Una muestra de textos que recorre la obra poética de Bernardo Colipán Filgueira
Bernardo Colipán Filgueira (Chaurakawin, 1967) es un poeta y profesor de Estado en Historia y Geografía al sur de Chile. Maestro en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Ha publicado, entre otros, los libros de poesía Arco de interrogaciones (Lom Ediciones, 2005), Comarcas (EAF Impresiones, 2013) y Wajmapu wixal. El tejido poético del wallmapu. Antología de poetas mapuche actual (2021); y los libros de ensayo Pulotre: testimonios de vida de una comunidad huilliche, 1900-1950 (1999), Forrahue: Matanza de 1912 (2012) y Diálogos bajo el volcán (2019).
El último poemario de Colipán es Cuadernos del nampülkafe (2024) publicado por el sello Provinciano Editores en Chile.
A continuación, en nuestro espacio «El fuego de cada día», compartimos una muestra poética que recoge textos de los distintos libros de poesía de Bernardo Colipán Filgueira, publicados a lo largo de las últimas dos décadas.
Arco de nguillatun
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El invierno trae en sus ojos
caminos por donde se alejan
todas las carretas.
Fantasmas buscando el vino
que brilla en la oscura
soledad de los armarios.
Aún nos queda buscarnos
calor en nuestros cuerpos
como se busca la moneda más escondida
dentro de los bolsillos del padre. Soñarnos
los unos más fuertes que otros mordiendo
el mismo cordón umbilical.
Iniciar el camino de regreso
a esa parte del mundo donde uno podría
escuchar la respiración del río. Ver
la soledad girando
como una rueda
en torno a su propio movimiento.
Allí uno podría sorprender
a Wenteyao mirando al vacío
mientras sostiene un jarro
de agua entre sus manos.
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De Arco de interrogaciones (Lom Ediciones, 2005)
Difícil como el de Sechuán es el camino a Panguimapu.
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Poco antes de nacer Li Po
su madre soñó que en su seno caía el planeta Venus
y por eso le dio el nombre de
de Po, que significa «el luminoso».
Sechuan,
la tierra en que anduvo el poeta
está llena de cerros y montañas
de difícil acceso
como aquí en Panguimapu donde siempre
vuelves como el hermano muerto
a recoger tus últimas pisadas.
Como estás solo invitas a beber
a tu sombra y a la luna
el último trago.
Más la luna no sabe de bebidas y tu sombra
se limita a imitarte.
Un ojo desnudo en la noche es la única luz imaginable.
un sol
de otra parte les tiende la mano.
La memoria dibuja el rostro
de la mujer que amaste en la cosecha
de mil novecientos cuarenta y el rocío
se sostiene
borracho entre las hojas de los árboles.
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De Arco de interrogaciones (Lom Ediciones, 2005)
No todas las noches son como las de Quenac
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No todas las noches son como las de Quenac.
(Corazón de tierra en Chono).
Ni detrás de todas las edades se oculta el tiempo.
Antes que los mapuches descubrieran el fuego
cada estrella era un antiguo abuelo
. iluminado
que cazaba avestruces en la noche.
. El nocturno
canto de la guada
. anunciaba
enfermedad y muerte. Detrás
del silencio se encontraba el hombre.
Yo quisiera tanto que recordaras.
Mi madre acogía mi mano en la suya:
había barro, lluvia, gente y tanto
ruido, que sólo tengo memoria
. de la noche
apretándose en mi cuerpo.
. Aún
no olvido mi Título de Comisaria
ni el Tratado de Paz de 1793.
. El silencio,
. tú sabes
es un rostro semejante a un espejo olvidado.
. Duerme
oscuro dentro de su vejiga y el tiempo
se encarga de unir a quienes
se encuentran, sin hacer ningún ruido.
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De Arco de interrogaciones (Lom Ediciones, 2005)
Poema I de Comarcas
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Pound vivía en un cuarto grande donde cocinaba y otro pequeño
donde recibía a sus amigos.
A los poetas les buscaba editores, los invitaba a comer y les daba su propia ropa.
