Poemas inéditos de Gabriella Nuru

Gabriella Nuru (Madrid, 1994) es poeta, investigadora cultural, y activista afrodescendiente. Estudió Sociología, pero su pasión por las artes siempre ha ido por delante y ha intentado alinear ambas corrientes (la artística y la social) lo máximo posible. En su trabajo aúna diferentes corrientes artísticas, como la música y el cine, para descubrir y entender otras formas de expresión a través de las artes y la palabra. En su poesía intenta dar luz a lo que nadie ve. Explora el tema del amor, la enfermedad y la pérdida, así como el sentimiento de otredad y la lucha constante a la que en la mayoría de las ocasiones se ha visto obligada a estar y permanecer como tantas otras personas que forman parte de las mal llamadas minorías. También, es cofundadora del colectivo UhuruValencia y ha formado parte de publicaciones y libros como Metamba Miago, historias y relatos de mujeres afrodescendientes, así como de otras revistas y publicaciones. Además, es colaboradora de la revista online vein.es. En sus artículos explora diferentes temáticas y entrevista a artistas emergentes. Actualmente está trabajando en su primer poemario.

Estos poemas de Gabriella Nuru están atravesados por una tensión constante entre el desarraigo y la necesidad de recuperar sus raíces: “Tengo dos continentes en mi aurora. No me mires demasiado, / no intentes borrarme la sangre”. Esta es la voz de una mujer afrodescendiente que expresa desde la reivindicación de la propia identidad las diferentes experiencias que la atraviesan: “No existirá más la mujer negra y rabiosa / … Honraré a todos los ancestros que me sembraron semillas por dentro”. En su poesía, la recuperación y la sanación aparecen representadas como un proceso particular, ligadas a la reconciliación con una misma y con un pasado familiar que se arrastra, a veces con orgullo, a veces con dolor: Mil veces a la luz del sol / he ocultado mis raíces. /…Me he ocultado a mí misma y / queriéndome ver reflejada en / lo imposible he traicionado a mi linaje entero.”

Los poemas de Gabriella Nuru se pueden leer junto a los de Katia – Sofía Hakim en la nueva columna de la Revista Aullido, “Alguien se acordará de nosotras” (título elegido en honor a Safo). Esta nueva columna tiene como objetivo continuar el proyecto comenzado en el “Especial feminismos de marzo”, con la idea de crear un espacio para compartir y visibilizar poesía relacionada con temas y problemáticas feministas, con una perspectiva diversa, transversal e interseccional.


 

Raíces

Mil veces a la luz del sol

he ocultado mis raíces.

 

Cual máscara he puesto barniz y

hasta a la sal del océano he temido.

 

Me he ocultado a mí misma y

queriéndome ver reflejada en

lo imposible he traicionado a mi linaje entero.

 

¿Por qué me duele tanto

el pasado ahora?

Huyo hacia mi piel propia

y le pido disculpas.

 

Me poso en el azahar para sentirme musa

y me recojo el cabello; le canto despacio

los himnos de la revuelta y veo cómo

recupera su forma de espina y machete.

 

Esta ambigüedad es mía, esta textura lo

sacude todo a la fuerza.

 

Me libero de la deshonra

y busco mi bautizo tardío.

 

Aquí hay magia, esta es mi resistencia bendita

hecha de nudos y formas imperfectas,

de agua cálida que no empapa, de llantos y dilemas.

 

Me estoy devolviendo la alegría,

mis raíces están aprendiendo a desprenderse de la culpa.

¿Dónde están los padres?

No me resigno al silencio agudo.

Es por eso que me escapo de mí

y grito: ¿dónde están los padres de este mundo?

 

Ya mi flor de loto no existe y solo

quiero encontrar el pasado, palpar las memorias despacio,

susurrarles al oído un te quiero.

 

Quiero trazar mi Dorado y con él inventarme un camino.

Quiero estar de nuevo en esos brazos perdidos

y posponer por siempre la vuelta.

