El Topo de-Lira

Escribeǀ Víctor Minué


 

Lira, con la sonrisa detenida, semi    V
ª                                                                   E
ª                                                                       R
ª                                                                          T
ª                                                                             I
ª                                                                               C
ª                                                                                  A
ª                                                                                 deLira, más lírico que nunca, al fondo de la tina, chorreando pánico por las venas tajeadas, sumergido en el más rojo de los mares, mientras la muerte le llega lenta, junto con las ondulaciones de agua viva que bañan su patilla de prócer de la patria y en la agonía, secretamente lo suicidan de la muerte para volver a la vida, subterráneas pandillas de jóvenes lectores, que harán crecer en su cabeza, una corona eléctrica de Cristo desangrado en la marmoleada bañera de la posteridad.

rodrigo-lira

Rodrigo Lira Canguilhem (Santiago, 26 de diciembre de 1949 – 26 de diciembre de 1981). Fuente.

Es indisimulable, para quienes han conocido la vida y poesía de Rodrigo Lira, hablar, de alguna manera improvisada o pactada, sin escribirle; su obra y su vida serán por siempre indisolubles, como él lo decidió en su último acto valiente de afirmación a la vida, que nada tuvo que ver con la desesperación que lo llevó a quitársela, y si lo pensamos ahora, tampoco con su desaparición. «(…) muriéndose sin alharaca», como escribió al final del poema «4 TRES CIENTOS SESENTA Y CINCOS Y UN 366 DE ONCES», con el que ganó el único premio de poesía de la revista La Bicicleta.

Cuando decimos que es indisimulable escribir sobre Rodrigo Lira, sin hacerlo como un  intento tardío de ajusticiamiento moral como lectores o guardianes accidentales de su poesía es, en primer lugar, por la inconsolable privación actual de poetas de su  singularidad; y en segundo lugar, por lo que significa su obra como canon de partida de una nueva forma de poetizar en la poesía chilena y de una desconocida proyección tentacular, en tanto al espacio irreductible de experimentación escritural que su herencia prefigura.

¿Qué recuerdas de tu niñez?

«Nací el 26 de diciembre de 1949, a las 11 horas, en la clínica Santa María, datos que sirven para levantar un “cielo de nacimiento”, carta astral u horóscopo. (…)». Respondía Lira a una inconclusa, improvisada y única entrevista que daría en su vida. Aquí la respuesta, con sus propias palabras de cómo el Metapoeta, como prefería llamarse a sí mismo, llegó a la poesía.

¿Cómo llegaste a la poesía?

«Fue una vuelta bastante larga y rara. Primero pasé por Sicología, luego por Filosofía, y después por Artes de la Comunicación, todo en la Universidad Católica. Me salí para entrar al Departamento de Publicaciones Infantiles y Educativas de la Editorial Nacional Qumantú. De ahí me fui al norte para integrarme al grupo Arica.

Más tarde ingresé al Centro de Estudios de la Realidad Nacional de la Católica. Trabajé en la librería de Ciencias Sociales y en el proyecto Mahuida (…) Seguí con los estudios de sicodanza con Rolando Toro, además de siloísmo y filosofía orientales. (…) En 1978 hice el programa de Bachillerato en Lingüística, en el campus de Macul de la Chile. Ahí participé en una notable cantidad de lecturas en público de poesías y varias publicaciones, como en las revistas Letras y Cactus, ambas de la “U”. De ahí vinieron publicaciones en Cuaderno de Poesía Joven, en 1979; en la revista Cuadernos Marginales, septiembre de 1980; en la Panorámica de la Poesía Chilena Actual y en la revista La Bicicleta.» [1]


ARS POÉTIQUE

Que el verso sea como una ganzúa
Para entrar a robar de noche
Al diccionario    a la luz
De una linterna
ª                                 Sorda como
Tapia
ª      Muro de los lamentos
Lamidos
ª          Paredes de Oído!
Cae un Rocket   pasa un Mirage

Los ventanales quedaron temblando
(…) La poesía
ª                 está  c
ª                              ol
ª                                   g
ª                                       an
ª                                             do
en la dirección de Bibliotecas Archivos y Museos en Artí
culos de lujo, de primera necesidad,
ª                       oh, poetas! No cantéis
a las rosas, oh, dejadlas madurar y hacedlas
mermelada de mosqueta en el poema


Un vistazo al nicho de Lira en del Olimpo subterráneo de la poesía Chilena

Como una pandilla de cucarachas  negras, los lectores de la poesía de Lira, buenos, malos, peores, entran y salen confundidos del agujero —nicho con estímulos como llagas, teorías consoladoras—negadas, subentendidos incodificables, con versos exasperados, retorcidos, mariaguaneados, con impulsos eróticos como alaridos, tomaduras de pelos, parodias interminables de un delirio controlado, todo cabe en el nicho de Lira, dulce surco prolífico en la oscuridad, del que brotan como negruzcos batallones de cucarachas móviles:  sus hipócritas lectores. Pero vale la pena preguntarse qué entendían o han entendido hasta ahora los lectores de Rodrigo Lira después del saqueo y del tesoro en las sombras que esconden sus manos.

