Sergio Navarro: «La lucha por el vuelo»

Soy Sergio Navarro Ramírez. Nací en Marbella en 1992 y durante 18 años he vivido allí, hasta que fui a estudiar Filología Hispánica y Comunicación Audiovisual a la Universidad de Navarra. Tras completar estos grados, tuve la oportunidad de cursar un máster en Literatura Comparada en la Universidad de Cambridge. Este año, resido como becario en la Fundación Antonio Gala, donde dedico todo mi tiempo y esfuerzo a escribir un nuevo poemario. Mi vocación literaria es fundamentalmente poética. He tenido la suerte de ganar premios como el “VII y VIII premio de poesía Diego Jesús Jiménez”, “XV Premio de poesía Miguel Fernández”, el “Premio de poesía Universidad de Navarra” y el 2º premio de “XXXVII Certamen Literario María Agustina”. En 2015, vi publicado mi primer poemario, Telarañas, que recibió el premio Emilio Alfaro Hardisson de Poesía. Mi segundo libro, La lucha por el vuelo, ganador de la 70ª edición del Premio Adonais, aparecerá publicado por la editorial Rialp en algún momento de 2017.


Amonites

En las manos invierna el amonites.
Aún no ha llegado su resurrección,
la que espera al final de su letargo,
aquella que, con fe de mártir, quiso
cuando se hundió en el lecho del océano.
Su postura parece la de un sueño,
acurrucado sobre sí, durmiendo
hasta que los inviernos de este mundo
cesen. Quizá despierte bajo el roce
de una mirada calurosa, amable,
que conozca su nombre y su destino.
Pero queda varado ante los ojos
de un poeta que ignora la respuesta
a la pregunta de su cuerpo, echado
a una orilla desierta como un tronco
podrido o el cadáver de algún pez,
a las manos de un dios que desconoce
cómo resucitarlo.


Pertenencias

Camino solo por la playa, mientras
desentierran los últimos turistas
sus sombrillas. La luz del chiringuito
y una chispeante música lejana
les llaman al paseo junto al puerto.
Anochece, y no hay nadie que anochezca
junto al mar, que no cesa en su constante
amor y nos regala, aún siendo tarde,
la espumosa frescura de sus olas
en esta noche sofocante y grávida.
Besa mis pies desnudos y arenosos
una lánguida ola y llega como
si hubiese recorrido mil kilómetros
-¿de qué oscuro rincón del mundo viene?-.
Pero alcanza a morir hoy a mi cuerpo
solitario en la playa, convertido
en lugar santo de peregrinaje,
en cementerio deseado. Tenue,
una felicidad me invade: sé
que en una noche de este mundo una ola
fue solo mía.
.                       Y mientras me paseo
por la arena descalzo, voy dejando
mis huellas en la tierra recién húmeda,
a la que doy la forma de mis pasos,
como sólo mi cuerpo puede darla.
Ya esta comarca no ha de serme ajena.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *