Cinco poemas de Camilo Gómez

Camilo Gómez (Bucaramanga, Colombia, 1984) es abogado y escritor. Vivió la infancia y la adolescencia en su ciudad natal y fue en 2002 cuando se trasladó a Bogotá para cursar sus estudios en derecho en la Pontificia Universidad Javeriana.

En el año 2004, Camilo Gómez publica su primer poemario titulado Adentro, con la editorial Escritores Asociados Ltda. Tras volver de una estancia de seis meses en Melbourne, Australia, publicó su segundo poemario De mis ojos ciegos (Oveja Negra Ltda., 2005). Varios de los poemas fueron concebidos durante su estadía en Melbourne.

Desde la publicación de De mis ojos ciegos, el poeta continúo escribiendo, el poeta continúo escribiendo, pero por decisión propia no volvió a compartir sus manuscritos y poemas hasta que en 2017 es víctima de un asalto y decide dejar la escritura a un lado, y no va a ser hasta el febrero de 2020, cuando se encontraba organizando su biblioteca, que encuentra unos manuscritos propios y que había olvidado. Decide retomarlos e inicia lo que llegará a ser su tercer poemario: Travesía (Ex-Libris, 2021).

Desde su grado como abogado ha trabajado en diferentes entidades y ha sido docente universitario en programas de pregrado y posgrado en derecho. Actualmente dicta la cátedra de derecho en los negocios en la Universidad Javeriana.

La obra poética de Camilo Gómez aborda reflexiones sobre el amor, la existencia, el cuerpo, la ausencia, el tiempo, la política y la religión. En sus poemas hace uso del verso libre y estructuras clásicas (sonetos, romance, rima). Mantiene un estilo, una voz congruente y constante. En sus poemas acude frecuentemente a imágenes florales, fenómenos naturales y elementos de la tierra para provocar efectos visuales y metáforas sutiles y acertadas.


Agua del cielo

Caí.
Y tú que dices vivir, también.
Caímos.
De la nada, del vapor, de una nube.
No fuimos los únicos,
no me sorprende.
Del cielo no se cae solo
lo haces junto a otros,
pero no hay tiempo para la compañía
eso, para algunos, vendrá después.
Caes:
acompañado, pero solo
con semejantes, pero único.
Sientes la brisa tocar tu rostro
ésta
sencilla, ligera y desprevenida
pasa mientras desciendes
parecido
a como lo hace el agua que baja del cielo…
No lo recuerdas, lo sé.
Parte del salto es perder la sensibilidad
y la memoria
¡qué conveniente!
Caemos
de un firmamento sospechoso, pero cierto:
antes azul, antes empíreo
antes edén, después oculto
y lo haremos
siempre lo haremos
pero nunca
como lo hace el agua que baja del cielo.

En Travesía (Ex-Libris, 2021)

Austeridad

Qué hermosa es la noche.
La noche solitaria, la noche silenciosa.
Qué austeros y bellos sus adornos,
una luna, un par de estrellas.
Qué armónico y agradable su respirar,
el grillar de los grillos
el croar de los sapos
el ulular de las lechuzas
el silbar de la brisa.
Qué simple es la belleza,
la belleza de la noche.
Qué sencillo es admirarla
respirarla y en una bocanada
de vida, vivir para sentir
la noche, la vida, la belleza.
Y aún más hermoso
es la humildad de la noche
que permite
a varios
vivirla durmiendo
a otros
abusar de su oscuridad
a unos pocos
lamentar la humanidad y
a los que quedan
vivir para escucharla.

En Travesía (Ex-Libris, 2021)

Cabalgata

Mujer, la noche ha cabalgado hasta su fin.
Atrás, será el recuerdo de la misma noche:
la luna solitaria, las estrellas desparramadas,
las calles abandonadas.
Se parecen a tu cuerpo a mediodía.

Mujer, la noche ha cabalgado hasta su fin
y yo, yo muero por la noche y vivo en su infinito.
Yo muero por la luna solitaria,
las estrellas desparramadas
y las calles abandonadas.
Se parecen a ti, mujer blanca, mujer nocturna,
mujer de estrellas, solitaria y triste;
pero mujer y universo infinito.

Mujer, la noche ha cabalgado hasta su fin,
y tú, tú eres la luna, las estrellas y las calles;
la noche en donde vivo
socavo la luna, beso las estrellas
y recorro descalzo las calles.

Déjame vivir en ti, ¡déjame!,
que yo muero por la noche y vivo en su infinito.

En Travesía (Ex-Libris, 2021)

Las sombras y el amor

El ser de las sombras se parece
en demasía al ser del amor.
Pareciese que el amor y las sombras
hubiesen sido fundidos en el mismo horno
para luego ser puestos en libertad.

Las sombras, al igual que el amor,
para ser necesitan luz,
sin ella, no hay sombras
ni luz
hay oscuridad.

Las sombras, al igual que el amor,
para ser necesitan un cuerpo,
un cuerpo al que le llegue luz,
sin él, no hay sombras
ni cuerpo
hay luz.

Las sombras, al igual que el amor,
para ser necesitan un plano,
un plano para recordarnos que ahí están,
sin éste, no hay sombras
ni plano
hay vacío.

Hoy, que desconozco dónde estás,
miro mi sombra y sé dónde nuestro amor habita,
y soy libre.

En Travesía (Ex-Libris, 2021)

Gracias a ti

Aun distante
Aun sin presenciarte
Así nos separe el mar
Aun así,
—muertos—
me siento vivo.

Porque si alguna vez dejé la muerte,
gardenia lejana,
fue la primera vez que te vi
—después volví a la muerte,
pero ahora vuelo—.

En De mis ojos ciegos (Oveja Negra Ltda., 2005)

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