«A Franci», de Enrique Lihn

«A Franci», poema de Enrique Lihn, aparece en su libro La musiquilla de las pobres esferas, publicado por la editorial universitaria Cormoran en Santiago de Chile en 1969. Éste es un poema de amor y frustración que nos muestra la visión de la mujer dentro del discurso poético de Enrique Lihn, quien dedicará a lo largo de su obra distintos poemas. Esta visión está entre lo sobrehumano, lo sobrenatural y hermoso; pero también en relación con lo terrible, como una inseparable e inevitable combinación que el poeta conoce pero de la que no puede ni quiere ni debe huir. Es, también, el poema, un ejemplo de lo que Enrique Lihn entiende por belleza, natural y perturbadora, a la vez que amiga del poeta.


A Franci

Te quiero, qué comienzo,
peor es tragar saliva
y peor aún este nudo en la garganta que toma los contornos del mundo o la forma de un grano de ripio pegado a la planta de los pies,
sigue un nombre incompleto
uno de los que ustedes usan me perdonarás que le agregue una s.
Verónica, mi vida (es otro de tus nombres).
Toda mi poesía debiera dedicártela si solo girara en torno a la belleza
o del amor que únicamente tú y la primavera de Boticelli me inspiran por partes iguales.
No sé qué puntos calzas
pero igual me arrodillo frente a un ángel, y como Rilke, el solterón, tiemblo ante lo terrible.
Marco el número de tu teléfono
como el nuevo presidiario que memoriza su número
te oigo pensar otra cosa entre líneas mientras tu voz me corrobora engañosamente una cita
total qué aburrimiento en el parque Almendárez
a cada instante engaño
a cada instante me engañan.
Tu ángel negro —me dijo Magy que no te conocía— y apareciste tú
con tu peinado en barbecho bajo el turbante
desplazándote como una avestruz en su jaula como una bailarina en el escenario
y yo te dije: si fueras la primera Isabel no te habría esperado tanto,
y descubrí que eras bella.
Pelona —dijo Eva— imagínate, tiene que ser linda para lucir así, a pesar de ser pelona.
No discuto, me inclino
como Rilke el solterón
que no se paró a distinguir un peinado de otro para caer en trance discretamente
como un buen caballero especializado en el cielo.
No bastará en mi caso la fascinación
y lo que no termino de admirar por otra parte es el swing del viejo tronco para dar flores de tu tipo:
la articulación de las distintas partes de una imagen compleja da como resultado esta simplicidad esencial hasta para sentarse
de modo que los muslos lanzan todas sus flechas y la pequeña cabeza de largo cuello queda expuesta en el mundo como el búcaro en la mesa,
brazos esenciales manos enguantadas en las palmas del rosa de la lengua que guarda así su equilibrio de rosa pero herramientas
del color de la tierra vegetal cuando llueve,
ah y qué soledad. Toma nota. Acompáñame.

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