Trilogía entre la prosa, la poesía y la música

Escribe | David Marroquí Newell


Editorial: De Conatus (2018)
Nº de páginas: 160
ISBN: 978-84-17375-14-0

 

Al tomar la curva podremos ver el fiordo. Podría ser que el fiordo relumbrase; y así es, el fiordo relumbra y refleja las montañas y más allá de ese reflejo, el azul del fiordo se funde con el blanco y el azul del cielo, se funden en uno solo ante nuestros ojos. Y justo delante de nosotros, una figura. No la habíamos visto, pero ahí está, caminando delante de nosotros, una figura ligeramente encorvada, a una distancia que cada vez se hace menor. Camina lento, pasito a pasito, y por más que aminoremos la marcha, parece imposible no alcanzarle.

Asle y Alida están cansados pero siguen en pie, llamando puerta por puerta en una ciudad grande y desconocida para ellos en busca de refugio, en busca de alguien que se apiade de su situación de indefensión. Alida está embarazada y necesita descansar, la noche se ciñe sobre la ciudad de Bjørgvin (Bergen) y comienza a caer la lluvia. Todas las puertas se les cierran frente a ellos. El húmedo y otoñal frío noruego empieza a llegar y piensa quedarse.

Trilogía es la historia de dos adolescentes que intentan sobrevivir en un mundo hostil; pero no es solo eso, al mismo tiempo Jon Fosse (Haugesund, Noruega, 1959) nos trae el recuerdo y la vivencia de los primeros amores, aquellos amores de juventud, amores jóvenes que se aferran a los huesos y te hacen sentir capaz de superar cualquier adversidad; esos amores que te insuflan fuerza y esperanza y por los que continuas irracionalmente hacia adelante; ese amor por el que harías cualquier cosa.

Jon Fosse es fundamentalmente dramaturgo, pero el acercamiento a su prosa es una experiencia más que recomendable. Desde aquí decimos que hemos sido afortunados de poder adentrarnos en la narrativa de Jon Fosse en castellano; y menciono a la fortuna porque es un autor que, sorprendentemente, apenas ha sido traducido a nuestro idioma, y cuando esto ha ocurrido, ha sido en países latinoamericanos como Argentina, a pesar de que se trata del escritor europeo vivo cuyas obras más se han representado en el mundo, en cuarenta idiomas diferentes. Su obra ha sido traducida completamente al inglés y es archifamoso en Francia y Alemania, e incluso China celebra el festival de teatro Jon Fosse.

A Fosse le interesa lo que está en el lado invisible, porque es en lo invisible donde está todo lo dicho, de ahí que cobren mucha importancia los silencios en su obra, como podemos ver en Invierno, donde trata el amor desde lo más mínimo, donde no se habla casi nada y se juega con la intuición. Estos conceptos están muy relacionados con su formación inicial en la poesía, asistiendo a los talleres de Karl Ove Knausgård, que fue su maestro y con quien mantuvo una sana confrontación literaria, y su experiencia profesional en la dramaturgia (como Samuel Beckett le interesa reflejar lo local y universal al mismo tiempo tratando de desaparecer, tratando de escribir simple y profundo). Sus historias son lacónicas, pero al mismo tiempo crípticas, envueltas de una atmósfera onírica y febril, con una realidad perceptible pero con paisajes genéricos.

Trilogía no se escapa de esta dinámica. Quien trate de encontrar en esta novela una historia fácil de digerir se equivoca de literatura. Quien lee a Jon Fosse no suele hacerlo por las tramas en sí, sino por las sensaciones que evoca su lectura, por el enigma. No vamos a encontrar respuestas fáciles; es más, tal vez no encontremos ninguna. Fosse juega con las parábolas poéticas y experimenta con la metafísica de los límites de la ficción. No podemos encontrar un sentido cronológico en Trilogía: el presente, el pasado y el propio futuro se convierten en uno a lo largo de la historia de la misma forma con que lo hace la fantasía y lo mundano. Es aquí donde recala la verdadera belleza de este texto: el ritmo, ese ritmo que es fundamental para que la poesía se materialice, ese roce de lo inasible, de lo que está más allá y siempre desde «la nada a lo inmenso». En un momento dado nos explica el padre de Asle que «a través de la música, el dolor podía aliviarse y transformarse en vuelo, y que el vuelo podía transformarse en alegría y felicidad». Son estos detalles y la forma y el ritmo del texto lo que hacen bella la prosa de Trilogía.

La música es fundamental, una obra escrita en tres partes, o mejor dicho en tres movimientos, con un ritmo claramente marcado por las repeticiones y el halo poético de la escritura de Fosse. La frontera entre la poesía y la prosa se deshace en una sola cosa, convirtiendo la historia de lo real a lo irreal, transportándonos y manteniéndonos entre lo onírico y la vigilia. No solo es importante en este aspecto, sino que también en su propio contenido: Asle es músico, como su padre y como su abuelo y como sus antepasados varones. Aquí podemos ver la importancia que cobra también el concepto de «destino» en la novela. La condición de una persona es su sino, y no puede huir de ella por más que corra o más que lo intente, «Porque la vida es así».

El amor, como hemos mencionado anteriormente, es el tema fundamental de Trilogía. El amor es el sentimiento que mueven a Asle y a Alida a seguir adelante, la fuerza del primer amor, puro e inocente; pero frente a ese amor se alza su contrapuesto, produciéndose un juego dicotómico que enfrenta a la pareja con el mundo, al amor con la maldad, la incomprensión y la cruda realidad que se extiende a su alrededor. Son dos jóvenes necesitados de asilo que tienen que buscarse la vida fuera de su pueblo, al que han pertenecido durante generaciones, pero se encuentran con las puertas cerradas, con la negativa por delante de quienes tienen recelo hacia ellos. El sentimiento que existe entre Asle y Alida es el único refugio que tienen en el mundo, y es donde se sienten seguros frente a lo que les es ajeno. En este aspecto se trata de una crítica a las normas morales de las sociedades, normas rígidas modeladas por la cultura y el tradicionalismo, en algunos aspectos tocando las cuestiones de la moral religiosa.

Como él mismo una vez expresó en una entrevista con El País y de forma muy similar a como expresara Coetzee, «escribir es como rezar»; y es que la religión y el misticismo forman también parte de su escritura. Católico, se pregunta a sí mismo «para quién escribo?», y se responde: «para Dios». Tal vez sea ese Dios el destino de todo o quien maneje nuestros hilos, y no podemos escapar de nuestras acciones, de las cuales somos responsables y tenemos que responder ante ellas.

Y al tomar la curva podría ser que el fiordo relumbrase y se funda con el blanco y el azul del cielo en uno solo. Y justo delante de nosotros, la figura, caminando lentamente delante de nosotros, ligeramente encorvada. Pasito a pasito nos acercamos a ella y parece imposible no alcanzarle.

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