, cuando no parecía haber caminos intermedios entre irse al monte a hacer la revolución y quedarse en la ciudad o participar de alternativas no armadas, Salazar, en una mezcla de temor y observación de sus compañeros y familiares que tomaron las armas, eligió la segunda alternativa. A partir de esta decisión, su vida trascurriría como periodista de prestigio en Colombia, pasaría de la participación en iniciativas sociales independientes a integrar el gabinete de gobierno de Sergio Fajardo y ser él mismo alcalde de Medellín.

Un camino que deja su huella en las formas narrativas de la obra. Las páginas alusivas a sus primeros años de juventud y vida pública, están signadas por la descripción cercana, los afectos e incluso una mayor atención a los paisajes y sensaciones. Al respecto, resulta ilustrativo este fragmento: «Aura era una mujer divertida, tierna e inteligente, que iba siempre adelante en sus búsquedas intelectuales. Nos habíamos conocido en Simón Bolívar, el barrio donde crecimos. Conviví con ella en una pequeña casa en Caicedo a la que se llegaba por la calle luna calle sol que bordeaba la quebrada Santa Elena, en autobuses donde escuchaba esa nostalgia que es la salsa del Conjunto Clásico; o Isla del Encanto, con los violines de la Broadway» (p. 134). Allí, Salazar evoca sus rutinas y la relación con el espacio que construyó durante su convivencia con Aura, la primera pareja con la que vivió.

Por su parte, la muerte de dos de sus grandes amigos, Jairo Bedoya y Tacho, además de la desmovilización de sus primos, son eventos que coinciden con la caída del muro de Berlín, la desmovilización de las tropas del Ejército Popular de Liberación y el Movimiento 19 de Abril, el auge del paramilitarismo en Colombia y la violencia en Medellín a causa del narcotráfico y que marcan otra forma de escritura. En estos apartados emerge un Salazar menos emotivo, sus líneas reflejan las preocupaciones de un periodista que se vale de diferentes fuentes para construir un relato en que su aparición ocurre desde la argumentación política y no desde la emotividad; así como se evidencia el quehacer de un hombre vinculado a la administración local, que presenta su perspectiva de las problemáticas y los caminos que, desde sus labores como funcionario público recorrió para aliviarlas en parte.

Se trata de una obra que merece ser leída, porque aporta insumos valiosos para comprender al sujeto armado desde su dimensión experiencial, ponerle rostro y nombre, entender sus motivaciones y dudas sin omitir la violencia y la realidad nacional colombiana, una actitud investigadora necesaria en un país que busca caminos para finalizar la confrontación armada y cerrar heridas aún abiertas.

Además, este texto presenta una visión poco habitual entre las memorias y crónicas relativas a la historia reciente de Colombia, la de un sujeto que ha estado activo en la vida nacional desde distintos lugares y no se limita a narrar sus vivencias, sino que intenta ofrecer una visión de conjunto, con los límites y alternativas inherentes a la idea que defiende en las páginas del libro, algo posible gracias a su trasegar político y académico. En la escritura de esta obra, se evidencia el uso de las herramientas del periodismo, disciplina en la que fue formado el autor, así como la recapitulación, los aprendizajes adquiridos en su labor como político local y departamental, y ser humano cuya vida transcurrió entre diferentes escenarios: la Universidad, el mundo urbano y entidades públicas y privadas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *