Cañas y Barro como microuniverso. La Albufera como personaje.

Escribe | Aurora Marco


Cañas y Barro como microuniverso. La Albufera como personaje. Aurora Marco. Revista Aullido Literatura y Poesía.

Procesión en El Palmar. Fuente.

Vicente Blasco Ibáñez (Valencia, 1867 – Menton, 1928) escribe la que es una de sus mejores obras literarias: Cañas y Barro. El autor la engendra y gesta durante su estancia carcelaria en 1898 y la da a luz en 1902. Dicha novela pertenece al llamado ciclo valenciano, el mejor ciclo creativo del autor.

Esta novela no es escogida a capricho, más bien todo lo contrario. Al igual que Paris es para Víctor Hugo un actor y, a su vez, el contenedor de sus tramas, para nuestro autor, la Albufera cobra personalidad en Cañas y Barro y El Palmar y su gente representa toda una trama, todo un universo marginado y pobre con su propio estatus, su propia paz y su propia guerra.

La novela comienza con la llegada de la barca-correo al Palmar. El autor aprovecha esta embarcación como punto de una descripción exhaustiva tanto de los habitantes de la isla, que es el pueblo del Palmar, como el lago que le rodea, la Albufera.

De la taberna de Cañamèl, que era el primer establecimiento del Palmar, salía un grupo de segadores con el saco al hombro en busca de la barca para regresar a sus tierras. Afluían las mujeres al canal, semejante a una calle de Venecia, con las márgenes cubiertas de barracas y viveros donde los pescadores guardaban las anguilas. En el agua muerta, de una brillantez de estaño, permanecía inmóvil la barca-correo: un gran ataúd cargado de personas y paquetes […] Sus tablas se habían impregnado del tufo de los cestos de anguilas y de la suciedad de centenares de pasajeros: una mezcla nauseabunda de pieles gelatinosas, escamas de pez criado en el barro, pies sucios y ropas mugrientas

No se puede pasar por alto esa simbiosis que presenta el autor entre los habitantes del pueblo y el lago. La novela nos sumerge en un mundo de miseria en el que los habitantes no llegan a ser del todo humanos, sino que parecen estar mezclados con las criaturas del agua, esos peces de barro, alimento de todos aquellos miserables.

Cañas y Barro como microuniverso. La Albufera como personaje. Aurora Marco. Revista Aullido Literatura y Poesía.

Hombres laborando en la Albufera. Fuente.

La Albufera funciona como motor y ataúd de esa gente. Motor de vida, fuente de sus alimentos, agua que calma su sed. Muerte para aquellos que necesitan más de la vida, cárcel de muros no definidos, fuente de locura y suicidio. Todos estos sentimientos los encontramos representados en una sola familia, en los Paloma, familia protagonista de esta novela y espejo de dicho pueblo.

Los integrantes de dicha familia son el viejo Paloma, el pescador eterno e infatigable, aquel anciano orgulloso de su oficio, a gusto en su pobreza: fuente de su libertad. Aquel hombre tranquilo, verdadero hijo de Dios por haber nacido en el lago (según sus férreas creencias); éste tiene un hijo, Tono, silencioso y trabajador, pero opositor al padre. Tono ha dejado

de conformarse con lo que tiene, es soñador. Tono, igual de infatigable que el tío Paloma, deja la pesca por el arroz. Quiere una vida digna para su mujer e hijo. La tercera generación es Tonet, el Cubano. Hijo de Tono, es un personaje fanfarrón cuya meta en la vida sólo es disfrutar de ella a costa del resto. Negado para el trabajo, es un hombre que transgrede las leyes de su familia, las morales y las divinas.

A pesar de que todos los habitantes se sienten ahogados en su miseria (no solo los Paloma) no osan irse de su tierra natal. La albufera funciona como cúpula invisible, como un cristal opresor que mantiene a su habitantes en el sitio, estáticos.

Cañas y Barro como microuniverso. La Albufera como personaje. Aurora Marco. Revista Aullido Literatura y Poesía.

Casas en El Palmar. Fuente.

Pero, ¿Por qué decimos que este lago funciona como personaje? En nuestra humilde opinión creemos que funciona como aquel personaje despótico, aquel que alarga la mano al prójimo sin extenderla del todo. Da alimento suficiente para que no desfallezcan sus habitantes, pero sin que su hambre se extinga del todo. Ofrece trabajo a aquellos que lo necesiten sin garantías a una vida mejor. Ofrece tranquilidad. Citando a Joan Manuel Serrat, «por no pasar, ni pasó la guerra. /Sólo el olvido». Viven como mujeres y hombres casi primigenios, casi inmaculados, pero acariciados por la miseria que ofrece el aislamiento de los paraísos.

La Albufera es jueza y dueña de su naturaleza y los habitantes que viven en ella. No permite la vida tranquila que desea Tonet y, por ello, le devuelve aquel hijo ilegitimo, fruto de sus amores adúlteros con Neleta. Tono estará condenado y endeudado con ese lago que traga la tierra como agujeros negros insaciables, y el viejo Paloma verá cercenado su legado de pescador.

La insatisfacción, la deuda, la infelicidad se verán mezclados eternamente con esas pequeñas alegrías que proporciona esa naturaleza salvaje y cruel en forma de bucle para todos los habitantes de El Palmar, como un destino escrito. El destino del miserable.

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