También les prestaba dinero.
Los sacaba de la cárcel y les presentaba a mujeres ricas.
Pasaba la noche con ellos , les pagaba el hospital y les rogaba que no se suiciden.
Eliot le dio el borrador de Waste Land para que lo corrigiera.
Pound con un lápiz azul
lo redujo a la mitad.
Pero tus amigos extraños y montaraces,
maloqueros y conchavadores.
No prestan libros ni mucho menos lo devuelven.
No hablan del camino de retorno a los espejos.
Como un caracol perdido vuelven siempre a sí mismos
al temblor,
a la mano que arruga una rosa de papel.
Buscan el lugar que algún día nunca habitarán.
Creen que encendiendo una lámpara en la noche
encontrarán su último cigarrillo, el polvo
el farol amarillo
y la mano que siempre tuerce las palabras repetidas.
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De Comarcas (EAF Impresiones, 2013)
Poema II de Comarcas
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Hace tiempo que en la Comarca no se escriben poemas de verdad.
Ni siquiera poemas de amor.
La mayoría de ellos hablan de fugitivos de la justicia.
Mujeres abandonadas, cautivas y prostitutas.
Hombres que transitan por pulperías, fuertes y villas
portando cuchillos y armas de fuego.
Sin embargo tú hablas del despojo de las lluvias.
Del dormirse en el vientre húmedo de las semillas.
Del gusano que busca en domingo las mareas de su sal.
De la madre que lame a sus hijos, del perro
que busca la mano torcida del silencio.
Es difícil creer en estas historias,
cuando las escribe un contrabandista.
A veces es bueno detenerse para mirar la extrañeza en los demás.
Pero tú vas de viaje, siempre vas de viaje.
Lo más probable que nunca escribas poemas de amor.
Yo esperaba que me dieras los primeros jacintos de la estación.
Y me dijeran :
«Ahí viene la chica con los primeros jacintos de la estación» .
Pero no podías hablar y te fallaban los ojos, no entendías nada
aún mirando el corazón de la luz.
Yo sigo leyendo poesía buena parte de la noche.
Es media luz en la mitad del olvido.
Recuerdo por un breve instante que junto a mi cuarto,
hay mujeres que venden su cuerpo.
Y sería largo contar que por la mañana siempre estamos cansados.
Que bebimos, acuérdate, copas de vino en celo.
. Caro se pagan
. los agravios
. en la comarca, poeta.
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De Comarcas (EAF Impresiones, 2013)
Matadero de Osorno
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No es casualidad que el matadero se construyó en mi barrio
junto con la llegada del ferrocarril.
Cuando cambia el viento se siente el olor de tripas hervidas.
Por las tardes los funcionarios regresan a sus casas y comienza
un nuevo turno.
En las noches se encienden las luces del matadero.
Avanzando la madrugada se escucha con más nitidez
el gemido de los animales
que vienen de los fundos de Fuschlocher, Follert y Hott.
En el turno de noche de los viernes
hay un matarife que hace llorar a los animales.
Se nota que disfruta degollándolos.
Es un hombre de mediana estatura.
Viste un overol azul de mezclilla.
Lleva el pelo corto y usa un bigote de cabo primero.
Algún día será mi perseguidor.
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De Cuadernos del Nampüllkafe (Provincianos editores, 2024)
Overol, azul de mezclilla
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En el periodo del cacicado Neipán, San Juan de la Costa no tenía caminos,
pero había iglesia.
A ella acudían todos mis parientes.
El año redondo pasaban en las fiestas de San Sebastián,
San Pedro y San Pablo,
San Juan Ngenechén, Perpetuo Socorro,
Purísima.
En la misión escuela mi padre aprendió a desfilar,
escribir y rezar.
Para los varones había bandas de guerra.
Para las niñas, labores de casa.
Les cortaban el pelo y trabajaban de temprano en los talleres
de costura y carpintería.
Mi abuelo vivió su infancia
embutido en el país overol.
De grandes eran rociados con lindano,
luego conducidos hacia Osorno.
