Cuerpos afilados por el tiempo. Poemas de Pablo Cabrera Ferralis

Escribe | José Salomon Gebhard


Navaja afilada por el viento (2024) de Pablo Cabrera Ferralis

Editorial: Valparaíso Ediciones (2024)
Nº de páginas: 72
ISBN: 978-84-10073-57-9
Autor: Pablo Cabrera Ferralis
Idioma original: Castellano


En un primer acercamiento, el libro Navaja afilada por el viento (Valparaíso Ediciones, 2024) de Pablo Cabrera Ferralis, se presenta como un conjunto de poemas que abordan temas cruciales en la experiencia poética, como el amor, la muerte, el paso del tiempo, el recuerdo y, por supuesto, el propio ejercicio de escritura, instancias que el autor recrea acertadamente como una suerte de anecdotario de las emociones, como un recuento de experiencias organizadas especialmente por dos criterios que proporcionan coherencia a la secuencia de poemas, la corporalidad como sustento y representación de toda experiencia vital y la ambigüedad como la forma inagotable, e inevitable, de percibir la vida.

En este sentido, la lectura atenta guiará al lector mediante estas dos pautas claras de interpretación textual, confiriendo un sentido unitario a la diversidad temática del libro. Por un lado, la corporalidad como criterio organizador de las experiencias de vida implica que todo suceso, que toda anécdota son representados a través del cuerpo como órgano que asume y refleja lo vivido. La vida es entendida como experimentación sensorial y sus anécdotas traducidas a signos corporales, a fin de expresar el sentido que el autor asume en su acontecer. El propio camino poético, como experiencia vital del autor, se inicia en «Dos centímetros» con la descripción de una levitación, la superación del peso corporal y la renuncia a la gravedad: «renuncié a la gravedad original». Como metáfora de la vida y ejercicio de escritura, el acto de levitar implica algo más que un despegue y un vuelo, el comienzo de algo, pues no puede dejar de leerse junto al acto de la renuncia explícita a toda gravedad, a toda pesadez del cuerpo. Ambas son experiencias sensoriales que enmarcan la evolución del poemario y definen la visión del autor sobre sus experiencias. Sin embargo, levitación y gravedad no son expuestos como momentos secuenciales, sino que a lo largo del texto se reitera la oposición y el conflicto entre ambas vivencias sensoriales, su existencia simultánea y en confrontación. El mismo poema inicial señala el oxímoron de «mis raíces colgantes» como forma de percibir la precariedad del arraigo, la inestabilidad del enraizamiento, para concluir, en uno de los últimos poemas, «quise echar orilla a mis raíces / para que se afirmaran / de un poco de tierra / que dejaran de nadar pasmadas / desorientadas, perdidas».

Existen en Navaja afilada por el viento varios indicios que permiten sostener la idea del cuerpo, de la experiencia de los sentidos, como claves de lectura. En «La primera adultez», el otoño se recrea como umbral de crecimiento cuyo cruce responde a una «seducción primitiva» que, como todo acto seductor, supone una experimentación a través de los sentidos. El encuentro con los otros es, asimismo, una experiencia corporal y que el autor no duda en manifestarla incluso con una suerte de texto instructivo, «Manual para dar la mano», que muestra todas las características y posibilidades de la extremidad corporal a fin de «soltar todo lo empuñado» y experimentar el acto del encuentro condensado en la experiencia corporal de las manos. A continuación de este poema, aparecen dos textos que reiteran el tema del encuentro, pero esta vez con el pasado y los recuerdos («Hace tanto que fue ayer» y «A veces los momentos se alejan»), poemas que persisten en la idea de un encuentro y de un desencuentro, de manos que no logran afirmarse (y por ello la necesidad de un manual), de un ayer lejano y de momentos que van y vienen. La percepción del tiempo, así, pertenece en este texto al ámbito de lo sensorial, en tanto acto irracional, ambiguo e irrepresentable: «Los momentos que hace tanto / Los momentos que me siguen dando / Los momentos que quién sabe cuándo» y, además, como un tiempo cuya concepción está fuera de toda lógica secuencial: «mordisquea fuerte y con diente / siempre primero el hueso que la piel». El poema «Tiempo carnívoro», al que pertenecen los versos recién citados, recoge también la expresión del transcurrir temporal mediante partes corporales resignificadas como signos de la destrucción indolente de Cronos devorando a sus hijos: pestañas lentas, saliva sabor amargo, huesos y piel con mordiscos. Finalmente, la percepción del tiempo, en su máxima lentitud y detalle, se aborda en el poema «Locomotoras», que describe la experiencia del insomnio como un transcurrir pausado, como una sucesión morosa de eventos, luces, giros, brillos, desfile de personas y palabras, en un discurrir que el poeta asemeja al devenir de «locomotoras de estrellas», experiencia sensorial que es por completo representada a través de manifestaciones corporales, en un abrir y cerrar de ojos, espalda, hombros, respiración y que constituyen los signos que traducen la experiencia del insomnio como un devenir del cuerpo.

No puedo dejar de mencionar el poema «Poesía cirugía», pues se establece como la poética que define la concepción del autor sobre su ejercicio de escritura y que, además, condensa varias de las ideas expuestas. Al responder la pregunta becqueriana «¿qué es la poesía?», este texto señala la noción de una navaja afilada por el viento, que corta la piel con precisión para ser suturada nuevamente, que escinde el pasado de las «viejas heridas» y el presente de las «nuevas palabras», un filo cuyo trabajo quirúrgico tanto hiere como sana, evidenciando la condición de ambigüedad de la escritura poética. La precisión y exactitud del filo de la navaja, del filo de la palabra poética, representan instantes puntuales de toda experiencia vital, que a lo largo del libro el autor reitera como el instante de un parpadeo, que puede ser oscuridad o lapso luminoso, un atardecer iluminado de sorpresa o la pausa después que cae el rayo, «ese instante cuando / un aroma detiene un recuerdo». El filo de la navaja y de la hoja de papel se parecen, porque ambos nos recuerdan que la existencia permanece en un límite, un filo sobre el que nos balanceamos, en el límite temporal pero también espacial, sentido que el autor desarrolla como experiencia sensorial en los límites del propio cuerpo.

Un mérito innegable de Navaja afilada por el viento consiste sin duda en hacer de la ambigüedad una operación recurrente y estable en la concepción de los poemas, en tanto no supone desdecir lo dicho o contradecirse sino, por el contrario, lo ambiguo en el decir poético de Pablo Cabrera Ferralis reafirma su perspectiva vital como experiencia sensorial. Las formas de la experiencia, en su disposición ambigua y transitoria, adquieren su síntesis comprensiva en el último texto del libro, «Hogar líquido», donde el autor pareciera asumir y aceptar la condición líquida de la vida, según la noción acuñada por Zygmunt Bauman para referirse a la fragilidad e inestabilidad de la sociedad actual. Un hogar líquido es un hogar sin sitio fijo, trashumante (como dato biográfico, el autor reside en el extranjero, en «topografías remotas»), con raíces colgantes que no se arraigan, momentos líquidos que van y vienen, cuerpos cuyos límites se difuminan en la liquidez de toda experiencia de vida. En este sentido, podemos afirmar que la escritura de Pablo Cabrera, su visión poética con toda su intencionada ambigüedad, hacen de la suya una poesía líquida.

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