Carlo Michelstaedter en dos poemas desde el italiano, «Al Isonzo» y «El placer»
Traduce y escribe | Yuleisy Cruz Lezcano

Retrato del poeta en lengua italiana nacido en el Imperio Austrohúngaro, Carlo Michelstaedter. Fuente.
Carlo Michelstaedter (Gorizia, 1887—Ibid., 1910) nació en un territorio que fue parte del Imperio Austrohúngaro, aunque no alcanzó a ser testigo de su caída al haber vivido apenas 23 años. Vivió en un periodo histórico de grandes tensiones culturales y políticas: el fin de los imperios europeos, las identidades nacionales en formación y el despertar de las corrientes filosóficas que interrogarían la vergüenza de la razón, la vida cotidiana y el sentido del individuo frente a la masa.
Desde sus estudios formativos, Michelstaedter mostró una inquietud intelectual singular: tras estudiar en su ciudad natal se trasladó a Florencia para profundizar en filosofía y letras, trabajando su famosa tesis de grado titulada La persuasione e la rettorica (La persuasión y la retórica), defendida en 1910 pero nunca discutida formalmente debido a su muerte. En dicha obra, Michelstaedter distingue dos rutas existenciales: la persuasión, entendida como posesión auténtica de la vida, y la retórica, como el conjunto de convenciones, apariencias y discursos que ocultan la imposibilidad de dicha posesión.
En su filosofía, el joven Michelstaedter se enfrenta a la vida como un acto de creación: vivir no es adaptarse a lo dado, a las formas sociales, a la retórica de la obediencia, sino asumir el riesgo de descubrirse y construirse. Frente a la vida que se acomoda, su pensamiento exige la vida que se construye, que se arraiga en el presente, en el «ahora» de cada instante. La retórica se convierte en símbolo de lo colectivo, lo replicable, lo seguro, mientras que la persuasión indica aquello irreductible, el individuo que no se deja absorber. Esta tensión, entre comunidad y singularidad, entre discurso y ser, configura el núcleo de su legado.
Aunque su producción es breve, su impacto perdura: Michelstaedter es leído como precursor de ciertas corrientes filosóficas del siglo XX que exploran la alienación del lenguaje, la autenticidad del ser, la crítica a la sociedad de masas. Sin embargo, su presencia en el paisaje cultural de su ciudad natal y del país aún conlleva silencios. Su tumba en el cementerio de la frontera permanece con la hierba alta, dominada por la dejadez, testigo de una herencia cultural que no siempre se cuida con la devoción que merece. Gorizia, que ha sido designada Capital Europea de la Cultura en 2025, tiene ante sí la oportunidad de honrar ese legado, aun cuando las inversiones en cultura parecen nunca ser suficientes.
Su pensamiento, resumido en una frase que circula en la tapa de una plaquette donada por el Circolo Culturale Heimat de Gorizia y titulada 9 + 1 poesie (2024), articula claramente su exigencia: «No es la patria el cómodo lecho para el cuidado y la fatiga y el aburrimiento; sino en su pecho, y por su peligro, quien quiera hablar de ella debe crearla». («Non è la patria il comodo giaciglio per la cura e la noia e la stanchezza; ma nel suo petto, ma pel suo periglio chi ne voglia parlar deve crearla»).
Estas palabras condensan la radicalidad del autor: la patria, la cultura, la vida no están dadas: deben ser creadas, intervenidas, vividas conscientemente. Vivir significa estar activo, no acomodado; significa afrontar el riesgo de la responsabilidad, no refugiarse en el consuelo. Michelstaedter rechaza la pasividad y la superficialidad, y reivindica la autenticidad como acto constante de creación. En definitiva, la breve pero intensa vida de Michelstaedter nos invita a reflexionar sobre cómo construimos nuestras pertenencias identitarias, culturales, existenciales, y sobre la urgencia de que la herencia intelectual no se convierta en olvido silencioso. Su tumba descuidada es más que un símbolo: es un llamado a la vigilancia cultural, a la memoria activa.
El poema «Al Isonzo» de Carlo Michelstaedter es un ejemplo conmovedor de su capacidad para fusionar la intensidad emocional con una visión profundamente filosófica de la existencia y la naturaleza. Desde los primeros versos, el poema nos sumerge en un paisaje poderoso y dramático: los nevados desfiladeros y los montes lejanos son presentados con un aliento casi violento, y la ráfaga que rompe la niebla y empuja las nubes transmite un sentido de fuerza implacable que atraviesa toda la obra. La naturaleza no es un simple decorado, sino un espejo de la lucha interna del poeta, de la confrontación entre fuerzas visibles e invisibles, entre lo caótico y lo ordenado, entre la vida y la muerte. El texto trasciende lo descriptivo y se convierte en una reflexión sobre la lucha y la libertad. La referencia a Argia, y al valor que combate y sueña con el mar libre, introduce un elemento humano y casi existencial: la naturaleza refleja la condición del hombre, su búsqueda de autenticidad y la necesidad de enfrentar los peligros que conlleva vivir plenamente. El mar se convierte en símbolo de libertad, de posibilidad y de esperanza, contrapunto a la fuerza destructiva de la tormenta y la niebla.
