Rafael Courtoisie: «En el fondo de toda creación literaria está la poesía, entendida como lo hacían los griegos: poiesis, esa creación a partir de la nada»

Escribe | Albeiro Arciniegas


Rafael Courtoisie

El escritor uruguayo Rafael Courtoisie. Foto cedida por el autor.

 

«La poesía es un animal sospechoso en un mundo extrañamente pragmático», dice con profunda convicción el intelectual uruguayo Rafael Courtoisie (Montevideo, 1958), quien es poeta, narrador, ensayista, periodista, profesor universitario y una de las voces más persistentes y fecundas de la literatura uruguaya contemporánea. Cuando se le pregunta por su papel como escritor sostiene: «Me defino como un buscador de belleza, de verdad, de sentido a través de la palabra». Transita él por los diversos géneros con naturalidad y virtuosismo, aunque, como afirma, todo parte de un mismo núcleo: «El lenguaje como poiesis, la creación que nace desde el vacío».

Rafael Courtoisie navega entre palabras. Como si hiciera del lenguaje un laboratorio del pensamiento y la emoción; su obra es hoy una constante para entender, no solo la literatura uruguaya, sino los dilemas éticos y vivenciales de la insalubre y compleja postmodernidad. Y es así como, en un tiempo donde lo inmediato y lo superficial, a menudo, se imponen, Courtoisie propone una literatura de densidad, de riesgo, de conciencia crítica. En novelas como Vida de perro (Alfaguara, 1997 y Casa Editorial HUM, 2018) o Caras extrañas (Lengua de trapo, 2001; Punto de lectura, 2007; Fin de Siglo, 2024), el autor uruguayo explora la violencia contemporánea, el autoritarismo y la fragilidad de lo humano. No denuncia de forma panfletaria, expone y deja que el lector saque conclusiones.

Con un estilo preciso y sugerente, sus textos invitan a cuestionar la cotidianidad, a mirar el mundo con conciencia aguda. Leerlo ayuda a ampliar el sentido de lo que puede ser la literatura contemporánea alejada del cliché y las maneras periodísticas que facilitan la labor del lector, además que se sitúan en una de las condiciones centrales de las buenas letras: la creación de un lenguaje poético.

Aunque profundamente marcado por su contexto uruguayo, y luego latinoamericano, sus temas tienen alcance universal. En «Las piedras de amar», uno de sus poemas, construye una alegoría potente sobre el placer femenino, el poder y la mercantilización del cuerpo. «Los hijos de los Grises arrebatan el gozo a las mujeres», escribe Courtoisie. Un texto cargado de imágenes y símbolos de una sexualidad deshumanizada por el abuso y el dominio del macho que depreda. En otro de sus textos poéticos, «Una copa de vino», desarrolla toda una meditación alegórica y el vino se convierte en materia filosófica: sustancia viva, ambigua, situada entre lo sagrado y lo violento. Es un organismo con carácter hosco. Cuando se colma una copa «se alcanza la verdad». Pero al vaciarla «se llena de violencia». Por lo cual, un gesto cotidiano como servir y beber vino es un acto metafísico donde la bebida se trastoca en símbolo y misterio.

Algunos de los poemarios de Rafael Courtoisie.

Algunos de los poemarios que Rafael Courtoisie ha publicado en las últimas tres décadas, todos editados en España, con la excepción de Diario de un clavo (2016) en México.

En síntesis, desde obras cortas como Vida de perro (1997), hasta otras más reflexivas y experimentales como Estado sólido (Visor Libros, 1996) o como antologador y difusor de la poesía uruguaya para el resto de Iberoamérica con el volumen La Poesía del siglo XX en Uruguay: Antología (Visor Libros, 2010), la poética de Courtoisie se transforma para satisfacer al más exigente de los lectores. Y, así, la literatura de este autor no adorna la realidad, sino que la disecciona con inteligencia, ironía y conciencia ética. Al igual que en su faceta como catedrático, donde su mirada sobre el idioma español está impregnada de un humanismo profundo. Mantuvimos un encuentro con él a través de videollamada en la que le planteamos una serie de inquietudes acerca de su experiencia dentro de la escritura.

Ediciones de la novela Vida de perro, de 1997 y 2018

Ediciones de la novela Vida de perro, de 1997 y 2018, ambas publicadas en Uruguay, texto que se considera es uno de los títulos más importantes de la narrativa de Courtoisie.

—¿Cómo se define como poeta y escritor?
Bueno, siempre es una pregunta clave que hay que hacérsela todos los días. Me defino como un buscador, un buscador de verdad, un buscador de belleza a través de la palabra. Yo creo que más allá de la poesía o la narrativa o el ensayo y el estudio, uno lo que busca es expresarse en ese territorio común que es el idioma, que es el lenguaje, y a partir de ahí crear la posibilidad de entender la realidad del mundo y a los seres humanos.

