Rosario Castellanos, más allá de la escritura
Rosario Castellanos (Ciudad de México, 1925 ― Tel Aviv, 1974) como testigo de muchas injusticias, tanto ajenas como propias, se propuso denunciarlas sin restricciones a lo largo de su extensa obra, la que de alguna forma es el negativo de los tormentosos conflictos que vivió en su época, escondidos tras el silencio y la incomunicación de quienes lo vivieron. Probablemente si ella no hubiera optado por centrar su atención en las problemáticas que afectaron su vida como escritora, docente universitaria, esposa y madre, muchas otras mujeres hubieran carecido de una referente que las conciencie acerca de esta iniciativa personal.
La autora mexicana dedicó gran parte de su corta vida a combatir la desigualdad de género que siempre la rodeó, transformándose este en el leitmotiv de su literatura, cuando apenas se discutía del tema en la región. Con lo que no sólo sentó un precedente en su país sino en toda Latinoamérica. A través de su poesía directa y de una potencia reveladora, sin estridencias ni ropajes retóricos, logró abordar la cotidiana intimidad de sus congéneres de una forma en que nunca más sería vista igual después de su lectura. Incluso, en varias ocasiones, sin conmiseraciones consigo misma, en un ritual de expiación de las desdichas intimas.
Una muestra de la madurez que alcanzó en el dominio de esta temática es el poema «Recordatorio» : «Hubo un intermedio entre mi cuerpo y yo,/ un intérprete ―Adán, que me dio el nombre/ de mujer, que hoy ostento―/ trazando en el espacio la figura/ de un delta bifurcándose./ Ah, destino, destino./ He pagado el tributo de mi especie/ pues di a la tierra, al mundo, esa criatura/ en que se glorifica y se sustenta». Mientras que en «Kinsey report» ironiza las frías estadísticas de este estudio científico acerca de la sexualidad de los estadounidenses y lo extrapola a la realidad mexicana, una realidad colectiva y coral en la que las mujeres anónimas tienen voz propia y la autora ejerce apenas de intermediaria.
Castellanos publicó una decena de libros de poesía: Trayectoria del polvo (1948), Apuntes para una declaración de fe (1948), De la vigilia estéril (1950), El rescate del mundo (1952), Presentación al templo (1952), Poemas (1957), Al pie de la letra (1959), Salomé y Judith: poemas dramáticos (1959), Lívida luz (1960) y Materia memorable (1960). Aparte de estos títulos se irían sumando a las nuevas antologías poéticas otros textos que habían quedado inéditos al momento de su muerte.
De su obra narrativa destacan la novela Balún Canán (1957), la que es considerada una de las más destacadas en la literatura latinoamericana dedicada al tema indigenista. El texto aborda la temática desde el punto de vista de la infancia de una niña hija de un terrateniente y de una niña chiapaneca, quienes conviven en la misma hacienda. Publicó otras dos novelas: Oficio de tinieblas (1962) y Rito de tentación (1996). Los libros de cuentos Ciudad real (1960), Los convidados de agosto (1964) y Álbum de familia (1971).
Además, fue una destacada ensayista, en especial enfocada en el estudio de la brecha de género con textos como Sobre cultura femenina (1950), La novela mexicana contemporánea y su valor testimonial (1960), Mujer que sabe latín (1973), El mar y sus pescaditos (1975) y Declaración de fe. Reflexiones sobre la situación de la mujer en México (1997). Esta faceta de su obra sólo fue revalorada después de su muerte, como el resto de sus méritos.
En la década del cuarenta se radicó en Ciudad de México para estudiar filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Posteriormente se trasladó a España para cursar estudios de estética en la Universidad de Madrid (actual Universidad Complutense). Se dedicó a la docencia en varias Universidades: UNAM, Universidad de Wisconsin, Universidad Estatal de Colorado, Universidad de Indiana y Universidad Hebrea de Jerusalén (ciudad en la que también fue diplomática).
Elena Poniatowska en el prólogo a una antología sobre la escritora sintetizó, a su juicio, cuál fue su aporte en la sociedad civil mexicana: «¿Por qué es importante Rosario para las mujeres de México? Porque se dijo a sí misma y al decirse definió también a muchas mujeres cuya suerte es idéntica. ¿Qué dijo de sí misma? Habló de su miedo, su soledad, su actitud de espera, la pretensión de darle a su vida un sentido. Tuvo el atrevimiento de explorarse a sí misma, desgarrarse y salir de los papeles estipulados. En la literatura se liberó. Aunque nunca se expuso en la vía pública ni empleó el lenguaje feminista nos dio el mayor alegato de nuestro tiempo mexicano. Su discurso en el Museo Nacional de Antropología e Historia el día 15 de febrero de 1971 es clave en la causa de la mujer y declaró que no era equitativo ni legítimo que uno pueda educarse y el otro no, que uno pueda trabajar y el otro sólo cumpla con una labor que no amerita remuneración, que uno sea dueño de su cuerpo y disponga de él como se le da la real gana mientras que otro reserva ese cuerpo no para sus propios fines sino para que en él se cumplan procesos ajenos a su voluntad. Rosario, ese día, fue ciertamente la precursora intelectual de la liberación de las mujeres mexicanas».
Castellanos también se dedicó a la traducción, entre las que constan las realizadas de obras de Emily Dickinson, Paul Clavel y Saint-John Perse.
Meditación en el umbral, es el más significativo de sus poemas considerados como feministas, el que justamente ataca el canon de la literatura que el mercado editorial ha focalizado como obligatorio para toda lectora, que en este nuevo contexto marca como objetivo alcanzar «Otro modo de ser».
La mejor forma de conocer quién fue Rosario Castellanos es leyendo su poesía, para lo cual hemos preparado una selección de sus poemas más notables tomando como referencia la antología poética Meditación en el umbral (1985), editada por el Fondo de Cultura Económica. Para leer cada texto teclear en la pestaña correspondiente a su título.
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