«La esperanza es del hombre» en una muestra poética de Rubén J. Triguero
Rubén J. Triguero es originario de Los Palacios y Villafranca (Sevilla, 1985), donde vivió hasta 2012, desde entonces reside en Madrid, donde trabaja como desarrollador de aplicaciones web.
Ha publicado poemarios Coreografía (2023), Volver a empezar (2023) e Incierta belleza del viento (2024). También es autor de la colección de cuentos Si sale cara (2018) y del libro de relatos Parte del espectáculo (2022). Ha participado en algunos proyectos poéticos y ocasionalmente colabora con diversas publicaciones digitales con textos sobre arte, cine o literatura.
Paralelamente a la escritura, practica la fotografía. En esta disciplina, en 2021 participó en una exposición fotográfica colectiva en la Plaza Mayor de Gijón y en febrero de 2022 se expuso en Madrid parte del proyecto fotográfico «Silencio».
A continuación, os traemos varios poemas de Rubén J. Triguero elegidos de entre los tres poemarios que ha publicado hasta el momento.
IV
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¿Por qué se repite siempre la historia?
Algo debemos seguir haciendo mal.
Tal vez no se deba a que cometamos errores,
sino
a que
propiamente,
somos el error.
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De Coreografía (Autoeditado, 2023)
XII
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En realidad, no sobran los besos
porque los besos no se pueden comprar.
Bueno, tal vez sí,
hay muchos tipos de besos que sí que se pueden comprar,
pero no son los besos a los que me refiero.
Esos, los besos de los que hablo,
jamás se podrán comprar.
Nunca podrían ponerse a la venta.
De verdad, son una auténtica ruina para el mercado.
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De Coreografía (Autoeditado, 2023)
Tiempo es hielo
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El tiempo es hielo
que decrece minuto a minuto,
nosotros, esclavos de su esencia,
de su extraña decadencia,
nos desgastamos gota a gota
siempre con la mirada atrás,
atentos al deshielo.
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De Volver a empezar (Cuadranta editorial, 2023)
La esperanza es del hombre
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Desesperado,
lleva consumidos cuarenta crudos inviernos
y está agotado tras otras doce horas de trabajo.
Pero aún no tiene sueño
o al menos no quiere dormir,
porque dormir
es echar a perder la poca libertad que aún le queda.
En un cuarto desbordado,
ebrio de vino barato
y con la vigésima quinta sinfonía de Mozart
sonando en una radio que no sintoniza del todo,
aporrea con todas sus fuerzas,
aporrea enloquecido
una vieja máquina de escribir.
Sus dedos
son martillos que golpean un yunque.
Cada pulsación es un rugido,
verso a verso
construye su música.
No son poemas, es una vida.
Es su sangre la que está impresa en cada hoja sucia.
Hojas que condensan toda su historia.
Las amontona y las envía una y otra vez.
Gracias a Dios,
la esperanza es del hombre,
redime al hombre,
y acumula cartas de rechazo,
lágrimas y derrotas a partes iguales,
aunque tal vez, aún no sea demasiado tarde,
no, mientras
siga golpeando las teclas de su vieja máquina de escribir
no, mientras su corazón siga latiendo
. y cada noche,
. una gota de esperanza
. siga alimentando su espíritu.
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De Incierta belleza del viento (Salamanquesa ediciones, 2024)
El cuervo
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Aún demasiado niños,
pasábamos algunos días en Marismillas.
A veces jugábamos en el parque,
otras en la gran explanada
del patio trasero de la vivienda de la abuela.
Aquella mañana,
en algún momento en que el sol se afianzaba,
avistamos un ave negra,
una sombra que planeaba a gran velocidad.
Un cuervo
que descendió hasta aterrizar en el suelo del patio, apenas
a unos metros de nosotros. Mi hermano
atrapó al animal,
. que intentaba escapar
. y gritaba encolerizado.
Apenas lo soltó,
. el animal arrancó en un vuelo desesperado
. y a lo lejos desapareció.
Al bajar la mirada,
descubrió sus manos sucias,
tiznadas,
y sorprendido,
nos mostraba sus manos,
. sus manos ennegrecidas.
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De Incierta belleza del viento (Salamanquesa ediciones, 2024)
Aquí estaré
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A la memoria de Antonio Machado
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Si tuviera que morir en Colliure,
o en cualquier otro lugar
al que hubiese llegado
huyendo de un país
sumido en la tragedia
y asolado por la barbarie,
no querría volver
bajo ningún concepto.
Ni siquiera convertido en cenizas
querría regresar al que fuera mi hogar.
Corta es la memoria de los pueblos
y largo el silencio que los arrastra.
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Inédito
Madurez
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Despacio, pegado a la lentitud,
avanzo entre dudas que me acorralan
. e imprecisiones que me definen.
A estas alturas ya no me veo
(o sueño que me veo)
con alas,
sobrevolando los cielos
dueño y señor de un destino,
que con firmeza se dirige hacia el horizonte.
Más bien me arrastro, en esta árida realidad,
a ras de suelo,
mientras me enfrento,
esquivo, salto, huyo
(y esto último, con bastante más frecuencia de lo que me gustaría admitir)
de todos esos obstáculos y dificultades que ocultan el lejano horizonte
que un día divisé,
o que tal vez solo imaginé.
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Inédito
