Russell P. Sebold y Cornelia Bororquia: exégesis de un hispanista americano

Escribe|  José Antonio Olmedo López-Amor


Russell P. Sebold (1928-2014), como gran bibliófilo e investigador, se extraña ante la falta de ejemplares a la venta de las antiguas ediciones de Cornelia Bororquia o la víctima de la Inquisición, una novela del trinitario Luis Gutiérrez (1771-1808) que fue pionera del anticlericalismo contemporáneo español. En principio [1], señala que el sadismo contenido en dicha obra, además de la carga crítica que esta contiene hacia el sector clerical, son razones más que suficientes para que esta novela haya sufrido la enconada censura de la Inquisición [2].

Otra de las razones que Sebold propone como causa de esa falta de ejemplares es que de sus múltiples ediciones, la mitad han sido en el extranjero. Pero estas posibles motivaciones siguen siendo insuficientes para un rastreador de libros como Sebold, por lo que sentencia añadiendo que la fama que alcanzó Cornelia Bororquia como libro casi satánico, de torturas físicas y deleites sexuales, propició que los pocos ejemplares existentes fuesen guardados celosamente y legados de generación en generación entre lectores devotos de extrañezas como esta.

Cornelia Bororquia o la víctima de la Inquisición (1800) de Luis Gutiérrez

Edición del Instituto de Estudios Juan Gil-Albert de Alicante en 1987. Fuente. 

Sebold indica dos modelos literarios de los que Gutiérrez pudo haber extraído ideas a e inspiración, y son la novela El monje (1756) de Mathew Gregory Lewis y dos novelas del Marqués de Sade tituladas Justine ou les malheurs de la vertu (1791) y Juliette ou les prospérités du vice (1796). La siguiente novela del marqués, concebida como la unión de estas, también podría considerarse una obra influyente en Gutiérrez con respecto a su Cornelia. Y es que las prácticas sexuales morbosas y lejanas al decoro estaban de moda en una Francia que Gutiérrez frecuentaba, en la Francia de las salidas de tono del Marqués de Sade.

Pero la pretensión provocativa no era la única aspiración de Sade ni de Gutiérrez. Una enconada voluntad de criticar y denunciar las crueldades y lujuriosas conductas del clero era el síntoma a tanta corrupción oculta, una actitud que se extendía por toda Europa y representaba el hartazgo de la sociedad.

Así, el asesinato que comete Cornelia para defender su honra del Arzobispo de Sevilla es interpretado como la esperanza del pueblo para detener los impunes y salvajes desmanes del Santo Oficio y el alto Clero. El propio Gutiérrez renegó de sus creencias y huyó del convento en el que se encontraba en Valladolid. Llegado a Francia no tardó en imbuirse del espíritu revolucionario, de lo que aprendió que a las masas debía dirigirse a través de alegorías.

Gutiérrez une en Cornelia dos modelos dieciochescos como la novela erótica y la comedia lacrimosa, por lo que es tomado como un símbolo de la modernidad literaria. Si en las novelas de Sade los cardenales alternan con prostitutas, Gutiérrez va más allá y dibuja una Iglesia Católica corrompida de arriba a abajo.

Auto de fe de la Inquisición de Francisco de Goya (1812-1819).

Pintura «Auto de fe de la Inquisición» de Francisco de Goya (1812-1819).

Dentro del género de la comedia lacrimosa [3] la identidad del monstruo cambia su sentido y representa a un héroe empujado por la sociedad a cometer actos impuros, El delincuente honrado y El precipitado, novelas de Rousseau, son buenos ejemplos de ello. Esta figura es un paradigma de sensibilidad y moral y representa a la sociedad ilustrada.

El rol de «monstruo», en este nuevo y buen sentido, es adquirido en Cornelia por el personaje del Gobernador de Valencia, padre de Cornelia Bororquia, quien verá cómo su traidor amigo el Arzobispo asesina a su hija en contubernio con la sociedad.

Cornelia Bororquia iguala su dolor romántico al que padecen los personajes de Noches lúgubres, de José Cadalso. Sebold pone varios ejemplos al respecto. También, Sebold encuentra ecos de Beccaria en su De los delitos y las penas. Los cuadros artísticos y las lágrimas de los personajes funcionan en Cornelia como corrector al denunciado proselitismo dado en lo moral y lo social.

Desde los tiempos de Villaroel y Luzán hasta llegar al costumbrismo decimonónico los escritores han mostrado un profundo interés por tratar de emular la pintura en sus textos. Esta moda de literaturizar lo pictórico se vio reforzada por Diderot y su Entretiens sur «Le fils natural». Comedias lacrimosas como El delincuente honrado y El precipitado lo atestiguan.

Impresión de las canciones de Cornelia Bororquia

Impresión de las canciones de Cornelia Bororquia, que data del Siglo XIX en el Archivo del Centre de Documentació de Cultura Popular. Fuente.  

Sebold cita numerosos vocablos pictóricos que detecta en Cornelia Bororquia. Según el Marqués de Sade, la novela debe ser «el cuadro de las costumbres sociales», y no solo eso, a diferencia de la Historia, la novela —según el marqués— debe captar la esencia interior de los personajes. Esa aseveración se cumple por completo en Cornelia, la concepción de algunos pasajes de la novela invita a buscar términos pictóricos para describirlos, como el cuadro que pinta Cornelia a su antigua criada; las poses que adopta Lucía justo antes de su explosión catártica en lágrimas; la confusión vivida cuando Meneses hiere casi de muerte a Vargas, etcétera.

