Los periplos griegos: De instrumento de navegación a narración de ficción

Escribe | Mikel López Aurrecoechea


Artículo publicado originalmente en Témpora Magazine el 18 de febrero de 2014.


En el mundo antiguo la navegación fue algo fundamental. Pueblos como el griego o el fenicio destacaron por vivir ligados al mar, siendo muy importante tanto en su cultura como en su economía.

Los griegos comenzaron a navegar en el Egeo, donde la navegación de isla en isla posibilitó que con medios muy rudimentarios se consiguiera llegar a la costa de Jonia, en la actual Turquía, y no se tardaría en salir a otros mares como el Mediterráneo, el Mar Negro e incluso el Atlántico.

Para estos pueblos navegar significaba prosperar. Pueblos como el minoico consiguieron imponerse a sus contemporáneos gracias al control del mar y de las rutas comerciales (la talasocracia). Posteriormente las poleis griegas llevarían a cabo una serie de colonizaciones que extenderían su cultura por todo el Mediterráneo y, aunque se realizaron por razones muy distintas, acabarían por coincidir en gran prosperidad económica, puesto que la difusión cultural incluía la apertura de nuevos y fructíferos mercados. Como vemos, las naves griegas eran portadoras de la cultura, pero sobre todo de productos comerciales y personas.

Ejemplo de embarcaciones griegas de 540 a.C, una militar a la izquierda y una mercante la derecha. Fuente. 

Pongámonos por un momento en la situación de una embarcación que parte hacia donde nadie de su comunidad ha ido nunca, sin saber que va a encontrar en el camino y sin saber del todo que dirección seguir. A día de hoy tenemos sistemas de posicionamiento global, cartas náuticas de precisión y un sistema de meridianos y paralelos que te permiten situar una nave en la infinidad del mar. Sin embargo el kubernetes (timonel de una embarcación griega) solo disponía de la posición del Sol, que le permitía establecer los puntos cardinales y los vientos procedentes de cada uno de ellos. Con unos medios tan básicos a los griegos no les quedaba otra opción que llevar a cabo una navegación de cabotaje, siguiendo la línea de la costa y sortear cabo tras cabo. Lo más usual era la navegación diurna, parando en la costa para pasar la noche y reponer agua y comida.

Pero, ¿cómo hacían los griegos para establecer rutas comerciales y realizar largos viajes sin extraviarse en el proceso?; ¿Cómo hacían para volver y saber el rumbo que habían seguido? La respuesta la encontramos en los periplos. Estos no eran instrumentos físicos como la brújula o el astrolabio, eran una simple narración oral o escrita que consistía en una enumeración de los accidentes geográficos más destacables que se pasaban durante la navegación, unido al rumbo que se seguía y las jornadas de viaje que distaban entre ellos. A día de hoy serían similares a los diarios de bitácora de las embarcaciones modernas o a los derroteros, aunque de un modo muy rudimentario. En ellos se añadían también sitios de interés o lugares a evitar, como bajos y peligrosos fondos, la existencia de poblaciones en las costas, ya fueran pacíficas con las que poder comerciar o belicosas a las que esquivar, puntos de aguada o bahías seguras donde poder resguardarse de temporales. Estos periplos permitían ya no sólo poder realizar un camino de regreso más seguro, sino compartir la ruta seguida a otras embarcaciones para que la realizaran en viajes posteriores, estableciendo auténticas vías comerciales a través de narraciones simples y escuetas.

Los primeros ejemplos de periplos los podemos encontrar en las primeras obras occidentales. En la Ilíada se narra el viaje de Hera desde el Olimpo a la Tríade. Curiosamente, aunque la diosa lo realiza volando, el recorrido es el mismo que se realizaría en una embarcación, realizando un recorrido sinuoso y no en línea recta, llegando incluso a evitar el peligroso paso de Athos (Jerjes realizaría un canal en el istmo para evitarlo, ya que su padre perdió 300 naves en ese cabo). Otro periplo arcaico lo encontramos en el himno homérico a Apolo, describiéndonos el recorrido de unos marineros cretenses que bordean el Peloponeso hasta llegar a Crisa para dirigirse a Delfos.

Vemos como los periplos hunden sus raíces en lo más profundo de la historia, siendo algo factible que antes de la escritura ya se realizaran en forma de tradición oral para señalar las rutas de navegación, siendo plasmados tanto en la Ilíada y en la Odisea como la forma más común de indicar una ruta marítima.

Como ejemplo de la estructura de estos periplos podemos ver este fragmento del himno homérico citado, aunque debemos de recalcar que este texto únicamente se conservan trazas del periplo original, nos puede servir para ver la forma de enumeración consecutiva de elementos geográficos, en este caso ciudades, con los cuales se formaban estos textos en época arcaica:

‹‹…Y así, prosiguiendo su rumbo, llegó a Arena, y a la agradable Argífea, y a Trío vado del Alfeo, y a la bien edificada Epi, y a la arenosa Pilos; pasó a lo largo de Crunos y Calcis, a lo largo de Dima, y a lo largo de la Elide, donde dominan los epeos…›› (Himno Homérico a Apolo, 388-440)

Pero estas narraciones tan útiles para los marinos no tardarían en caer en la literatura, mezclándose con aspectos que aparecían en la mitología o simplemente con la mera ficción. Los marinos comenzarían a introducir una serie de elementos que hicieran el periplo más atractivo para sus contemporáneos, y porque no decirlo, que hiciera más singular y de mayor prestigio el viaje que habían llevado a cabo. Comenzarán de este modo a ser obras de consumo popular, donde el escritor podrá mostrar un territorio desconocido y exótico, con animales en muchos casos fantásticos, o tribus de extraños comportamientos y apariencias. Incluso intentaran dotar estos elementos de veracidad, añadiendo explicaciones o apoyándose en textos anteriores.

Como ejemplo de la evolución de los periplos a narraciones literarias tenemos el viaje de Nearco. Este marino cretense fue almirante de Alejandro Magno y gozó no solo de un gran prestigio como navegante, sino que participó en heroicas acciones que le llevaron a mandar la escuadra del gran rey macedonio. Sería al mando de esta flota y por orden de Alejandro como llevaría a cabo su viaje de exploración, recorriendo desde la desembocadura del río Indo hasta la del Éufrates durante el último tercio del s. IV a.C. Aunque su obra no se ha conservado totalmente, Arriano de Nicomedia copia gran parte de esta al final de su ‹‹Libro VIII››, el cual dedica a la India. Otro autor que emplea la obra de Nearco será Estrabón, quien se apoyará en los textos del almirante cretense para hablar de la India en su obra Geografía. Estos dos autores nos permiten acercarnos a la obra original, pero Nearco, tal vez con la intención de asombrar a Alejandro, llevó a cabo la redacción de su periplo con pretensiones literarias. Haría que la monótona narración de jornadas de viaje y accidentes geográficos fuera más llamativa al introducir una serie de pormenores ocurridos durante el viaje y elementos maravillosos. Si algunos seres serán totalmente ficticios, como las hormigas que custodiaban un tesoro de oro, otros serán animales reales pero de carácter fantástico a ojos de los griegos; en este caso tenemos la descripción de animales de coloridos plumajes capaces de articular palabras, los loros; o animales de una fiereza incalculable, como los tigres, seres que sin duda sorprendieron a los navegantes griegos al parar en las cosas selváticas de Asia.

Heródoto

Representación de la ecúmene según Heródoto s.V a.C. Fuente. 

No obstante, como tónica general, se puede apreciar que las narraciones que provienen de los confines son modificadas casi por sistema. Los confines, las tierras fuera de la ecúmene (el mundo conocido por los griegos), serán el teatro perfecto para introducir elementos exóticos y surrealistas. Este aspecto no es algo característico del mundo antiguo, puesto que durante toda la historia las zonas desconocidas y lejanas son aliñadas con este tipo de leyendas, en muchos casos surgidos de aspectos reales modificados por las primeras personas que llegaron. Incluso actualmente tenemos nuestra propia ecúmene, siendo fuera de nuestra atmósfera terrestre donde la ficción encuentra su lugar preferente a día de hoy.

Vemos de este modo como el periplo excede la mera herramienta de navegación, dándole al navegante la oportunidad de ponerse a la altura del mítico Jasón y haciendo ver no solo el gran recorrido que ha realizado, sino todo lo fabuloso que ha podido encontrar en el camino. Será el periplo el canal perfecto, únicamente haciéndolo más atractivo y ameno introduciendo elementos más elaborados de lo necesario; y lo más importante, jugando con la falta de conocimiento de su auditorio, el cual tomará por real la historia, tal vez por desconocimiento, o tal vez porque a todos nos gusta una buena historia sobre algo desconocido.


Bibliografía|

GÓMEZ ESPELOSÍN, F. JAVIER, “El descubrimiento del mundo, geografía y viajeros en la antigua Grecia“, Madrid: Akal, 2000.

LE CARRER, OLIVIER,”Océanos de papel” Barcelona: Editorial Juventud S.A. 2006.

PÉREZ MOLINA, MIGUEL E.; GUZMÁN ARIAS, CARMEN, “Alejandro Magno: Asuntos científicos“; Universidad de Murcia, 1999.

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