David Refoyo: «Melros»

David Refoyo Adonáis MelrosDavid Refoyo (Zamora, 1983). Licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas, trabaja como diseñador gráfico y creativo publicitario.
Ha publicado las novelas 25 centímetros (DVD Ediciones, 2010) y El día después (Ediciones Lupercalia) y los poemarios Odio (La Bella Varsovia, 2011), amor.txt (La Bella Varsovia, 2014) y Donde la ebriedad (La Bella Varsovia, 2017).
También ha coordinado la antología Tiros libres. Relatos de baloncesto (Ediciones Lupercalia, 2014) junto a Patxi Irurzun y Daniel Ruíz García.
Lidera el proyecto «Refoyo y SusHijas», donde combina spoken Word, música y audiovisuales.


CANTO CUARTO
caminos de baldosas amarillas

La paz os doy y déjoos

María Victoria Atencia

Conozco las lindes y la reses/ los caminos mil veces pisados/ por otros que se llamaban como nosotros/ que se querían como nosotros/ que albergaban inocuas esperanzas como nosotros/

Hablo en presente. Ellos en futuro/
Creen en un mañana bíblico, tantas veces prometido.

//Pausa para la publicidad: tiempo eucarístico//

El edén será hoy o no será/
// balizas/ arroyos cuya música es confín y puente/ pábulo oleaje y mudanza: victoria/
Un grupo de entusiastas ora al margen del sendero/ y su espíritu nos acompañará hasta el sepulcro/ En la última hora/ La de la envidia y los documentos testamentarios/

Las zapatillas sólo se marchitan en el armario/ en la polilla/ en el insecto harinero que contamina la mañana/ la palidez del asiento/ Confort para la clase media/

Sólo caminamos
con algunos poetas en la cabeza.

Versos convertidos en intersección/ en epitafio/ Tocomocho al fin.

Versos que otros recitaron antes que nosotros/ que se querían como nosotros/ que hablaban de la senda y del esfuerzo como nosotros/ Un vulgar charlatán de la business class/ canal de youtube/ 50.000 ejemplares vendidos/ otra conferencia en la Cámara de Comercio de Texas (Aliste. Western).

Ascendimos el Monte do Gozo/ atrás los anaranjados valles de Samos/ la esclerótica tortilla de patata del Alto do Poio

/ Necesidad o sustento/

No hizo falta móvil ni agua.
No necesitamos Wi-Fi ni ADSL.
No pulpo. No Ribeiro.
No cash.
No divinas zapatillas Decathlon para seguir adelante.

Sólo te necesité a ti y
.                         a las canciones.

Una sensación brava y estéril/ prerrevolucionaria/ que otros habían sentido antes como nosotros/ otros que se querían como nosotros/ que hablaban de la eternidad sin un diccionario cerca/ 400 años de Cervantes/ minúsculas librerías/ otro pasito más para La Meca.

Como nosotros.

Ellos hablaban del mañana.
.                          De la sombra.

Y nosotros. Nosotros no:
.                          inventamos un nuevo lenguaje.


CANTO DECIMOQUINTO

No soy de aquí: me tiñe una mudanza

Willy Mickey

Perdimos la fe
entre acordes perfectamente reconocibles:
.         un coro de proxenetas entonaba el Réquiem.

La cerveza dejó de ser una excusa razonable.

Cercados por lo extraño,
por una melodía que abarcaba desde la enfermedad
a los últimos nacimientos.

Es semiótica, pensé.

Cuántos litros son necesarios para dinamitar una estructura,
para soterrar la secuencia del ADN.

Para la devastación de los cultivos veraniegos.

Nos hablan los mitos desde el otro lado del póster,
por qué nunca el fotógrafo o mamá desde el cuarto de estar.

Nunca dicen dolor. O tristeza.
Nunca dicen.
.            Nunca.

Han asfaltado la vieja carretera del embarcadero.

Hombres enviados por las administraciones
te invitan a estrenar el firme
como si nunca antes hubiera sido.

Como si la mezcla no cargara con recursos anteriores
en un específico ejercicio a favor del reciclaje.

Materia y piedrecitas minúsculas que ya fueron camino,
brea, alquitrán:
.         carreteras de lejanos puntos del mapa
reconvertidas en senda nueva y constante
hasta el litoral.

No volveremos enteros.

Crecimos mirando al agua, pero no paso a la página siguiente sin haber comprendido bien esta.
Leo despacio. Voy despacio.

Avanzo como septiembre: caluroso y despistado
y de repente enero,
un mes cruel para los mirlos.

Hace tiempo que busco un surco impío,
una semilla arrocera que germine en la humedad,
en el alcohol siberiano que nos protege.

En la poesía que sólo tú comprendes.
.             Que sólo tú eres.

No maté a las musas: maté a García Montero.

Tres disparos sobre su pecho yermo,
camino de Víznar


CANTO DECIMOSÉPTIMO
nadie es turista en la tierra de los turistas

Qué son dos mil metros cuando estás arriba,
cuando te repites paraíso, esto es el paraíso
sin que la niebla arroje eco o quebranto.

Los óleos sobre la cima
en un anárquico brote esquizoide:
el penal pateado de forma inconveniente.

Un genio es aquel capaz de encontrar su hueco en la enciclopedia.

De un lado el invierno, las postales de Noruega y las manoplas.
Camisas hawaianas, discos de Beach Boys y sombreros marrones de paja
      al otro.

Te repites: esto es el paraíso,
tal vez preparando la colchoneta para la caída.

¿A quién tengo en el cielo sino a ti?
Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra.

Un gato mulle las sábanas y aguarda un océano,
.            tres ríos y un afluente más allá.

Enero o por qué los alemanes, los belgas.

El agua tibia y el pico volcánico que sobresale en las fotos.

Nadie es turista en la tierra de los turistas.
No existe la procedencia, quizá el entendimiento.

El lenguaje. La proxémica. La jam session.

¿Ves aquel pico? Se llama Nublo -advertiste.
Pero los habitantes lo llaman el demonio.


CANTO VIGESIMOCUARTO
matar al padre. Y al poeta

Quisieras saber qué razón tiene el atractivo del recuerdo

Luis Cernuda

Por qué obviar los mirlos
si su canción anida en nuestro pecho.

Las sustancias químicas cosechan el milagro
de las ceremonias.

Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones.

Célebres frases sobre los muros
y silencio tras las puertas:
los baños públicos y los medios de transporte.

.             Los pequeños templos que bordean el Camino.

Ahora que conozco el fermento y el poso,
oh señor, descansa en la suave balada de las uvas rojas.


CANTO VIGESIMOSEXTO
aproximaciones

I

Si en ocasiones preferí dormir antes de abrir la boca. No pudiera merecer un espacio mío, un territorio descifrable en pequeños palmos arquitectónicos. Solazarte en el hijo sabio y creer en ti, Señor de todos los despropósitos. Crees en mi mentira porque llevas creyendo en ella tantos años.

II

No vinimos en busca de la siesta y ocultamos las botas en el sustrato de la mochila. Quise quemar los templos y arar las tierras con el crucifijo ámbar del altar mayor. Cambiar la cal de las fachadas por irónicos hologramas inspirados en Banksy. Me mantuve sereno. Y orienté mis rodillas hacia Jerusalén.

III

Pensé en los hijos y sentí pánico. Cómo arrojarlos al cáncer y a las radiaciones. Al desempleo y a las manos traviesas del confesionario. Simiente esparcida sobre papel certificado. Amén.

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