La Sátira Política del Siglo XVII

Escribe| Victoria Hermosillo Romero

Artículo publicado originalmente en Témpora Magazine el 4 de febrero de 2016


La sátira, ese género caricaturesco, que buscaba la burla, lo ridículo o la carcajada, capaz de remover las conciencias y calar en la sociedad, de elevar o destronar a validos, de mentar al mismísimo rey, este género perseguido, proscrito, anónimo y clandestino, será una de las manifestaciones literarias más relevantes a la hora de comprender las rivalidades y oposiciones de diversos sectores frente al gobierno.

Para desarrollar este artículo nos vamos a centrar en la obra fundamental del autor Teófanes Egido, Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Valladolid, especialista en Historia Moderna.

Este autor, en su antología sobre la poesía satírica española, nos habla del nacimiento y apogeo de la sátira desde los tiempos de los Reyes Católicos hasta la caída de Godoy, pero más concretamente, Egido resulta fundamental para comprender la dimensión interna de este fenómeno y las consecuencias irreversibles que este género tendrá en la sociedad y en la política:

En una época donde los medios de expresión son harto mermados, la sátira se torna en un instrumento formidable de ataque que vapulea inexorablemente a los recaudadores de impuestos, consejeros de los reyes, validos, primados, primeros ministros, etc.

La sátira política surge en España fruto del desarrollo de las monarquías como sistemas políticos consolidados, el nacimiento de los organismos, de los consejos y el complejo sistema polisinodial que dio lugar a un intrincado juego político, que tejía a su antojo los derroteros del destino del imperio español. Desde las llamadas Quexas Castellanas en tiempos de los Reyes Católicos, las cantigas dedicadas al gobierno extranjero de Carlos I, hasta la caída de los Austrias y la llegada de los Borbones, la sátira está presente a lo largo de la Historia de España de la Edad Moderna.

Nace, por lo tanto, como medio de expresión de la oposición al poder, generalmente ante medidas bastante impopulares como la subida de impuestos, recaudaciones, políticas de reclutamiento y belicistas. Pero no nos equivoquemos, como bien señala el especialista Teófanes Egido, la sátira fue fruto no de las clases populares y humildes como se suele tender a interpretar, sino que por el contrario surgieron de la pluma de los poderosos, la nobleza, el estado acomodado, que poseía los medios, la cultura y la protección suficiente como para realizar estas publicaciones. Lo que nos induce a error es el lenguaje, la retórica y el aire de popularidad que tienen estas sátiras, como indica Egido. Si bien es cierto, por otra parte que entre los más humildes también proliferaban coplas y refranes de aire burlesco y satítico. Pero si indagamos sobre aquellos autores de la sátira que han trascendido, comprobamos que su origen nada tiene que ver con el pueblo, sino que más bien se encuentran en las antípodas de las clases populares tanto en ideología como en intereses.

Normalmente, señala también este autor, el auge de este género literario suele coincidir temporalmente con el desgaste de los sistemas políticos, la caída, agonía o despeño del gobierno y las irremediables consecuencias que se manifestarán en el país. Pero lo irónico es que, una vez más, será el ataque personal y directo el que lleve la voz cantante en estas composiciones, en lugar de centrarse en reflejar aquellos graves problemas políticos, sociales o económicos de la España de aquel entonces (pese a que también se encuentran reflejados). Se recurre a lo chabacano, a la sátira burlesca de las imperfecciones del sujeto, el insulto fácil, los tópicos, muchas veces exagerados y de cariz casi de prensa rosa, que se irán repitiendo cual látigo hasta la caída de los personajes agraviados en cuestión (se ponen en manos del dominio público los escarceos amorosos de los satirizados, sus costumbres perversas, defectos físicos, muchas veces inventados o exagerados hasta términos fantasiosos).

En este artículo en particular nos centraremos en la composición satírica política del siglo XVII, que contó entre sus filas con ilustres personajes históricos como Francisco de Quevedo y el Conde de  Villamediana, ejemplos que a continuación analizaremos.

Antes de comenzar, debemos tener en cuenta el complejo contexto en el que nos encontramos y cómo éste influye de forma decisiva en el desarrollo de diversos panfletos, manuscritos y poemas dedicados al «mal gobierno» de España.

Las grandes «joyas» de este género surgen conjuntamente con  la figura de los validos, que fueron las grandes víctimas de la invectiva. De este modo podemos llegar a afirmar que la sátira contribuyó en gran medida a la caída y la impopularidad de muchas grandes figuras políticas de la Historia Moderna de España. Se trata de la sátira de ascensiones y caídas, como bien nombra Egido, en la que la larga lista de nombres pesará sobre las espaldas de este ácido y cáustico género: Lerma, Uceda, Conde duque de Olivares, Haro, Valenzuela, De Austria, Oropesa… y así hasta Godoy.

