«El polvo del telar» de Rubén Alabarce en cuatro poemas

Rubén Alabarce (Salobreña, 1985). Es licenciado en Filología Inglesa y guía oficial de turismo en Granada, formación que ha favorecido su vinculación con el ámbito literario, artístico y cultural. Actualmente ejerce como profesor de enseñanza secundaria.

Sus poemas han aparecido en revistas internacionales como Santa Rabia Poetry o Sindh Courier.

En febrero pasado se publicó su primer poemario El polvo del telar (Talón de Aquiles, 2026), un libro en el que propone un «bestiario emocional» donde el duelo amoroso se cartografía a través de la simbología aracnológica. Precisamente de este título provienen los cuatro textos que compartimos con vosotros en «Lxs que vienen».


Araña Davidbowie

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Han encendido luces azufre
en una fiesta donde
nada hay que celebrar.

Suena una de Bowie
en círculos danzantes
de discordante griterío.

La comparsa viste
bajo tintes sociales
esa vivida soledad.

Abordan el banquete
hileras de arañas
con ideas suicidas.

Al picar la ansiedad,
se siente el rocío
gélido en los párpados.

Los cuerpos arrítmicos
se tendrán que acoplar
eternamente aquí.
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De El polvo del telar (Talón de Aquiles, 2026)

Araña del olvido

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Aborrezco que te amo.

La boca empañada balbucea,
aún lacerada en esta pelea
para que tu nombre por doquier
se encofre en lorquianas canciones,
momentos de un ayer
donde la ropa se arrancó a jirones.

Aborrezco que no te amo.

En una fosa
de amor ya enterrado,
sin aire se derrumba
mi piel abatida
bajo un verso callado.
Guarda en silencio,
sepulturero,
con clavos de acero,
mi ahínco quebrado.

Aborrezco que te olvido.

Embriagado en el recuerdo,
en una colina sin nombre,
hallo en las damas de noche
aromas de antiguas casas;
tu presencia en mi ojo.
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De El polvo del telar (Talón de Aquiles, 2026)

Tarántula azul

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La pena ha tintado las calles de azul,
borrando besos de los enamorados,
aguando palmas de niños al sur,
mezclándose, tóxica, en callejones,
arremolinada en el humo de coches,
robando, indiscreta, el verdor del abedul.

La ira se anuncia en ese escaparate:
prendida en llamas de cándalos.
Seduce a instintos vándalos
que han robado el sagrado corazón,
deshuesando sentido y razón,
para volver a desenamorarse.

La desidia se perfuma de mujer,
encadena el deseo en cada pared,
para que la esperanza muera de sed
y se acople, a gritos, a las sirenas
que plácidas gobiernan, como serenas,
hasta que el alba venga a romper.
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De El polvo del telar (Talón de Aquiles, 2026)

Viuda negra

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Levitan dos viudas,
con sangre en mano,
deshuesando pies
de dolorosos amores
en la luz quebrada
que aguarda horrores
en la hoja afilada.

Sus penas esclavas
enredan en cipreses
soléas gitanas
para la Alhambra.

En la roja colina
consumen su martirio
con daga de agua,
jazmín y luto.

Huyen por Realejo,
cenizas de aire muerto.
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De El polvo del telar (Talón de Aquiles, 2026)

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