 

Llévame dónde tú sabes, donde la forma no se deshace

y la esperanza no sabe de olvidos.

 

¿Dónde están los padres? ¿Dónde están los padres?

 

No quiero ser la de las tendencias suicidas

ni la Gabriella de clavo y canela.

 

Solo tengo un deseo y

es encontrarte en la puerta vestido.

 

Quién me pondrá un espejo delante para

obligarme a ver mi reflejo.

 

Cómo alzarás a mis hijos futuros en brazos

y me besarás despacio mientras yo me despido.

 

No quiero seguir ardiendo en esta memoria inventada,

mejor encontrarle a todo un sentido.

 

Esperar que el futuro cante nanas de guerra

que saben a lejanía y viento.

6 de abril

Ojeras como océanos atascados en charcos,

¿cuántos hijos nacerán de ellos?

 

Escribo frente a mi niebla. Esto es, mi ansiedad de sacar todo.

 

Tenían razón los astros, me esperan tiempos difíciles y no sé si los superaré.

Esto último lo añado yo.

No tengo expectativas de este cuerpo-casa-hogar herido tempranamente, más allá que

acepte mis disculpas por abusar tanto de sus límites y paciencia.

 

De no ver cómo tiemblan mis manos como señal de alarma y alerta.

 

Perdón por la fina línea que separa la desesperación, la agonía y el irrespeto.

Halo descompuesto

Llegué tarde, que me perdonen el tiempo, la furia y las ganas.

Estuve recuperando mi mirada alerta, desprendiéndome de todo.

 

El cuidado ya no existe. En mis poemas busco matarte del futuro.

 

Estas sombras que llevo a cuestas son enfermedad y la vida no espera.

 

Divagando rotunda me encuentro. Hoy no es banal.

En nada concreto me fijo.

 

Qué largo es todo lo que he acumulado, mi mera historia se quedaría

corta.

 

Todo son recordatorios en estas calles y paredes vacías.

Mi destino es estar curándome continuamente.

 

Y este aire que respiro tal vez fue creado para no compartirlo más nunca con nadie.

 

Soy eso que no ven mientras escapan a su propio mundo.

 

Soy un buen sueño a punto de romperse.

Poema 1

Vuelvo a ser la persona a la

que se le dan las gracias.

 

Buenas tardes, hasta nunca y que te vaya bien.

Gracias por dejarme navegarte todos días por última vez la boca descubriendo que es

un lugar impuro pero sagrado.

 

Vuelve la torpeza y la duda mientras los ángeles aguardan.

 

Triste y vacía es una melodía que mi memoria reconoce.

 

Mi columna vertebral en ese verano cuando nos miramos a los ojos y nos dimos cuenta que

la vida era fugaz y podíamos morir en cualquier momento.

 

Pero tu huida sonaba mejor aunque nuestra lucha fuera siempre la misma.

 

Me conoces a pedazos, o debo decir, me conocías. El amor es un verbo realmente que se enreda

solo en misiones largas e imposibles.

 

Desde arriba hasta abajo, ¿es realmente la telepatía suficiente?

Esta limpieza no es casual.

 

Ojalá pudiera secarte la lluvia que nace tardía de tus ojos y en cada momento no dejar

de olvidarte.

Sobre la sangre

Mi madre me dio la esencia, mi padre el espíritu.

 

El idioma se quedó mudo en todas las reencarnaciones

y corto el recorrido que me llevaba de vuelta a mi

inocencia más temprana.

 

Tengo dos continentes en mi aurora. No me mires demasiado,

no intentes borrarme la sangre.

 

¿Soy acaso yo la luz? A veces no entiendo cómo

algo tan sombrío puede tener vida.

 

El enigma no existe, estoy aquí para quedarme

y no sé si todavía lo entiendo.

 

La rabia de la que me agarro es real,

mis ojos tristes no mienten.

 

Aunque me sigan torturando esas pesadillas paralelas

supongo que todavía la fe es más fuerte.

 

No dejes que me quede dormida entre tanta nieve y delirio.