De qué está hecho el mundo de Lira, a simple vista, la topografía de su mundo recorre ciertos parajes de facultades universitarias, los jardines del Pedagógico, bibliotecas públicas, serpenteados paseos por el centro de Santiago, el cerro Santa Lucía, lecturas plagadas de invectivas a poetas consagrados de un tipo que no quiere crecer, entrar al mundo adulto, pero tampoco desfallecer a la sombra centrífuga de la tradición lírica de la poesía chilena. Lira escribía una poesía indefinible, sólo definida en sus préstamos, influencias, provocaciones, y contexto sociopolítico cultural. La poesía de Lira sólo se precisa en la actualidad por un escapismo de fina gandulería académica a través de una hermenéutica de analogías con otras poesías, de otros poetas, en su generalidad consagrados.

Rodrigo Lira recitando en casa de Enrique Lihn. Fuente.

Rodrigo Lira recitando en casa de Enrique Lihn. Fuente.

Algunos lo sitúan entre la antipoesía de Nicanor Parra y la intertextualidad de Lihn, coincidiendo temporalmente con estos dos poetas. Sin embargo, es el propio Enrique Lihn (poeta al que conoció y parodió uno de sus poemas de La musiquilla de las pobres esferas, en un gesto de «imitación diferencial». Concluyó Lihn: «parodiamos, pero no nos gusta que nos parodien» entre malhumorado y halagado por la diatriba de Lira.  Y no solo parodió uno de sus poemas, sino que corrigió y reeditó una novela del poeta de La pieza oscura, «a través de un solvente trabajo de corrector», escribiría Lihn en el prólogo del único libro publicado póstumamente: Proyecto de Obras Completas.

Pensar francamente, sin la cabeza mosqueada de terribles inocencias, en corregir la obra de Lihn en estos tiempos, es una tarea, a lo menos, sólo para valientes. A Lira poco le importó, aunque se haya centrado en trabajos en prosa de Lihn, visiblemente inferiores a los de su obra poética. Es el propio Enrique Lihn quien da pistas elocuentes de la poesía de Lira:

la poesía de Rodrigo Lira es el esfuerzo de una escritura desesperada por pensar y pensarse a sí misma en el contexto incorporado de una ominosa realidad colectiva, sin teorizaciones consoladoras, desechando las mitologías que cumplen con esa misma función, haciendo un contrarte de la fealdad de los hechos computados.

Así,­­ podemos concluir que, en primer lugar, su poesía está condicionada por un contexto social opresivo y determinante que presupone la sonrisa semivertical de Lira, la parodia llevada al extremo, «hasta la extenuación» del verso, dándole el carácter bufonesco y carnavalesco a su poesía.


78: PANORAMA POÉTICO SANTIAGUINO

                                      O

«LOS JÓVENES TIENEN LA PALABRA»

―Crónica de Época―

Durante medio siglo
La poesía fue
El paraíso del tonto solemne
Hasta que vine yo
Y me instalé con mi montaña rusa
Suban, si les parece;
Claro que yo no respondo si bajan
Echando sangre por boca y narices

Nicanor Parra, Versos de Salón.

Y llegó
Desde Chillán o
Desde San Fabián de Alico
ª          Don Nicanor
Y se instaló con su
Montaña rusa; pero
Hasta donde llegan
Los datos del autor,
Nadie ha sido atentido aún
Por hemorragias nasales y/o
Bucales en las postas o
Policlínicos fiscales o
Particulares por
Haberse encaramado o
Haberla intentado escalar

Es claramente una respuesta socarrona y gentil hasta ahí, hacia la antipoesía de Nicanor Parra. Palabras aparte, vemos cómo surge esta del mismo arrebato mesiánico y solemne que promete redimir.


