De la nada a la nada: lo que se conoce de «El gallo de oro»

Escribeǀ Luis Gómez Valdez


Cuando pensamos en Juan Rulfo a nuestra mente vienen dos títulos: Pedro Páramo y El llano en llamas. Pocos conocen, a menos que sean fieles seguidores de su obra, estudiantes de literatura o por casualidades del destino, como es mi caso, el texto El Gallo de Oro. Las peleas de gallos, una tradición mexicana muy arraigada dentro de ferias y fiestas populares, sirven de contexto en esta historia de la que poco se habla, pero por lo que se conoce, y en esto hay mucha divergencia, no fue escrita para ser llevada a los anaqueles de bibliotecas y librerías, sino para que sea la gran pantalla la que dé vida al relato que tenía por título, en un primer momento, De la nada a la nada.

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Portada de la edición original del libro de 1980 en Ediciones Era

Este título alternativo fue presentado por Rulfo, junto a una sinopsis del relato, en la oficina de registro del Estado mexicano. De lo que se tiene más o menos certeza es que la obra fue concebida poco después de Pedro Páramo, entre los años 1956 y 1958. Aunque, según los registros del Sindicato de Trabajadores y Productores Cinematográficos de la República de México, la novela fue registrada en 1959 y no se publicó por haber sido utilizada como argumento de cine (Vital, 2004:160). Otro dato interesante es que no se conserva el manuscrito original, sino solamente una copia de la productora para la realización de la película, además que no se sabe si fue de un mecanografiado de Rulfo o un encargo a un mecanógrafo profesional.

Por tal razón, esta novela corta, cuento largo o solamente novela fue editada y publicada en 1980, dieciséis años después de haberse estrenado la película titulada El gallo de oro, dirigida por Roberto Gavaldón con la participación de Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez en la elaboración de su guion. Son estos acontecimientos los que hacen pensar que Rulfo concibió esta historia como un guión o, por lo menos, como un argumento cinematográfico antes que como una obra literaria.

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Juan Rulfo

No obstante, estudios como el de Jorge Ayala Blanco (1986) y entrevistas al propio Rulfo, confirman que esto no fue así y, al contrario, es una novela cargada de «todas las características propias del género». Rulfo, en una entrevista publicada el 20 de julio de 1959, menciona que no la publicó porque antes de llevarla a la imprenta, un productor cinematográfico se interesó en ella y no volvió al autor sino en forma de script, por lo que no pudo acabarla. También, afirma que no fue concebida para tal fin, disipando la idea de que primero fue una obra de cine antes que literaria (Carrillo, 2007:242).

Sea como fuere, la historia del gallo dorado y Dionisio Pinzón en el palenque de San Miguel y su relación con Bernarda «La Caponera»1 su amuleto o como él la llama su «piedra imán», presenta todos los motivos y elementos simbólicos propios de la narrativa de Rulfo: la soledad, la muerte, la orfandad, el apego a la madre, la venganza y la soledad. También, encontramos que el hilo conductor preponderante es el azar y la suerte, una de dos: se pierde o se gana, se está arriba o abajo, o se vive o se muere. Los personajes fluctuarán entre ambos lados posibles, esto posibilita que la narración se conforme por dualidades, las mismas que son presentadas en las relaciones de Dionisio con Secundino colmenero, con Lorenzo Benavidez y con Bernarda «La Caponera».

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Portada de la película de 1964

Además, no podemos dejar de lado la forma peculiar que el narrador, que deambula entre la primera y tercera persona, utiliza para describir la ruralidad de las peleas de gallos y los juegos de naipes, o en palabras Christopher Vogler: la descripción del mundo ordinario de los personajes. Para esto hace uso de localismos y jerga de los habitantes de estas zonas rurales del México de aquel entonces, pero que no explica en forma alguna; esto podría considerarse algo demasiado regionalista, no muy frecuente del estilo literario de Rulfo, lo que convierte a la lectura en un ejercicio de intrusión por parte del lector a este universo. Por otro lado, existe una minuciosidad casi audiovisual en las escenas de los juegos de cartas, las peleas de gallos o en la lírica de las canciones de Bernarda, esto dado que la ambientación es el eje estructural de esta novela, razón por la cual podríamos pensar que el productor que leyó la obra antes de ser publicada, la imaginó en la pantalla y quiso rodarla.

La novela el Gallo de Oro invita a redescubrir a Rulfo en este mes en el que recordamos los cien años de su natalicio. Un autor que combinó perfectamente durante su vida la literatura, la fotografía y el cine. Por eso, ha dejado una huella imborrable en la historia de la literatura universal. Hoy, con esta obra, podemos estar completamente seguros que Juan Rulfo sigue demostrándonos que cada lectura es el despertar de nuestro yo íntimo, de esa sed incansable de autocrítica, de crear en la misma proporción en la que destruimos esta realidad tradicional de azares y muerte con la que tenemos que lidiar cada día, porque «La vida no es muy seria en sus cosas».


Bibliografía

  • Arismendi Domínguez, M. E. (2004), “El azar en el gallo de oro de Juan Rulfo” en Revista de Literatura Mexicana Contemporánea, IX, pp. 129-137.
  • Pacheco, J. E. (1959), “Imagen de Juan Rulfo” en México en la Cultura, 540, 19 de julio, p. 3.
  • Rulfo, J. (1980), El gallo de oro y otros textos para cine, Presentación de Jorge Ayala Blanco. México: ERA.
  • Vital, A. (2004), Noticias sobre Juan Rulfo, México: Editorial RM.


1 A algunos les vendrá a la cabeza esa telenovela colombiana del mismo nombre con justa razón, ya que es una adaptación, con todos sus matices, de esta novela.

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