 

Lo único que quiero tal vez es un beso

de buenas noches que me devuelva a mi casa.

 

Mientras tanto sigo caminando.

Cartografía de una familia rota

Quién convirtió a mi padre en fantasma.

Quién hizo de mi madre un puente.

Quién de nosotros se reconoce huella.

¿Quiénes somos realmente?

¿Quién le arrebató a mi padre la posibilidad

de ser protector y compañero?

¿En qué lugar se quedaron flotando mis planes?

Podría morir en este momento con

todos nuestros recuerdos juntos.

¿Dónde está el límite del sufrimiento crónico?

¿En qué memoria se me quedaron los sueños?

¿Por qué no lloré lo suficiente para que esa puerta nunca se abriera?

¿Por qué me sé todas las definiciones de autismo?

¿Por qué el silencio me calma y la soledad me da a veces tanto miedo?

¿Quién me hizo, sin embargo, tan solitaria?

¿Por qué me curé tan pronto del roce cruel y frío?

¿Por qué extraño tanto sucesos que no ocurrieron?

¿Por qué mi madre puente no se convirtió en muralla a mis 18?

¿Cómo es que pese a mi alegría estoy en una

depresión postraumática constante?

¿Cómo es que mi hermano me mira y me quiere sin decírmelo y yo lo siento?

¿Por qué he sido magia y martirio a partes iguales?

¿Por qué todos se esfumaron y nos hicieron tanto daño?

¿Cuándo se creó la palabra auxilio en nuestro pequeño diccionario?

¿Por qué mis abuelos se conformaron con tocarnos el rostro entre pausas temporales?

Realmente, ¿qué es el precipicio y por qué estoy en él desde los 15? Ah, lo sé.

Quiero crear una balsa, con mi tristeza un lago y reunir poco a poco a todas las almas

que se creen olvidadas.

Abro la herida. Si hago que esto sea urgente quizá en el camino alguien me vuelva a enseñar

cómo estar entera.

DESAFÍO TODO

No volveré a ser producto de nada ni de nadie.

No se hablará de negritud inconsolable.

No existirá más la mujer negra y rabiosa.

No me quedaré nunca en mi sitio sin hacer ruido.

No navegaré sin rumbo, no seré la negra que tú quieres que sea.

No me dividiré más ni me colonizará ni una sola persona.

Me enfrentaré a la aversión y la miraré desafiante.

Estudiaré mi historia y me reconoceré tesoro.

Honraré a todos los ancestros que me sembraron semillas por dentro.

Recordaré a mi abuela diciéndome que quizá no todo vale la pena.

No quiero dejar nuestra canción a medias. Espérame madre que termine mi revuelta.

Espérame porque tal vez soy MÁ GI CA y me cuesta expresarme pero todo lo que me rodea

habla por sí solo.

Porque todavía busco casa con identidad propia, reparación de todas estas realidades.

Futuro donde pueda existir celebrándome siempre.

Gracias a mis cabellos enredados que suben y caen según ellos quieren.

Que son manifiesto político aunque no lo deseen pues se demoran en esconderse siempre.

Vuelvo a ti como guarida, consuelo y arma de defensa.

Soy, con todo, íntegra y entera.

Precipicio pagano

Tengo algo que se me atora en la garganta

y no sé cómo llamarlo.

 

Todas las palabras en mi lengua nativa se quedan cortas.

 

Busco atajos para devolverme el aliento

y solo encuentro como respuesta el silencio.

 

Me arrebatan el cuerpo,

me arrebatan el cuerpo y siento

cómo mi sien palpita una súplica quebrada

y me doy cuenta que estas son las últimas

que llevarán mi voz y mi nombre.

 

No pongas candelas al lado de mi muerte.

Deja que la atraviese la nada de nuevo.

 

Mi piel es prueba de lo breve y feroz

de este grotesco mundo.

 

Ahora descanso a la fuerza.

Maldición, no me bendijeron lo suficiente.

Necesito otra vida.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *