Ada Salas: una selección de sus poemas

Ada Salas nació en Cáceres en 1965. Con su primer libro, Arte y memoria del inocente (Cáceres, 1988), obtuvo el Premio Juan Manuel Rozas de Poesía. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Extremadura, es en la actualidad profesora de lengua y literatura en un instituto de Madrid. Su libro Variaciones en blanco (Hiperión, 1994) recibió el IX Premio de Poesía Hiperión. En 1997 publicó La sed, y en el 2003 Lugar de la derrota. Es también autora de dos libros de reflexiones y ensayos sobre la escritura poética: Alguien aquí (2005) y El margen. El error. La tachadura (de la metáfora y otros asuntos más o menos poéticos) (2010). Su libro Esto no es el silencio (2008) fue reconocido con el XV Premio Ricardo Molina-Ciudad de Córdoba. En 2009 apareció la recopilación de su obra poética No duerme el animal (Poesía, 1987-2005). Junto con el pintor Jesús Placencia ha publicado Ashes to ashes (2010). Su obra ha sido recogida en numerosas antologías españolas y extranjeras.


 

A qué región me llegaré a buscarte
ahora que reposas a mi lado
en forma de deseo
hombre
cuya belleza apenas
conocía. Cada día me ciñe
su cilicio de ausencia.
Me has herido de vida desde toda
tu muerte

y no hay sueño bastante a tu vacío.


 

Hay libros que se escriben sobre la carne misma.
Son esas cicatrices que nos hablan
y sangran
cuando el tiempo se rinde a su derrota
un puñado de signos que apenas
comprendemos

y eran el beso intacto de la vida.


 

La casa que abrigó tu corazón
será una ruina. Furtivos
en la noche
la habéis abandonado.
Oscura en el jardín la tierra removida.
Quise
decir traición

y dije llanto.


 

Te has ido como el sol.
Una boca de tierra
te había comulgado. Luego sólo la llama enmudecida.


 

No hay nadie

ya lo ves
no hay nada
y sin embargo
esto no es el silencio.


 

Y para qué esta herida

esta abertura umbilical
por donde entra y sale
la claridad del mundo

si no me quedan nombres
ya

de tanta transparencia.


 

No duerme el animal que busca
su alimento. Huele
y está tan lejos todavia
el aire de su presa.
Y vagara en la noche.
Con la sola certeza de su hambre.
Ciego

porque una vez ya supo

de ese breve temblor
bajo su zarpa.

 


 

Tiene la tarde un gesto de caballo

sorprendido en carrera. La estacion
se descalza y ofrece
tulipanes abiertos
rojas resurrecciones efimeras.

Deber ser esto el tiempo:
el azar o la huida.


 

Ya no será la paz.

Han besado
mis ojos

tu terrible desnudo.

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