«El perro tuerto» de Hebert Abimorad en cinco textos breves

Hebert Abimorad (Montevideo, 1946) es un poeta, traductor, docente y periodista cultural uruguayo que reside en Suecia desde 1975.
En 1975 se exilió en Suecia debido a la dictadura cívico-militar en Uruguay (1973-1985). Ha residido principalmente en Gotemburgo, ciudad a la que dedicó su libro Gotemburgo Amor y Destino (1982, edición bilingüe en español y en sueco).
Ha colaborado en periódicos suecos como Göteborgs Posten y Arbetet, con el que contribuyó hasta su cierre. Colabora en Uruguay con el semanario Voces y las agencias de noticias uruguayas uypress, Noticias Uruguay y LARED21. Entre sus innovaciones literarias destacan las series, Entrevistas imposibles, El perro tuerto y el neologismo «Frugalía» que da nombre a sus «Poemas frugálicos». Su obra ha sido traducida al sueco, francés, italiano, p
En 2010 fue finalista del premio Bartolomé Hidalgo en la categoría Poesía. En 2014 obtuvo el segundo premio de los Premios Anuales de Literatura del MEC por su obra Mekong, en la categoría Obras en verso y poemas en prosa.
Sus libros Mekong (2012) y La plaza (2018), ambos en versión bilingüe, recibieron la beca del Servicio a la Cultura de Suecia para la distribución en todas las bibliotecas.
En su faceta de traductor ha publicado obras tales como Poesía sueca contemporánea (2011) o Un encuentro con tres poetas suecas: Edith Södergran, Karin Boye y Agnes von Krusenstjerna (Editorial Yaugurú, 2021).
En julio de 2022, difundimos varios «poemas frugálicos» de Hebert Abimorad que componían el libro Frugálicas variaciones estacionales (2022), en aquel momento el noveno de una decena de títulos hasta ahora dedicados a este tipo de breve composición literaria que ha marcado buena parte de su producción poética.
Su más reciente libro, El perro tuerto. Veinte poemas de horror y una ciudad destrozada (2026), fue publicado recientemente en Buenos Aires por Editorial Leviatán, el cual es una colección de textos breves que fusionan microcuento, poesía y narrativa fragmentada. El autor busca crear mundos paralelos e imágenes originales, usando un lenguaje denso en símbolos. Cada texto es un umbral a un universo onírico que explora temas como la naturaleza, el tiempo y la condición humana. Además, la obra incluye el poema «Canción a Montevideo destrozada», un retrato lírico y visceral de la capital uruguaya, presentada como un cuerpo herido («clavel de pétalos negros») con un tono de profunda melancolía.
A continuación, compartimos con vosotros cinco textos breves de este título del autor uruguayo.
I
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Una sábana cuelga del cielo y envuelve el aire. Una mucama sin brazos nos rodea y la sacude. Es el momento en que los truenos invaden el mundo. El gran pintor traza pinceladas y crea la naturaleza. Ciertas nubes se tragan el viento, quedando embarazadas y pariendo tormentas. Inspiramos las conversaciones del pasado en las que nunca estamos de acuerdo. La luna se pasea galante, seduciendo la brisa de los enamorados. Un repertorio de memorias. Los miedos de los insomnes desean ordenar las penumbras rotas. El aire es la presencia más lejana de nuestras vidas.
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De El perro tuerto (Editorial Leviatán, 2026)
VII
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La puerta saboreaba su crujir al cerrarse. La ventana se quejaba de que no podía dormir. Mientras una se abría, otra se cerraba. Los vidrios, más perezosos, reflejaban la luz del día. El momento máximo de la enemistad entre la puerta y la ventana fue un comentario de la puerta. Había visto desnuda a la claraboya mirando el cielo celeste. La ventana enfurecida salió con vehemencia a defender a su hermana. Y fue así que oscureció con cortinas el pasillo a la puerta y convenció a su prima bisagra de que no se abriese. La puerta enmudeció sus crujidos y se mantuvo cerrada.
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De El perro tuerto (Editorial Leviatán, 2026)
VIII
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Los niños juegan. El ojo acompaña un remolino de madera donde veían ciudades aéreas y ríos que fluyen al espacio. Todas las manos y rostros de los que habían jugado con el trompo se reflejaban en los arroyos que forman los agujeros de su púa. Oscila como una fiesta de colores floridos. Tembló con deseos de caer sobre los brazos de aire sucio. Se detuvo y permaneció de pie por un instante. Está repleto de recuerdos de imágenes. Cae y descansa en un trozo de madera.
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De El perro tuerto (Editorial Leviatán, 2026)
XX
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Golpeaba la puerta con premura. De las bisagras brotaban lágrimas, por el dolor que producían las sanguijuelas que actuaban como clavos. El golpe resonaba como un presagio lúgubre, anunciando que algo aterrador estaba a punto de suceder. De las rendijas florecía un olor hediondo. Se abrió la puerta. Una mesa tendida a lo largo de la habitación nos ofrecía el aroma del té de jazmín. La imagen de una luna de queso añejo de vaca al extremo de la mesa nos tentaba. Un reloj, sumergido en un mar de leche de coco, anunciaba el crepúsculo.
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De El perro tuerto (Editorial Leviatán, 2026)
XXI
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Los dedos de las manos están formados por falanges y huellas dactilares que son mapas universales repletos de montañas y ríos. El pulgar se erige como el rey que ordena el tacto de sus súbditos, o sea, la percepción de cada uno de sus dedos. El meñique es sutil y lo vemos pensando sin actuar. Otros son torpes y groseros. Los de los pies, arraigados en el suelo, predicen el futuro y los terremotos. Mirando siempre hacia adelante, son guías de caminos aciagos y forman una coreografía de hermandad. Una rutina de ejercicio y actuación artística.
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De El perro tuerto (Editorial Leviatán, 2026)
