Emilio Sierra: «Silentium y otras voces»

Emilio Sierra SilentiumNací el 13 de enero de 1988 en el seno de una familia formada por mis padres y cuatro hermanas. He estudiado Teología y Filosofía en la UESD (Madrid), donde también me licencié en Filosofía. Fui ordenado sacerdote el 27 de abril de 2013. Actualmente termino mi tesis doctoral y colaboro también en alguna clase como profesor asistente en la UESD. Fui seleccionado como finalista para la 70ª edición del premio Adonáis, el año 2016 y como finalista en la 71ª edición del mismo premio el año 2017. No habiendo publicado nada, sin embargo, son muchos los poemarios que hasta el día de hoy tengo escritos: Odas (2008), Versos sueltos (2009), Libro de los sonetos disonantes (2010), Ilógica amusía (2011), Romances de la calle (2013), Ella (2014), Oda imposible (Cántico a las criaturas) (2015) y los dos últimos Versos para nadie (2016) y Silentium y otras voces (2017). También he escrito dos dramas no representables: Orfeo y Eurídice (2014) y Atlas (2015) y dos novelas: Historia de Jonás (2013) y Belleza que salva. Vida y tragedia del pintor nazareno Klaus Von Gartmen (2017).


DECISIÓN

De la noche blanca y azul
he conservado una sugerencia:
No te des a conocer.
Prohíbete hablar, prohíbete respirar.
Aprende el mérito del perdón
por haber arrancado espigas de minutos
a una artista.

De la aurora gris que solloza,
escondida entre los vuelos de las libélulas,
he tomado una resolución:
Decir mi nombre en alto,
dártelo,
y que la importancia de lo que soy
apague su tensión en tu sonrisa.

Ya estoy dispuesto.
Al final del bosque y sus enredos
¿Estarás tú, amiga, hermana de mis sombras,
o, de nuevo, he de volver a la prisión de los sueños?


EL ADIÓS INACABADO

Tal vez haya misterios mayores,
pero que la despedida sea un imposible
no lo es menos y me pregunto por qué.
Será algo que intente tal vez al morir.
Un juego peligroso,
unas damas que, frente al presuroso vivir,
discurren tranquilas por su tablero.
Me gustaría irme, desaparecer
tal como empecé este teatro y su tormento,
pero no sé cómo.
Me llegan noticias de tu decisión:
La indiferencia, jamás volverle a escuchar.
Y vuelco los sonetos antiguos
y agito las odas más nuevas,
pero ninguna habla de esta despedida.
Tal vez tenga que hacerla yo
aspirando el veneno del adiós, un poema definitivo.
Eres tú quien lo crea en mis arterias,
el dios se encargará de que llore y sangre
para que salga a la luz tibia del olvido.
Oscuro destino se labra el poeta con aquella que ama.
Eso sí, su voz es la gratitud,
menos que eso no se le puede dar a toda una madre.
El oscuro poder que yace,
latiendo en nuestras venas, vencerá.
Al final, la indigencia hablará en nuestro favor,
esculpiendo el tiempo en un camino invertido;
conversando sin más. Nunca pasa nada.


INMACULADA O NIEVE QUE NACE DEL SUELO

Pura luz, tierra,
invisibles arcos
de música en las arpas
lanzan silenciosas flechas
para que luzcan
y llamen,
llameando subterráneas
de tierra.

Pura luz
en el principio,
si es que hubo comienzo,
si acaso el amor empieza.
Eligió el Dios que fuese en ella,
la esclavitud del aire,
preso acero en el silencio,
certero blanco.

Si puede iniciarse
lo que fue desde el principio
para siempre,
el tiempo, veloz emisario,
con su potente sello transformó
el mensaje en desaparecer,
la ausencia en claridad,
la presencia en negrura eficaz.
En tenaz tesón
te arrancó el viento herido
que es la palabra,
y al despertar
hizo de la promesa
una mirada inmaculada.


ELLA

Ella es
y eso basta
para colmar
todos los anhelos de la belleza
que hay,
aunque no lo sepa.
Los astros tampoco meditan sobre sí
pero iluminan, alumbran,
abrasan.
Se toman su altura.

Ella es
ojos que ven
y miran y no se cansan.
Un alma azul,
de mar salvaje y rumor
que, en silencio,
construye y destroza a su paso.
¿Tanto poder en una pupila?
Más fuerza tienen sus lágrimas
por más pequeñas.
Reconozcan los cielos,
por azules también,
su belleza.

Ella es
una mano que se tiende
como un lecho
hasta la más larga distancia,
haciéndose longeva
y eterna,
esperando,
sin morir nunca,
otras manos, una alianza.

Ella es
inexpugnable
en su corazón,
y, aunque su secreto guarda,
hay quien lo conoce y ama
y desvela,
haciendo de la inquietud
una canción
que descansa, desenreda
y amansa.

Ella es
música, palabra,
noche y flor
que, con la edad,
más crece y madura,
más auténtica se alza.
Ella es en mí,
pero mejor, es en todos.
Es un espejo
en el espejo de Dios.
Ella es, sí,
y eso basta.

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