Los validos surgieron como respuesta al decaimiento político de la figura del monarca autoritario, que gestionaba absolutamente todos los aspectos del gobierno, tal como fueron Carlos I y su hijo Felipe II. Con la llegada de los llamados Austrias Menores, en España se establece la figura del primado, la persona allegada al Rey, de su confianza y máxima cabeza responsable del devenir de la nación tras el propio Rey. Por ello, continúa Egido, se puede apreciar la existencia de una clara relación entre el apogeo de la sátira política y la presencia de reyes débiles. No obstante debemos destacar el hecho de que nuestros autores satíricos jamás dirigirán su afilada pluma contra la institución de la monarquía ni contra el monarca (salvo excepciones); simplemente se limitarán muy vagamente apenas a mencionarlo y descargarán toda su furia contra sus favoritos y consejeros.

Conde de Villamediana. Fuente.

Conde de Villamediana. Fuente

Comencemos, pues, con el primero de nuestros protagonistas, el Conde de Villamediana, Juan de Tassis y Peralta, Correo Mayor del reino, temerario y mujeriego, libertino, desterrado en varias ocasiones, declarado enemigo del Duque de Lerma, que se convierte en el principal objetivo de sus crudas sátiras. Este autor es uno de los primeros en escapar del anonimato de este género, firmando las composiciones con su nombre. Su sátira centrada en Lerma rezumaba odio y rencor, tratándole de ladrón y embaucador (barbero del dinero de España), si bien es cierto que la ambición de Lerma era harto sabida. En sus obras como su Glosa a la Copla le tilda de mayor ladrón del mundo:

 

El caco de las Españas,

Mercurio, Dios de los ladrones,

Don Julián de las traiciones,

Se retiró a las montañas,

Donde con gigantes mañas

Esconde injustos tesoros,

No ganados de los moros,

Como bueno peleando,

Mas, ruín rocín, robando,

Con su legión de cachorros.

Pese a la predilección de Villamediana por Lerma (perseguido incluso después de su caída y destitución), no solo hacia él dirigió su sátira, sino que Uceda, Cladrón o Tobar también fueron objetivos de su pluma, incluyendo al Conde Duque de Olivares, del que se sospecha su participación en la trágica muerte del Conde de Villamediana, asaeteado en pleno centro de Madrid. Al parecer no se sabe quién fue el culpable de dicho crimen ni se pudo apresar al ejecutor, pero muchos pudieron deducir los motivos: el intempestuoso comportamiento del Conde, así como sus escándalos amorosos, las rivalidades que ello suscitaba, o su agresiva pluma.

También en esta literatura se filtran ciertos sucesos de especial relevancia política que resultaron contrarios a los intereses de algunas minorías. Claro ejemplo de ello es la sátira del Conde de Villamediana dedicada a la Corte en Valladolid.

Parió la reina, el Luterano vino,

Con seiscientos herejes y herejías;

Gastamos un millón en quince días

En darle joya, hospedaje y vino.

 

Hicimos un alarde o desatino

Y unas fiestas que fueron tropelías

Al ánglico Legado y sus espías,

Del que juró la paz sobre Calvino.

 

Bautizamos al niño Dominico,

Que nació para serlo en las Españas.

Hicimos un sarao de encantamiento.

 

Quedamos pobres, fue Lutero rico.

Mandáronse escribir estas hazañas

A don Quijote, a Sancho y su jumento.

Esta pieza nace con ocasión de la visita del Conde Howard para firmar los tratados de paz tras la guerra contra Inglaterra. Los tratados en cuestión se firmarían por sus descendientes respectivos, Jacobo I y Felipe III, para lo cual se iniciaron una serie de negociaciones que llevaron a la visita de Lord Howard a la Corte de Valladolid. En el poema podemos apreciar términos como luterano o ánglico, refiriéndose a los ingleses como protestantes y herejes. También tendrá tiempo el conde de Villamediana de ironizar en este soneto sobre el opulento recibimiento (sarao) que se organizó en honor de los visitantes extranjeros, sin duda con la intención de aparentar una riqueza que las arcas reales no tenían.