Mientras que «El placer» es una meditación profunda sobre la naturaleza paradójica del deseo y la búsqueda humana de satisfacción. Desde los primeros versos, el poeta establece al placer como un dios esquivo y recatado, que se oculta de quienes lo llaman o lo persiguen, y que sólo se revela a quienes lo ignoran. Esta concepción convierte al placer en un símbolo de lo intangible, de aquello que no puede ser forzado ni poseído, sino que debe experimentarse de manera espontánea y consciente. La fuerza del poema reside en su musicalidad y en la cadencia de sus versos, que combinan repeticiones, paralelismos y contrastes. Michelstaedter alterna la negación y la afirmación, la huida y el hallazgo, creando un ritmo que refleja la tensión entre la búsqueda activa y la recepción pasiva del placer. La elección de palabras, como «tímido», «débil» o «recatado», contribuye a la sensación de delicadeza y misterio que envuelve al dios del placer, reforzando la idea de que lo auténtico no puede imponerse ni consumarse mediante la fuerza. Además, el poema es también un comentario filosófico sobre la condición humana: la búsqueda constante de gratificación, de sentido o de felicidad puede convertirse en obstáculo, mientras que la entrega, la apertura y la ausencia de expectativa permiten un encuentro genuino con lo que se busca. La última estrofa, que advierte que quien persigue el placer ya es mendigo y ha sido vencido por la sombra, subraya esta exigencia de autenticidad: vivir con plenitud implica aceptar la incertidumbre y renunciar a la posesión inmediata de aquello que anhelamos.
Hasta el momento se han editado tres obras del escritor austrohúngaro en nuestro idioma: La persuasión y la retórica (Sexto piso, 2009), El diálogo de la salud (Marbot, 2009) y La melodía del joven divino (Sexto piso, 2011). Por otro lado, hace pocos meses se publicó en Italia un curioso volumen titulado
A continuación, compartimos los poemas «Al Isonzo» y «El placer» de Carlo Michelstaedter (tanto en su versión original en italiano como en la traducción que preparó la poeta Yuleisy Cruz Lezcano), inéditos hasta el momento en lengua española y compuestos por su autor en 1910, poco antes de quitarse la vida. Ambos poemas aparecieron por primera vez en italiano en el volumen póstumo Poesie (1910), varias décadas más tarde fueron publicados en Poesie [1910] (Garzanti, 1948) y luego como parte de una edición moderna Poesie (Adelphi, 1987) que circula hasta nuestros días con varias reediciones.
All’Isonzo / Al Isonzo
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Dalle nevose gole, dai torbidi
Monti lontani con lena rabida,
con aspro sibilo soffia la raffica,
rompe la densa greve nebbia,
stringe le basse grigie nubi
e le respinge in onde gravide.
Passa radendo sui pioppi tremoli
Sul nero piano incombe il peso
Della ciclopica lotta dell’etere.
Ma a lei più forte risponde l’impeto
Selvaggio e giovane del fiume rapido
Cui le corrose ripe trattengono:
il suo possente muggito al sibilo
della procella commesce e il vivido
chiaror del lontano sereno
riflette livido, nell’onda torbida.
E al mar l’annuncio porta della lotta
Che nebbia e vento nel ciel combattono,
al mar l’annuncio porta del tumulto
che in cor m’infuria quando la nausea,
quando il torpore, il dubbio, l’abbandono
per la tua vista, Argia, più fervido
l’ardir combatte e sogna il mare libero.
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(Notte del 2 settembre 1910)
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Desde los nevados desfiladeros, desde los turbios
montes lejanos con aliento rabioso,
con áspero silbido sopla la ráfaga,
rompe la densa y pesada niebla,
aprisiona las bajas nubes grises
y las arroja en ondas grávidas.
Pasa rozando los temblorosos chopos,
sobre el negro llano se cierne el peso
de la ciclópea lucha del éter.
Pero a ella responde más fuerte el ímpetu
salvaje y joven del río rápido,
cuyas orillas corroídas lo contienen:
su poderoso bramido se conmueve ante el silbido
de la tempestad y el vivo
claror del distante cielo despejado
refleja lívido en la onda turbia.
Y al mar lleva el anuncio de la lucha
que niebla y viento combaten en el cielo,
al mar lleva el anuncio del tumulto
que en mi corazón se enfurece cuando la náusea,
cuando el letargo, la duda, el abandono
por tu vista, Argia, más fervientemente
el valor combate y sueña con el mar libre.
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(Noche del 2 de septiembre de 1910)
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Il piacere / El placer
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È il piacere un dio pudico,
fugge da chi l’invocò;
ai piaceri egli è nemico,
fugge da chi lo cercò.
Egli ama quei che non lo invoca,
egli ama quei che non lo sa;
e dona la sua luce fioca
al chi per altra luce va.
Chi lo cerca non lo trova,
chi lo trova non lo sa;
il suo nome mette a prova
questa fiacca umanità.
È il piacere l’Iddio pudico
Ch’ama quello che non lo sa:
se lo cerchi se’ già mendico,
t’ha già vinto l’oscurità.
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El placer es un dios tímido,
huye de quien lo invocó;
a los placeres es enemigo,
huye de quien lo buscó.
Él ama a quienes no lo invocan,
él ama a quienes no lo saben;
y da su luz tenue
a quien va en busca de otra luz.
Quien lo busca no lo encuentra,
quien lo encuentra no lo sabe;
su nombre pone a prueba
esta débil humanidad.
El placer es el dios tímido
que ama a quien no lo sabe:
sí lo buscas, ya eres mendigo,
la oscuridad ya te ha vencido.
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