—Usted ha sido profesor de literatura en universidades de su país y los Estados Unidos. ¿Qué experiencias positivas cosechó en la cátedra universitaria?
Es fundamental entender que la escritura o la creación, en cualquiera de sus posibilidades, es siempre un medio. Pero, en realidad, uno vive alrededor de la palabra y en mi cátedra hablo de literatura hispanoamericana, de estudios culturales y civilización, de este mundo tan heterodoxo que es el idioma español y, a veces, algunas otras lenguas. Lo que trato de hacer es que toda mi actividad esté en torno a la palabra que comunica. La cátedra universitaria la ejercí en el sistema académico de Estados Unidos, en algún momento también di clase en Europa y acá en América Latina. Fui parte de la maestría en escritura creativa de la Universidad Nacional de Colombia, lo cual fue una experiencia que me permitió ir año tras año y estar en contacto con narradores, poetas y dramaturgos colombianos de primer nivel. Con este trabajo de docencia e investigación lo que hice fue estrechar los vínculos y las relaciones y la posibilidad también de que las verdades que se van encontrando por el camino se las pueda compartir, los mitos para crear.

—Hablemos de sus libros. Cuentista, poeta, novelista, ¿dónde se siente mejor o la literatura es única, pese a las vertientes de géneros que creamos en el imaginario y el estudio?
Bueno, siempre se habla de los géneros. La vedette, por decirlo de alguna manera, parece ser la narrativa y, en especial, la novela; pero esas son cuestiones de mercado porque los libros se compran, se venden y se leen. Entonces, la novela está en el centro de atención de la industria editorial. Pero yo creo que los géneros son simplemente taxonomías, divisiones para poder estudiar el fenómeno. En el fondo de toda creación literaria está la poesía y la poesía entendida como lo hacían los griegos: poiesis, esa creación a partir de la nada, a partir de la articulación del lenguaje. Cuando digo poiesis, quiero decir que toda obra narrativa tiene su núcleo en la poesía. Los géneros, por supuesto, sirven para entender las diferencias; pero en el centro siempre hay un núcleo poético. Gabriel García Márquez tituló su discurso de recepción del Nobel como homenaje a la poesía y ante ese gesto me parece que todos, cuando trabajamos en novela o en cuento, estamos haciendo un homenaje a esa creación primera que es la poesía.

Dos de las tres ediciones que ha tenido la novela Caras extrañas del autor, tanto en España como en Uruguay.

Dos de las tres ediciones que ha tenido la novela Caras extrañas del autor, tanto en España como en Uruguay.

—Su obra es muy prolífica. ¿Cuáles consideras sus títulos más destacados y que le han brindado mayores satisfacciones?
Me he sentido siempre muy cómodo en la novela y en la poesía. El cuento es un género superior porque es un género que reúne la esencialidad de cada palabra y, a su vez, todo ese vértigo que es narrar un acontecimiento. Hace poco se reeditó una novela mía que se llama Caras Extrañas, la cual evoca un suceso muy trágico que ocurrió en Uruguay hace más de 50 años, medio siglo ya, que es la toma de una ciudad cercana a Montevideo por un grupo guerrillero. La novela se reeditó con palabras de presentación de Gioconda Belli, una gran amiga, una escritora de referencia. Y hace también no mucho una novela que se llama El libro de la desobediencia. En los últimos tiempos, de poesía he publicado prácticamente un libro por año con presentaciones en España y algunos países de Latinoamérica. Un libro que me dio grandes satisfacciones en poesía tiene un título singular: Manual de poesía para resolver problemas domésticos (Animal sospechoso, 2024). Lo editó alguien que tiene un editorial que se llama Animal sospechoso, en Barcelona. Es un editor colombiano, Juan Pablo Roa, que hace muchos años está en Europa y que tiene esa singular editorial. ¿Y por qué menciono el Manual de poesía para resolver problemas domésticos? Porque muchas veces uno cree que la poesía es algo separado de la vida. Y la poesía sirve para entender la cotidianidad, desde cómo fijar un clavo en la pared, o cómo reparar una grieta en un muro, o qué hacer ante los caracoles que se comen las flores en los jardines. El libro se presentó en Madrid, Barcelona y otras diez ciudades españolas; es un libro que quise mencionar porque quiero mucho.

Antología invisible (2018) y Antología inventada (2020).

Antología invisible (2018) y Antología inventada (2020), dos variantes de un mismo título (en su edición española y su edición mexicana), compuesto por una recopilación de textos ficticios de otros poetas que constituye una de sus obras más apreciadas por la crítica literaria.

Otro de mis libros, Antología inventada (Fondo de Cultura Económica, 2020), fue traducido al inglés, al francés, al italiano, y está por aparecer la traducción al griego. Son poemas atribuidos a otros autores, aunque, en realidad, los escribí yo. Aparecen Rubén Darío, Jean-Paul Sartre. Un poema inédito de Donald Trump. Bueno, quiere decir con ello que en la poesía también hay lugar para el humor y para cierto tipo de juegos que tratan de celebrar la vida en medio de tanta adversidad.

