«Donde nació mi batalla» y otros tres poemas inéditos de Bertony Louis

Bertony Louis (Delmas, 1994) es un poeta haitiano, cuya obra tiende puentes entre culturas, lenguas y continentes.

Ha tenido la suerte de recibir trece premios internacionales de poesía, entre ellos el Premio del Jurado Castello Di Duino Poesia 2020 en Italia y el tercer lugar del Premio Baros 2020 en España.

Es autor del poemario Recovering the Horizons (L’Appeau Strophe, 2022). Su carrera ha sido respaldada por varias becas y residencias, entre ellas el Programa Scholars at Risk de la Universidad de Harvard, el Fondo de Protección de Artistas de la Universidad de Glasgow, la Stiftung Künstlerdorf Schöppingen en Alemania y el Programa de Residencia de la Fundación Valparaíso en Mojácar (España). Actualmente es investigador en la Universidad Carnegie Mellon (2025-2027) y escritor residente en City of Asylum Pittsburgh (2025-2027).

Su trabajo ha aparecido en revistas como Harvard Review, y ha compartido sus escritos en lecturas y talleres en Europa, Norteamérica y el Caribe.

Actualmente trabaja en el proyecto de libro And the Ocean for Ink (Y el océano para la tinta), un poema largo que explora la relación entre el futuro de la humanidad y el océano, el cual estará compuesto en lengua inglesa.

Los poemas de Bertony Louis que compartimos a continuación pertenecen a su material inédito y fueron escritos originalmente en español.


Donde nació mi batalla

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De camino a casa,
deshojaba el sol para traerte
un fragmento de su luz. Pero tú me entregaste
un sacapuntas para guardarlo en mi mochila escolar.
El amor por ti era mi herencia.
Cuando te llevaba algunos de los caramelos
que tú misma me dabas, llamabas a eso un milagro,
y a mí, tu hijo hermoso.
Porque tu hambre nace
en tus entrañas, pero es en las mías
donde encuentra su forma.
Y esos días en que no podía comprarte nada
no alteraban el sentido del amor.
Como un buen hijo, hacía florecer
mis zapatos viejos,
colocando calcetines bajo sus suelas agrietadas
solo para verte reír.
¿Te acuerdas, mamá? La gente sabía
lo que me habías preparado para cenar
según la tierra pegada a mis pies.
Por eso quise que mi batalla terminara
donde empezó: en esta casa
donde antes era más seguro contener el aire
que apoyarse en esa puerta que daba a nuestra vida.
Pero hoy nuestro techo ya no nos recuerda
que esta noche habrá que dormir sin cenar.
Gracias a Dios.
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Inédito

El lenguaje que nunca hablamos

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Vi a mi padre comer
en una olla de acero inoxidable
en vez del plato de vidrio claro, y supe
que no había besado a mi madre al levantarse.
Esa es la venganza de amor que a él le gustaba:
al día siguiente, bastaba con agitar la mano
para obligarla a inventar otra cosa.
Aquí, el silencio es el significado de todo.
Cada gesto, cada conducta
guarda una historia que nadie tendrá reparos
en contarte.
Una cuchara en el baño es testigo
de mi hermano con una lata de cerveza en la mano
y anuncia que mi madre aún no ha pasado por allí.
Si tan solo conociera la lengua muda de las sillas,
sabría que ese día
aquella en la que nadie se sentó significaba
que mi tía faltaba en el patio.
Los arañazos en cualquier rincón dicen
que mi hermanita está intentando tallar sus sueños
incluso en el viento; pero los arañazos
en mi rostro, en nuestras fotos juntos, murmuran
que yo nunca fui uno de los que ellos amaron.
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Inédito

Más que un cuerpo

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Mi cuerpo grueso no era
un cuerpo grueso hasta que alguien dijo:
«eres demasiado grueso para ser amado, incluso por ti mismo».
La verdad es que mi corazón pesa más
que el resto de mi cuerpo entero
como ser humano—
no es metáfora. La gente diría:
«eso no te hace más dulce:
sigues siendo grueso».
Pero cada vez que abrazo a mi mujer,
ella puede sentir mi alma temblando de amor
porque no hay demasiada carne
que mantenga mis profundidades
demasiado lejos para que el calor de su cuerpo las alcance.
Mi cuerpo grueso no era
un gran cuerpo hasta que una mujer que me miraba
dijo:
«No te estoy mirando con mis ojos».
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Inédito

Times New Roman

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Para mi amiga Phara Alcis
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No sé si debo hablar
de mí o de ti.
Pero si tengo que hablar,
hablaré de los dos,
porque contigo es más
que amor y palabras lo que compartimos:
es vida y el sentido de la vida.
Me dijiste que entregas todo lo que hay
de sanador en ti,
para servir y ser digno de lo que es justo.
Quitaste la mano
del pestillo del mundo de tu corazón.
Tú, cuyo nombre está hecho de palabras amables.
Mi poema, no siempre agradable o bondadoso,
colocó una estrella junto a tu nombre
para justificar el amanecer
cuando nuestra alma se baña de sonrisas.
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Inédito

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