El superpoeta Zurita

El súper poeta se pasea
Como un cristo bizantino por las calles de Santiago
Con el hablá   (mordiéndose la lengua)
Casi perdida
Erguido
(…)El superpoeta zurita
Se yergue a mayor altura que el cristo
De Elqui de parra, el zuper poeta surita(…)

(…) Se pajea/ se quema y se t ajea/las mejillas. Se deja barba (…)


Aquí vemos la burla al «superpoeta» presumiblemente por el halo profético-mesiánico de su poesía, correlativa también al aspecto físico de Zurita, de inconfundible barba socrática o crística que podemos observar hasta el día de hoy.

El juego del Topo

La personalidad lúdica y satírica, según cuenta el psicólogo y amigo de Lira, Eduardo Llanos, fue una particularidad que lo diferenciaba de los demás poetas de la época que pugnaban por un poco de atención; esto, sumado a su fijación obsesiva por los detalles y a una erudita inteligencia en la asociación de ideas, provocaba no sólo la exasperación de quienes eran víctima de sus jugarretas. Sobre ello describe Enrique Lihn:

Lira reaccionaba ante cualquier cosa que se dijera o no se dijera de él y fueron pocos los estímulos recibidos y algunas, en cambio, las reprobaciones enfáticas, que nunca faltan cada vez que una nueva promoción de poetas jóvenes es llamada hacer la guardia.

Cuenta el escritor y columnista, amigo de Lira, Roberto Merino, entendiendo que el antipoeta, poseía una cualidad especial para desarticular las cursilerías que infectaban poemas y discursos políticos, conversaciones domésticas, anuncios publicitarios, cualquier mensaje que llamara a explotar la emoción de lo obvio:

Es cosa de asomarse a sus textos para comprobar que siempre se las arreglaba para tocar la nota hilarante de situaciones política o existencialmente dramáticas que él, mediante manipulaciones del lenguaje, desdramatizaba. En relación a la poesía, además, poseía un sexto sentido para detectar la ridiculez o la impostura donde una mayoría se obligaba a emocionarse. Su humor coincidía con lo que se puede entender como humor literario. Es decir, le divertía el desbarajuste que se produce entre la retórica de un texto y la situación representada.

Como él mismo se autodefinía, más que un poeta se sentía un «diestro manipulador del lenguaje con facilidades para aprender idiomas». Lihn lo definió como un erudito de la contracultura, del pop y del pop art; en consonancia con el atuendo y la pinta ―«la pelada y las chuletas»― los anteojos de marco grueso, la gorra a lo Sherlock Holmes o baterista de acid Jazz. Otra precisa polaroid para acercarnos al excéntrico personaje amalditado que tanto gusta a los jóvenes lectores y jóvenes poetas la revela Roberto Merino de su memoria:

No es raro que en una época de generalizada uniformidad ―fines de los años 70― fuera la facha lo que prioritariamente llamaba la atención en Rodrigo Lira. Las no pocas fotografías que de él se conservan lo muestran ostentando barba, bigotes, patillas y todas las combinaciones posibles de estas prolongaciones capilares. Alternativamente uno podía encontrarlo con corte militar, con el aspecto de un beatnik o con el de un burgués elegante. Lo último solía desconcertar a los choferes de micro cuando Lira quería hacer valer su derecho a pagar pasaje escolar, exhibiendo por lo demás el respectivo carnet. Sus fantasías de vestuario respondían a la necesidad en su caso permanente de solucionar problemas prácticos. Así, el jockey, los anteojos, la parka de cuello alto, las rodilleras de cuero y las botas de infantería estaban destinados a permitir que el agua del lluvioso invierno de 1980 escurriera sin perjuicios por su cuerpo.


(Eros y tánatos)

ELLA, ELLE, ELLA, SHE, LEI, SIE

Todavía no le dirijo la palabra esta tarde andaba con una amplia blusa blanca
esa tarde llevaba calzones rojos por su período y lo arcaico de su receptor
ª                  de flujo
le salieron pecas con la primavera o esta última logró que al fin me percatara
Yo quería besarla sólo con la penumbra de la escalera del lado Este
ª                ―en el verano casi no se usa
Y en la sala oscura para teatro cine escultura actos culturales y conferencias
hubo confidencias y algo más que un beso.
Después, bailaba, al medio del círculo conga conga que siga la milonga terminó
ª                    el kurz eins del Goethe ―sie gut, ich sehr gut
Mechona del pedagógico ojipintada entonces dancing in the ring eo eo
ª                    que siga el hueveo semana premechona
Yo bailaba en medio conga conga con parsimonia ―sin zafarme como en las fondas.
ª                o miraba tomando una cola el bailoteo
Está tomado créditos de fundamentos sicosociobiológicos y filosoficales
ª                      de la educaciónica