Así mismo, también es imprescindible indagar acerca de otra de las figuras que se han mencionado con antelación, Francisco de Quevedo, cuya obra satírica destacó especialmente al reflejar la agonía de la monarquía hispana, cercada por las deudas, las bancarrotas y numerosos conflictos bélicos. No obstante, al igual que nuestro protagonista anterior, Quevedo centró su atención sobre uno de los validos más satirizados de la historia de España: el Conde Duque de Olivares, y al igual que Villamediana, también firmó sus publicaciones, lo que le traería irremediables consecuencias (Quevedo también fue desterrado en más de una ocasión).

Don Francisco de Quevedo. Fuente.

Don Francisco de Quevedo. Fuente

Ningún gobernante del siglo XVII fue tan cordialmente odiado por la sátira política como lo fue el Conde Duque de Olivares; ni ningún satírico consagró el género vil, elevándole a las alturas inusitadas como lo hizo Quevedo.

Teófanes Egido

Para este poeta, la vida política y la cercanía a la Corte estaban a la orden del día. Su visión política y su deseo de ver la mejora de la situación de su país llevaron a Quevedo a mirar deseoso el cambio político que se avecinaba. Por ello, la muerte de Felipe III y la entronización de su sucesor Felipe IV trajeron nuevas esperanzas al poeta. Con el cambio de gobierno también se produjo un cambio de privado del Rey, el Conde Duque de Olivares, Don Gaspar de Guzmán, que parecía dispuesto a erradicar todos los males del Imperio presentando en la Corte un ambicioso programa de reformas políticas y económicas que tenían como objetivo sacar a España de la bancarrota. Si bien el literato comenzó con una cordial relación con el valido, pronto esta se transformaría en un odio incondicional que le llevaría a escribir sus más ácidas sátiras. El motivo puede ser personal, pero, como bien señala nuestro especialista de referencia, Egido, pudiera deberse a la gestión del Conde Duque, cuyo paquete de reformas no pudo solventar los males españoles, por lo que Quevedo culpó de todos los males del país a la figura de Olivares.

Pero no solo dirigió su afilada pluma contra el Conde Duque, sino que por vez primera en el género de la sátira da un toque de atención, no tan  encarnizado como los anteriores  pero si contundente, al monarca Felipe IV.

«El padrenuestro glosado». Décimas:

Filipo, que el mundo aclama

Rey del infiel tan temido

Despierta, que, por dormido,

Nadie te teme ni te ama;

Despierta, rey, que la fama

Por todo el orbe pregona,

Que es de león tu corona

Y tu dormir de lirón;

Mira que la adulación

Te llama, con fin siniestro,

Padre nuestro.

(…)

Ea ya, Felipe Cuarto,

Que en el mundo eres famoso,

Abre el pecho generoso,

Danos de tu sangre un parto.

De quien nunca se vio harto

Del pan que le quita al pobre,

De quien ha bajado el cobre

De quien la plata ha subido

De quien tu reino ha vendido,

Y venderá al mismo Dios,

Líbranos.  (…)

Aquí vemos tanto la llamada de atención a Felipe IV, un rey más hecho al placer de la caza, del teatro y las tertulias que al gobierno, como la demonización de Olivares, causante de las desgracias de España.

Finalmente la insostenible situación de España, el fracaso de las reformas del Conde Duque, las revueltas en Cataluña y Portugal a raíz de esas políticas, las conspiraciones cortesanas contra su figura, todo ello acompañado de la publicación de numerosas sátiras, panfletos y libelos dedicadas al valido, determinaron su caída, la pérdida de confianza del monarca y finalmente su destierro.

Estos dos ejemplos nos demuestran cómo durante el siglo XVII la labor de la sátira se intensifica llegando al culmen del ingenio y corrosiva inventiva de mano de dos grandes poetas y literatos españoles. Del mismo modo, como historiadores podemos apreciar la utilidad de este género por un motivo fundamental: Esta literatura de lo burlesco y de lo vergonzante, esta forma de atacar y enarbolar los intereses de ciertos privilegiados que sin embargo acabaron por calar entre los estratos sociales más empobrecidos, es sin duda un tesoro literario, sin grandes adornos ni de gran belleza compositiva, pero imprescindible para entender la historia de España y sobre todo la oposición de las clases acomodadas a los grupos gobernantes que siempre existió.


 

EGIDO. T.,  ”Sátiras Políticas de la España Moderna”,  Madrid: Alianza, 1973.

FLORISTÁN. A. “Historia Moderna Universal”, Madrid: Ariel, 2007.

MARTÍNEZ. J. M. “Sátira y entremés en el siglo XVII”, Centro virtual Cervantes. AISO. Actas IV, 1996.

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