—Cuéntenos un poco sobre los premios y reconocimientos que ha recibido. 
He tenido suerte. Sí, los premios siempre implican algo de suerte; pero también de voluntad para recorrer un camino. Y ese camino nada tiene que ver con el éxito o la supuesta gloria. Es un camino para llegar al corazón de los lectores. Se me otorgó el premio de la Fundación Loewe, en España, con un jurado que fue presidido por Octavio Paz, el premio Nobel mexicano. Tuve oportunidad a partir de eso de conocerlo y tratarlo. Fue un premio que me abrió muchas puertas. Después obtuve el premio Casa América de Poesía Americana en México con un jurado precedido por Juan Gelman, el cual después fue muy amigo y para mí un maestro. El premio Plural de Poesía. El premio Jaime Sabines también en México. El premio Blas de Otero en España (no refiere el Premio de Poesía José Lezama Lima que le fue otorgado por la Casa de las Américas en Cuba por su libro Tiranos temblad en el año 2013). Aunque se equivocan los narradores o poetas que consideran que los premios son la meta. Ya dije: Son parte del camino para llegar al lector. Por supuesto, hay otros caminos. Como también hay grandes poetas que admiro y que nunca lograron ningún premio y, sin embargo, calan muy profundo.

Antologías de Rafael Courtoisie

Distintas antologías de la obra poética de Courtoisie que han circulado en países como Colombia, Venezuela, Cuba, Puerto Rico y Ecuador, respectivamente.

—Teóricamente, ¿cómo mira o define el panorama literario de la América contemporánea?
El panorama latinoamericano, incluiría a España, a Iberoamérica en general, es heterodoxo. Hay muchísimas corrientes, muchísimos niveles de creación. A diferencia de este siglo, el siglo XX fue el de las vanguardias –el dadaísmo, el surrealismo– y de vanguardias específicamente latinoamericanas como el Creacionismo del chileno Vicente Huidobro o incluso la Antipoesía de Nicanor Parra. Por la década de los 60, en Colombia, apareció el Nadaísmo que constituyó otra vanguardia. Y, así, el siglo XX fue el de las vanguardias que fueron movimientos que trataron de decir su verdad de manera colectiva. El XXI, por su parte, es el siglo de la diversidad, a veces, de la individualidad. Ya no hay vanguardias en el sentido del siglo XX, sino que existen individualidades que configuran heterogeneidades y también cosas muy válidas poéticamente o desde un punto de vista narrativo. Y otras que son más sucedáneas y que tienen que ver más con la industria que con la creación pura.

—¿Nuevos proyectos literarios o periodísticos con que usted cuenta en este momento?
En el 2025, presenté en Madrid y otras ciudades de España un libro de ensayos que se llama Escrito sobre la peste. El ensayo es, digamos, una escritura reflexiva y creativa sobre lo que nos pasa. No está relacionado con lo que ocurrió a la humanidad: la pandemia de COVID 19. Tiene que ver con un fenómeno social que yo llamé peste, esa construcción dialéctica un poco perturbadora que se fue dando por las redes, por los medios de comunicación social, por el estado de vigilancia digital. Escrito sobre la peste es un libro que está andando en el mundo. Se está traduciendo al francés y al italiano. Probablemente aparezca también en inglés. Y eso, más que un proyecto, es una realidad. También estoy lentamente, pero con seguridad, tratando de avanzar en una novela, que es algo que lleva su tiempo en el sentido que escribir una novela es como acudir a un trabajo todos los días. Pueden ser cuatro horas o pueden ser ocho. Es un trabajo diario. Y mientras tanto, por supuesto, sigo adelante con mis cursos, con mis clases, siendo invitado como profesor a diversos países, no solo en América Latina o Estados Unidos. Últimamente han surgido invitaciones de lugares que yo no imaginaba. Hace poco me contactan de Irak, pues, en realidad, vivimos lo que Marshall McLuhan llamó la aldea global.

Novelas de Rafael Courtoisie publicadas en las últimas dos décadas y media.

Algunas de las novelas de Rafael Courtoisie publicadas en las últimas dos décadas y media: Tajos (2000), Santo remedio (2006), Goma de mascar (2008), El ombligo del cielo (2014), La novela del cuerpo (2015) y El libro de la desobediencia (2018).

—Ese consejo que se suele dar a los jóvenes para que lean, para que escriban en palabras de Rafael Courtoisie.
Yo a los jóvenes les digo crean en ustedes, crean en el corazón, en la inteligencia espiritual y emocional más que en la artificial. No me niego para nada a cualquier algoritmo. Lo que digo es que cuidado con aquello que nos convierte en inhumanos. La palabra es esencialmente humana. Usemos todos los instrumentos a nuestro alcance, pero cuidemos el corazón humano, la sensibilidad, el sentimiento.

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