Estará estudiando geografía, la geografea, en el campus oriente de la ucé,
ª                  seguirá yendo a misa, la pata peluda
Dejó aquí su pijama japonés este mediodía y le compré mentolados cigarettes
ª                 antes de dejarla en la micro
dormí sin sueños después de un orgasmo así y las vertebras se movían solas
y se salía solo y solo, antena, encontraba su camino hoy, después del
ªdesayuno

(…)

Podría fácilmente terminar en la cárcel si se atraviesa de nuevo en mi camino le daría un beso rojo un beso chocolate un beso plástico
ª                                 otro sicalíptico y otros besos
me pondría a visitar las más sofisticadas tiendas para ropa interior y abalorios
vendería calzoncillos con tal de pagar las cuotas de la moto para pasearla(…)


«Sus problemas de carácter eran el resultado de su frustración erótico sentimental», dice Lihn sobre Lira respecto a sus relaciones con las mujeres.

Ante la interrogante del entrevistador sobre su estampa de hombre «especial y solitario», explicaba el propio Lira:

Esto de vivir sólo y de ser soltero es un problema. Los primeros versos que hice se los dediqué a una musa juvenil, pero no me hizo caso. Me considero un esteta: me atraen las mujeres armoniosas y cultas. No he tenido suerte porque cuando me gustan, el interés no es recíproco y viceversa

(Parasuicidio poético de Lira)

4 TRES CIENTOS SESENTA Y CINCOS Y UN 366 DE ONCES

dada la continuidad de la ausencia de tibieza
considerando la permanencia de las carencias y
ª                         las ansiedades que se perpetúan cotidianamente
ª                         y el frío sobre todo en especial o solo
ª                         o el frío completo en salchicha con mayonesa viscosa
ª                                                                                               seminal y estéril

ª                         la sábana sucia que cubre monstruosos ayuntamientos
ª                         la escasez de radiación solar

 

ª                                  (lo poco que alcanza a llegar a través del monóxido de
carbono, el humo de chimeneas pastizales que se queman en febrero cigarrillos chimeneas tubos de escape tubos de chimeneas humo)
ª                                  de la que tiene que atravesar además esa sucia sábana
ª                    que cubre apenas –como mera sábana polucionada–
ª                    esas teratólogicas cópulas, esos coitos de ahítos
ª                                        esas violaciones y estupros
ª                                        y las ondas
de radio en amplitud o frecuencia modulada
las largas y las cortas ondas
ª                              de radio de televisión o teléx
las ondas que emiten las antenas emisoras
ª                               y las receptoras, que también reciben
esas ondas que la luz solar debe atravesar
ª                  lo inconcebiblemente banal y eficazmente hipnógeno
de lo que se radiofunde y televe
ª                                          lo opaco de los cristales
ª                                                 «color humo por dentro
ª                                                   espejo color bronce hacia el exterior»


Primera edición de Proyecto de Obras Completas. Editorial Minga (1984, Santiago de Chile). Fuente.

Primera edición de Proyecto de Obras Completas. Editorial Minga (1984, Santiago de Chile). Fuente.

Es posible que, hasta ahora, éste sea el poema mejor logrado de Rodrigo Lira, con sus acostumbrados retruécanos, dilogías y digresiones convulsivas, muestre en las primeras líneas; «dada la continuidad de la ausencia de tibieza/considerando la permanencia de las carencias y /las ansiedades que se perpetuán cotidianamente/y el frío sobre todo en especial o solo», a un  asceta/esteta  habitando un oasis de domesticidades consumidas dentro de un desierto de aburrimiento, primero la soledad por elección, después el abandono de sí mismo.


(…) alejarse de la acción: irse despacio a ninguna parte
ª                                               Pues no hay dónde irse
―tal vez, digo yo, como que habría que irse― a ninguna parte (…)

(…) O sea que en resumen habría que morirse sin alharaca
sin pánico cundiendo ni cúnico pandiendo ni púnico candi endo

suave, callado el loro
ª                     morirse
o quedarse en la vereda como un pedazo más grande que el promedio
ª                       de la basura
saboreando algo así como un candi masticable o un goyak
y hasta incluso un caramelo bueno, de Serrano, o fino,
de Ambrosoli,
ª                    pero muriéndose,
ª                                                      muriéndose sin alharaca
ª                                                      muriéndose.


Dos años después de que este poema ganara el concurso de la revista La Bicicleta, el poeta se cortaría las venas en una tina llena de agua, el 26 de diciembre, a la misma hora de su nacimiento 11:30 a.m, muriendo sin alharaca, en su departamento de Grecia 907 (Santiago de Chile).