Los hombres para el servicio militar.
Las mujeres para el servicio doméstico.
Servicio al fin, les decían.
Para ser alguien en la vida.
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De Cuadernos del Nampüllkafe (Provincianos editores, 2024)
Los colores del nampülkafe
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Yo era joven y lleno de sueños proféticos.
Llevo tiempo caminando.
Salimos un grupo de parientes
que se fueron quedando en el camino.
De tanto caminar sin hallar nada,
echaron a andar la esperanza.
Con el tiempo se hicieron panaderos, normalistas,
jornales.
Anda a saber tú.
Afiladores de cuchillos.
No sé.
Algo habrán encontrado en ello.
Lo cierto es que yo sigo caminando.
En algún lugar, me digo, encontraré la Comisaria
que nos dejaron los abuelos.
Cargo el título de propiedad en una carpeta de nailon azul.
Para que no se moje con la lluvia.
que ha sido mucha,
ya perdí la cuenta desde que salí.
La humedad con las rodillas después de vivir emparejados
se buscan. Esperan la primera gota
de lluvia que le avisa del encuentro
en el centro de la médula.
Envuelvo mi cintura con una faja y camino derecho.
Seguramente hay otras maneras de evitar que el frío llegue a los riñones.
Pero yo tengo mi faja color cochinilla,
parecida a un abrazo de mujer.
Yo conocí a una que bailaba.
Pero no lo hacía bien.
Sonreía en ese tiempo con todos sus dientes.
A la entrada del invierno le regalaba un calzón
tejido con lana roja.
Ahora no recuerdo bien el color
que tiene el inicio de un viaje.
Me hablan de un tono negro azulado
que da un barro que se encuentra
en la orilla del río, muy cerca de la trupa
que crece tupida y tiñe de color amarillo
a los muertos abandonados en el camino.
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De Cuadernos del Nampüllkafe (Provincianos editores, 2024)
El carnicero Elgueta escribía poemas de amor
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El carnicero Elgueta, a pesar de ser muy diestro con el cuchillo, con la misma mano que
degollaba animales le escribía poemas de amor a su amante, tres veces por semana. No
conozco a nadie que haga lo mismo por una mujer que ame. Pero Elgueta lo hacía. Tal vez
Carvallo, el peluquero, lo haga, pero no lo sabemos. Nezahualcóyotl, emperador azteca y
poeta, con las mismas manos que escribía poesía arrancaba los corazones de los cautivos
para arrojarlos, humeantes, a la imagen de Tláloc.
No es asunto mío, ni de nadie, impedir la vieja costumbre que une al cuchillo con la vieja
poesía.
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De Cuadernos del Nampüllkafe (Provincianos editores, 2024)
El pintor Paul Klee dibujaba un ángel
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En 1920 el pintor Paul Klee, dibujó un ángel con tinta, tiza y acuarela.
Un año más tarde, Walter Benjamin,
vio que el ángel miraba con horror al pasado y un fuerte huracán
lo arrastraba al futuro.
Quería cerrar sus alas. Regresar.
Despertar a los muertos y componer lo destruido.
El primer recuerdo de Walter, debió haber sido como una gota de sudor
que se pega en la frente, luego de correr por un camino polvoriento.
La pregunta que hizo nos construyó el mundo que vivimos.
Uno puede ir donde quiera, el problema es no tener donde regresar.
Ni los muertos estarán seguros ante el enemigo que vence.
El ojo único de la historia, nos impide salvar a nuestros muertos.
Hay que ver con el corazón el sufrimiento. Romper el tiempo
para salvarnos del instante del peligro.
Pero a ti Benjamín te sigue la Gestapo desde los Pirineos.
Llegas a Portbou de la España franquista.
Te siguen y quieren dar con el judío marxista.
La morfina. El suicidio. La señora Gurland que anota tu mensaje.
Amanece.
No se habla de la memoria, para no despertar el olvido.
Anochece.
Sin pilas la linterna que abría un puente de luz en la oscuridad.
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De Cuadernos del Nampüllkafe (Provincianos editores, 2024)