Pero si hay un cuadro digno de resaltar en Cornelia Boroquia es sin duda el ruego del arzobispo herido de muerte por Cornelia. La muchacha, asustada por los intentos de abuso sexual del clérigo le asesta una puñalada mortal con el cuchillo del pan. El agresor, viendo que se le acababan las fuerzas y no podría recibir la absolución antes de morir le ruega encarecidamente a su asesina, y esta, entre lágrimas, le perdona.

También señala Sebold la distinción de Cornelia Bororquia con respecto a otras obras coetáneas, como La serafina o La Amalia. En primer lugar, mientras en las obras citadas habla solo un personaje, en Cornelia todos los personajes hablan, su estructura es epistolar (34 cartas) y ello da pie a conocer todas las opiniones de los personajes. Efecto de esa interacción entre los personajes es el conflicto que se desata y que todos ellos sufren.

El investigador apunta que siguiendo los principios aristotélicos, Cornelia Bororquia es un buen ejemplo de hamartía: la suerte de los personajes cambia de buena a mala, así como la conducta de los mismos lo hace a la inversa. Casi todos los problemas que sufre el personaje protagonista devienen de un error perdonable, sin duda, la confianza depositada en el arzobispo es un error al cual se llega con buenas intenciones y por el que se sufre la más terrible de las tragedias.

Russell P. Sebold

El hispanista estadounidense Russell P. Sebold (1928-2014), autor del estudio sobre la novela Cornelia Bororquia. Fuente.

Tamayo y Calvillo reconoce que Cornelia Bororquia no es de su agrado por dos razones: porque fue más exitosa que su novela y por la cruel muerte del arzobispo a manos de su víctima.

Según Sebold, Luis Gutiérrez escribió esta novela para recordar la perversa seducción que los placeres prohibidos, la crueldad y el sadismo provocaban en el ciudadano europeo de aquellos años. Por tanto, la novela en sí es una crítica a la moral de su tiempo.

Cornelia Bororquia fue leída por los inquisidores como una semilla de revolución, por lo que en su potencial comunicador veían un arma peligrosa que había que silenciar.

Sebold advierte que en muchas de las ediciones de Cornelia Bororquia el título de la novela es diferente. La edición con la que trabaja el hispanista es la de Gérard Dufour, que a su juicio es una de las más completas e interesantes.

El hispanista deja muy claro que una de las pretensiones de Luis Gutiérrez es desenmascarar a la Iglesia Católica y su infraestructura opresora. Para ello, el autor convierte a su personaje protagonista en una mujer inocente e indefensa que sufre el vicio lujurioso de un alto cargo de la Iglesia. Por esto, el personaje de Cornelia se convierte en un símbolo de esa sociedad cristiana severamente oprimida y manipulada por dictadores eclesiásticos y sus ignominiosas y crueles prácticas.

Cornelia Bororquia o La víctima de la Inquisición en su edición de Cátedra.

La edición más reciente es la publicada por Cátedra en 2005.

La primera edición —oficial— de Cornelia Bororquia fue hecha en Francia [4] (1800), incluso las más inmediatamente siguientes, en tiempos de una todavía resonante Revolución francesa. Luis Gutiérrez trabajó como periodista en La gaceta de Bayona. Dicha primera edición fue casi de contrabando, por lo que decidió emplear la alegoría para traslucir las atrocidades que cometía la Inquisición española.

La palabra «monstruo» es tratada en la novela como sinónimo de hipócrita y también de ultramontano. Sátira anticlerical en la España de Felipe II o Felipe III, Cornelia Bororquia es una novela poligenérica o agenérica, rasgo habitual entre aquella época entre las obras románticas. Sebold también encuentra puntos de unión entre Cornelia y el teatro lacrimoso o el teatro clásico.

Por lo tanto, el investigador estadounidense llama a la forma epistolar de narrar la novela «literatura conversable», pues a través de dichos textos conocemos los diálogos y también el pensamiento de los personajes. Ahí radica uno de los puntos más interesantes de la novela desde un punto de vista histórico, pues la modalización llevada a cabo por los personajes mediatiza el texto y se enriquece de información social y cultural de la época.

Solo durante el siglo XIX, Cornelia Bororquia tuvo hasta veinticinco ediciones. Fue traducida a otras lenguas, como el francés e inglés, y en España no pudo leerse hasta la llegada del Trienio Liberal (1820), ya que fue incluida en la lista de obras prohibidas por la Inquisición. Antes, incluso, de la recuperación del poder por los absolutistas debido a la masacre de los Cien Mil Hijos de San Luis, la novela fue de prohibida lectura en toda comunidad religiosa, la Santa Sede se encargó de ello en 1822.


[1] Ponencia titulada «Sadismo y sensibilidad en Cornelia Bororquia o la víctima de la inquisición» en el I Congreso Internacional sobre la novela del siglo XVIII, Fernando García Lara, Ed. Almería, 1998.  p. 65-78.

[2] En 1804 la obra fue prohibida por el Santo Oficio.

[3] Género que, por lo general, acostumbraba a cambiar las lágrimas de tristeza por lágrimas de alegría. Esta regla fue cambiada por Gutiérrez en su novela.

[4] Inmediatamente después de la Revolución francesa hubo una primera edición (finales del siglo XVIII) de Cornelia Bororquia publicada de manera anónima por temor a represalias. Esta edición sería verdaderamente la primera.

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