Una década antes, en 1971, era internado en la Clínica Siquiátrica de la Universidad de Chile en el inicio de un largo tratamiento que proseguirá el siquiatra Arístides Rojas, con quien establecería una poderosa relación. Se le diagnostica esquizofrenia hebefrénica y es sometido a electroshocks. Hasta el día de hoy, Eduardo Llanos duda de ese diagnóstico, arguyendo el retraso de la ciencia en ese tiempo (1971) en el tratamiento de enfermedades mentales de ese nivel de complejidad. Para él, sicólogo y amigo de Lira, pudo haber sufrido acaso de bipolaridad, no de esquizofrenia. Después de esa experiencia, el poeta rompería con su sicólogo e ingresaría al Pedagógico y viviría e escribiría intensamente en su departamento de la Av. Grecia.

Rodrigo Lira en Cuánto vale el Show. Fuente.

Ahogado por la urgencia de conseguir trabajo, el 23 de noviembre de 1981, Rodrigo Lira se presenta en el programa televisivo Cuánto vale el Show, con histrionismo aparatoso, gesticulación exagerada, «y con un sombrero de guerrero japonés que había traído Violeta Parra de uno de sus viajes y que a él le había sido legado por su sicólogo Arístides», para declamar pasajes de Otello de Shakespeare. El resultado fue en verdad impresionante. Lira dejó vibrando una suerte de silencio televisivo tras recitar el texto shakespereano con apretado dramatismo en la voz:

Como el Mar Negro, cuya agua helada y flujo violento no vuelven al cauce, sino que irrumpen en el Mar de Mármara y en el Helesponto, así mis negros pensamientos ―con pasos airados― no volverán al dulce amor hasta que una venganza dura y plena no los engulla.

«Con los 8.700 pesos del premio se compró una bicicleta», cuenta Roberto Merino. En el mes que vino, sumido en una depresión y después del último gesto de despedida no correspondida, se resistiría a tratarse con el siquiatra Armando Roa, ―recomendado personalmente por Eduardo Llanos, que lo valoraba en esa época acaso como el mejor profesional de su tiempo― por «no entender el consumo de mariguana». Después lo intentaría con otro siquiatra, Marco Antonio de la Parra, con quien nunca llegaron a conocerse, ya que la cita fue pactada el 29 de diciembre. Tres días antes se mataría y comenzaría a fuerza de leyenda la adoración al poeta de culto y a crecer como una incontinente hiedra coronando la cabeza del poeta, como un Cristo sacrificado que no pudo dialogar con su época, autoinmolado por amor, pontificado hasta la náusea por los lectores de su poesía que siguen entrando y saliendo siempre afectados y confundidos del agujero/libro –Proyecto de Obras Completas– que recopila su poesía. Rodrigo Lira jamás publicó en vida. Lira se fue un 26 de diciembre de 1981.  Aquí está otra vez.


Topología del pobre topo

Parte I

Tormentoso, el Topo tiembla: tiene tristeza: atrona un poco.
ª     El Topo no tiene comida: dinero tiene tampoco. Pero tiene taller
Tiene Taller: en las tardes talla tornea tañe tararea ―atrona un poco―
ª     El Topo se empecina se desmide se tropieza: se tropieza el Topo, repta
―tiene anatomía―, atrona un poco.

ª       Siente el Topo la latitud del monte Tupungato, su tosca fosca topo grafía:
su altitud. Trepa entonces este monte tan campante (todo esto
entre sus mientes ―o magines―, evidente; así, monta hasta elefantes).
Entremedio entabla con sus sombras tristes teatros decadentes:
¿tendrá el Topo en sus sitios los tornillos o en su testa trae
tejas sueltas, y en sus patas rotos los tobillos?
Entretanto, se interroga, se entretiene, estudiando harto su Antropo Logía
―triste tópico es el hábitat del Topo, su típico tópico― tapizando
su entramado de tratados, combatiendo con un cúmulo de dudas, tragán
dose enteritas gordas ruedas de carreta.
ª              Toma notas el Topo, las anota en su libreta.


Hace pocas semanas se presentó en Chile el libro Buelos barios: boladas boludas, en la Editorial Piélago, que recopila material inédito de Lira entre cuentos, poemas, collages e ilustraciones. Una década atrás se publicó la recopilación de textos Declaración jurada, a cargo de la Editorial Universidad Diego Portales, que junto a Proyecto de Obras completas (editado en 1984 y 2003) forman toda la obra que hasta ahora se ha conocido de Rodrigo Lira.


[1]Perteneciente a la única entrevista que se le conoce. Se puede encontrar en el salón referencias críticas de la Biblioteca Nacional de Chile. No aparecen pistas de medio y autor.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *