Varios fragmentos de «Libro de maravillas» de Vicent Andrés Estellés, título por primera vez traducido del valenciano
Vicent Andrés Estellés (Burjassot, 1924—València, 1993) venía de una humilde familia de panaderos, pero él fue un obrero de la palabra. De la palabra viva y amarga, amorosa y alegre. Un periodista con una superdotada capacidad de observación. Un poeta hecho de memoria y anhelos con un interés inusitado por todo lo cotidiano, lo mínimo, lo infraordinario.
Amordazado por una dictadura que primero prohibía y luego arrinconaba su lengua de escritura —el valenciano—, Estellés escribió cinco mil páginas de versos recogidos ahora en trece tomos de obra completa. En ella figura un inmenso y nerudiano Mural del País Valencià, un hito que ha convertido a Estellés en un icono cultural y político. Sin embargo, lo que le ha valido la inmortalidad literaria son las más de treinta reimpresiones, desde su publicación en 1971, de este Llibre de meravelles.
El poeta valenciano fue reconocido con el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes (1978) y el Premi de les Lletres Valencianes (1984). Además, Estellés está considerado el mayor poeta en valenciano desde el siglo XV.
Hace pocos días llegó a librerías españolas por primera vez en castellano Libro de maravillas (2026), con traducción de Paco Cerdà, en una coedición entre Pepitas de Calabaza y Los aciertos Ediciones.
En un texto compartido por ambas casas editoriales se apunta acerca de este título: «Decía de él Josep Pla que era un prosista prodigioso que escribía en verso. Decía de él Joan Fuster que su poesía podría haber sido novela. Este Libro de maravillas es la mejor crónica documental —la más triste, emocionante y humana— que ningún periodista haya escrito sobre el primer franquismo. Un viaje a las penurias y el estraperlo, a los cuerpos ultrajados, al silencio impuesto y el deseo reprimido, a los cañones de fusil que cavan buscando la aurora en las tapias de los cementerios. Es, también, un viaje apasionado al paseo lento de los amantes entre la hojarasca de los álamos, a su baile moroso bajo la luna con el lejano son de un acordeón, y a noches de cine pobre y sexo furtivo en una pared exhausta de ardiente fricción».
A continuación, compartimos cinco poemas de Libro de maravillas (2026) de Vicent Andrés Estellés.
Fragmentos de Libro de maravillas
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Uno entre mil que aguardan y callan.
Uno entre mil.
Uno entre mil que aguardan, trabajan.
Uno entre mil.
Uno entre mil que aguardan, bostezan.
Uno entre mil.
Uno entre mil.
Uno entre mil que aguardan, suspiran.
Uno entre mil.
Uno entre mil que aguardan, se ahogan.
Uno entre mil.
Uno entre mil que aguardan y ruegan.
Uno entre mil.
Uno entre mil.
Uno entre mil que aguardan, barajan.
Uno entre mil.
Uno entre mil que aguardan y cortan.
Uno entre mil.
Uno entre mil que aguardan y callan.
Uno entre mil.
Uno entre mil.
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Mi trabajo es la alegría,
sea de noche o de día.
Mi trabajo es el dolor.
Se enrama la melancolía:
la parra trepando el amor.
Un amor ciego y fundador,
árbol del salmo y la energía,
hombre recto y trabajador.
Un viento las hojas movía.
Mi trabajo es la alegría,
mi trabajo es el dolor,
sea de noche o de día.
Sangre derramada, un fulgor
roto, fina capa de elegía.
Si la profecía se cumplía
o no se cumplía, solo amor,
un ciego amor trabajador,
sea de noche o de día,
el amor, un odio fundador.
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Uno entre mil que no aguardan y luchan.
Uno entre mil que perforan la noche.
Uno entre mil que no duermen y velan.
Uno entre mil.
Si el amor reventaba las venas,
si el amor, o el pavor, o las penas,
ya ni lirios ni nardos ni azucenas.
Uno entre mil.
Uno entre mil quebrando las voces.
Uno entre mil entre furias y horrores.
Uno entre mil de entre mil amores.
Uno entre mil.
Si el amor era grácil como un ala,
si la vida era buena, era mala,
si el suspiro, el soneto, la bala.
Uno entre mil.
Uno entre mil que se mueren de amor.
Uno entre mil que perforan la noche.
Uno entre mil que cargan los muertos.
Uno entre mil.
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Uno entre mil perdido en la Tierra.
El hombre ya está cercando la Luna
y en blanco y negro la tele lo muestra.
Un astronauta leía la Biblia.
Sobre la mesa reposan las migas
de otra agradable cena en familia.
Uno entre mil perdido en la Tierra.
Este es mi sitio, donde los míos
trabajan, luchan, aguardan, imprecan,
hacen hijos, ovillan, desovillan.
No hay nada claro y tampoco oscuro;
todo se mezcla, deshace y rehace.
Queda la Luna, enigma. ¿Enigma?
¿Y el corazón? Sabéis que hay trasplantados.
El viejo amor, insondable, temible,
y al cabo los versículos solemnes,
fragmentos que nadie sabe descifrar
de una manera, digamos, plausible.
Hay muertos que viven y saludan,
tienen siempre una frase oportuna
y llevan una vida discreta
sin para nada llamar la atención.
Muertos que nadie creería muertos
y que el domingo van a misa mayor.
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Aquí nací y aquí vivo.
Y al pasarme lo que me pasa,
aquí lo canto, aquí lo digo.
Aquí nací, aquí vivo.
Aquí trabajo y aquí beso.
Aquí sufro y aquí río.
Aquí defiendo unos cultivos,
diez verdades y cuatro mitos.
Aquí nací, aquí vivo,
pobre en bienes y rico en días,
pobre en versos, de afanes rico.
Canto el amor y las parejas
que ya se besan, se han ido.
Canto un amor prohibido.
Canto el amor y lo que ha unido.
No sé si esto es un himno.
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De Libro de maravillas (Pepitas de calabaza y Los aciertos Ediciones, 2026)

